Documenta Madrid 2015: Crónica 2

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Game Over

Segunda crónica de Documenta Madrid. Somos lo que somos.

La violencia, las guerras y la sensación de no poder escapar a lo que uno es por las circunstancias en las que se ha educado, han sido la tónica argumental de las películas que hemos visto en la segunda jornada de Documenta Madrid. Una jornada que nos ha dejado pocos momentos cinematográficos para el recuerdo (bueno) y muchos para querer olvidar.

El primer documental del día, Game Over, forma parte de la sección Panorama del documental español. Una película que ya pasó por el Festival de Málaga de este año y que recoge la vida de un joven obsesionado por las armas de fuego y la guerra. Djalal es un chico de 25 años que es lo que es debido, según el film, a una educación basada en obtener todo lo que quiso de unos padres que sólo le compraban juguetes bélicos y que actualmente viven separados. Djalal ni estudia ni trabaja, no sabe ni quiere saber nada acerca de las responsabilidades que tiene la vida adulta y sólo le preocupa su reputación en las redes sociales como experto en Airsoft y tener junto a él a su novia florero. Se alista en el ejército para ir a Afganistán pero lejos de volver con un trauma como los que vimos en los hombres de Of men and war, considera la guerra un aburrimiento muy lejos de la acción que esperaba encontrar y que consigue con su mundo irreal en Internet. La propuesta de la directora Alba Sotorra a priori cuenta con el interés que suscita el seguir a una persona que supedita la vida a lo que uno es en las redes sociales, pero el caso es que la puesta en escena y un gran trabajo técnico con los que muestra lo absurdo de vivir siempre bajo una pose, no consiguen que realmente su vida y la de su entorno llegue a interesarnos lo más mínimo.

The seventh fire

The seventh fire

Kevin también es lo que es por la forma en que ha sido educado; por un entorno en el que desde que era un bebé ha estado rodeado de drogas y de violencia por todas partes. Pertenece a una de las tribus indias que habitan en la reserva de White Earth en Minessota y que, lejos de seguir las tradiciones de sus antepasados, están creando unas nuevas que consisten en vivir del mundo de la droga y la delincuencia para convertirse en los gangsters más poderosos de la zona. The seventh fire cuenta como productores ejecutivos con Terrence Malick o Natalie Portman entre otros, que apoyaron el proyecto del director Jack Pettibone Riccobono de filmar durante dos años la vida en la pequeña comunidad de Pine Point centrándose sobre todo en Kevin y en el jefe de la banda a la que aquel quiere pertenecer. El problema de la película de Riccobono es que en 76 minutos intenta por un lado contar la última semana de libertad de Rob antes de volver a la cárcel donde pasará 57 meses; por otro lado la conversión de Kevin de mero intermediario entre camellos y clientes a gran jefe de la mafia de la droga en la reserva, y por otro plasmar esos dos años con situaciones puntuales en la comunidad con lo que consigue una narración extremadamente irregular con la que pasa de contarnos días enteros en la vida de alguno de ellos a elipsis y saltos continuos hacia delante en el tiempo que lo único que consiguen es sumirnos en una incoherencia absoluta. Y además aburrida.

Tell the spring not to come this year

Tell spring not to come this year

Al igual que The seventh fire, por la Berlinale también pasó Tell spring not to come this year, la última película del día, que nos vuelve a trasladar a Afganistán en el momento en el que las tropas de la OTAN abandonan el país y dejan al ejército afgano solo en su lucha contra los talibanes. Siguiendo a uno de los soldados que se alistan para defender a su país de la amenaza de aquellos, los directores Saeed Taji Farouky y Michael McEvoy se introducen de lleno en las trincheras y en la mente de los soldados que ven cómo cada vez se encuentran más desamparados por parte de la comunidad internacional, cuyos intereses son muy distintos a los de la población afgana que lucha por sus derechos. Es algo curioso lo que sucede con Tell spring not to come this year, ya que a la sensación de fragilidad de esta lucha y a las enormes escenas que la cámara recoge en pleno campo de batalla, aún a riesgo de perder su propia vida en los enfrentamientos, se le unen otras en las que se recrea excesivamente en el sufrimiento de los heridos o en las que deja que los soldados miren posando a cámara en un acto reiterativo de mostrarnos el lado humano de la guerra. Dicho lo cual, acabamos el día con un regusto agridulce por haber visto una película que tiene momentos muy brillantes pero otros con los que su pornografía emocional consigue incomodar bastante.

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