Documenta Madrid 2015: Crónica 1

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Primera crónica de Documenta Madrid 2015. De relaciones y despedidas.

Con la duodécima edición de Documenta Madrid, nuestro mes del documental se alarga hasta casi el 40 de mayo abril, por aquello de no quitarnos todavía ese sayo que tanto nos ha abrigado y nos ha satisfecho como es el descubrir (y descubríos) la grandeza que reside en un género al que todavía algunos se resisten a considerar cinematográfico. El cine de la no ficción, de la narración de lo real, vive momentos de experimentación con el lenguaje cinematográfico en los cuales la eterna (e innecesaria) pregunta que es “¿es un documental o una película?”, se vuelve más superflua que nunca.

Precisamente en esa extraña disyuntiva se encontraría la primera película que hemos visto y que fue la que inauguró esta edición de Documenta Madrid. Chante ton bac d’abord centra la mirada en un grupo de adolescentes que está a punto de dejar para siempre la infancia y entrar en el mundo de los adultos. No se trata de una realidad social con un peso excesivamente dramático, no son chicos marginales ni provienen de un entorno desestructurado, son jóvenes estudiantes a los que les llega el momento trascendental de plantearse las preguntas que pueden condicionar su futuro. Las dudas entre lo que se quiere y lo que se debe estudiar para, bien, perseguir sus sueños o asegurarse una profesión que les asegure un bienestar económico, la consciencia de saber que el primer amor a veces no es compatible con el mundo adulto que está por llegar, y el apoyo en mayor o menor medida de su entorno familiar, son las cuestiones que el director David André recoge en una película en la que combina la habitual presentación de los personajes contando su vida y sus preocupaciones a cámara con el formato de musical. Chante ton bac d’abord consigue así ese híbrido entre dos narraciones a priori opuestas, la de la plasmación escrupulosa de la realidad y la de la historia guionizada a golpe de canción, perfectamente ensambladas sin que ninguna de las dos predomine por encima de la otra. Un estupendo comienzo de Documenta Madrid, sin duda.

Chante ton bac d'abord

Chante ton bac d’abord

Como si ese mismo grupo de amigos del instituto se tratara, La once recoge el testigo de las amistades que se forjan en los años de adolescencia y que continúan hasta el final de sus días. La directora chilena Maite Alberdi contó en la presentación de su película que quiso recoger la tradición de su abuela de tomar la once (una especie de hora del té y merienda copiosa habitual en su país) con su grupo de amigas de la infancia una vez al mes durante todos los meses de su larga vida. Durante cinco años estuvo grabando estas reuniones en las que las mujeres comienzan santiguándose y dando gracias a Dios por poder seguir compartiendo su vida con sus amigas, y entre risas y canciones van hablando de sus recuerdos, de las personas que ya no están, de la actualidad y de las preocupaciones lógicas de su edad. De manera repetitiva, Alberdi va recogiendo las reuniones año tras año con la misma estructura: una fotografía del grupo (cada vez más pequeño), la preparación de la mesa, la oración y el diálogo, con una predominancia del primer plano y sobre todo del plano detalle de absolutamente todo lo que forma parte de esa mesa y de sus comensales. La once es una película amable, muy divertida en muchas ocasiones por las ocurrencias de las mujeres (más tarde supimos que en algunos momentos guionizadas), pero a la que se le nota demasiado la manipulación del montaje para lograr la emoción del espectador. Las carcajadas y las expresiones de compasión de la sala durante su proyección, hacen presagiar que hemos visto la que será ganadora del premio del público. Al tiempo.

La once

La once

Durante otros cinco años estuvo rodando también Laurent Bécue-Renard la segunda parte de una trilogía que habla sobre las consecuencias de la guerra en las personas, Of men and war. Si en la primera, Vivre après – paroles de femme, Bécue-Renard recogía las declaraciones de las mujeres que vivieron la guerra de Bosnia, ya fuera desde el frente o en casa esperando a que sus hombres volvieran de él, en Of men and war se traslada a una residencia para veteranos de Estados Unidos para seguir el proceso de adaptación de los hombres que vuelven de la guerra con trastorno por estrés postraumático. A través de los testimonios de estos hombres en el grupo de terapia y de sus comportamientos con sus respectivas familias tanto antes como después de la misma, vamos conociendo no sólo las aterradoras historias que se viven en la guerra como las, no menos aterradoras, consecuencias que éstas dejan en la mente de los soldados. Los dilemas morales dentro y fuera del campo de batalla, la incomprensión lógica de quienes no los han vivido al llegar al hogar, el tomar consciencia de haber matado no a un enemigo sino al padre de alguien, al marido de alguien, al hijo de alguien, estremecen en una película que acusa su larguísima duración, 142 minutos, y que acaba por resultar algo reiterativa en su parte final. Aún así, se trata de un documento tremendamente interesante que podría muy bien ser una suerte de corolario a El francotirador de Clint Eastwood.

Of men and war

Of men and war

Tres películas en las que las relaciones entre los miembros de unos grupos formados por la amistad, el tiempo y las circunstancias han sido las protagonistas del día de hoy en la sección oficial de largometrajes de Documenta Madrid. En la próxima crónica os hablaremos también de alguna de las secciones paralelas del festival que, como ya os adelantamos, este año vienen con más fuerza que nunca.

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