Críticas: No todo es vigilia

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Dedicamos dos reseñas al retrato de la vejez de Hermes Paralluelo.

No todo es vigilia - Cinema ad hoc

Por Sergio de Benito:

En los primeros instantes de No todo es vigilia, una anciana pareja diserta en el ascensor de un hospital sobre la conveniencia de pasar sus últimos días en una residencia en lugar de hacerlo en el calor de la tierra natal. La penumbra del escenario, gélido y oscuro, parece anticipar el relato del final de su vida; pero pronto observamos cómo se convierte en parte insoslayable de la profunda y parsimoniosa cadencia visual que sirve al director para sumergirnos en un retrato cotidiano, el de dos personajes centrales que sentimos familiares en todo momento: no obstante, Antonio y Felisa son los abuelos del cineasta.

Desde ese acto inicial, a través de sostenidos planos fijos y continuas repeticiones –el citado ascensor, Antonio en la camilla–, el director Hermes Paralluelo parece situar a ambos en un escenario espectral, prácticamente una antesala de la muerte, que brinda imágenes tan inquietantes como la extraída de la sala de espera. Él atraviesa las etapas de la rutina médica mientras ella recorre sin rumbo los desérticos pasillos del centro sanitario, representado sin que un solo trabajador aparezca retratado de forma directa en un campo visual que les pertenece.

Cuando se produce la ruptura, a través de unas sutiles panorámicas del paisaje nevado, la acción pasa a otro interior de naturaleza distinta pero tratamiento fotográfico igualmente destacado. Es la casa de su pueblo turolense, donde los días de ambos transcurren en una implícita distancia que requiere, por un lado, de unos travellings entre habitaciones que quiebran el estatismo reinante; y por otro, de un manejo de los sonidos diegéticos que se convierte en una más de las claves del conjunto. En su exigua iluminación, que procede en esencia del exterior, las reiteraciones vuelven a cobrar protagonismo: se trata de plasmar esos largos días postreros en los que ya no existe mayor estímulo que la presencia del otro y el peso de lo vivido sale inevitablemente a flote.

Paralluelo logra poner en pie una obra en la que la aparente sencillez no está reñida con un planteamiento cinematográfico férreo, cuyo encomiable uso de las herramientas técnicas para servir a la narrativa, prescindiendo de engolados, revela también una profunda comprensión de la humanidad de los seres que refleja. No todo es vigilia es una película desnuda y sentida, que nos sitúa tras los pasos de un joven cineasta dotado de una sensibilidad que ya le coloca como nombre a seguir.

No todo es vigilia (2) - Cinema ad hoc

Por Pablo Vázquez Pérez:

Hay momentos en No todo es vigilia con escenas que representan largas esperas entre las salas, consultorios y pasillos del hospital. Zonas sanitarias y frías en las que Antonio y Felisa dialogan, monologan, se escuchan y cuentan sus vivencias a profesionales de la medicina. Sus voces, más las de algún otro paciente, son tal vez las únicas con una textura humana y cálida entre el caos sonoro, ese ambiente que resuena amalgamando timbres de ascensores, ruedas de camillas al ser empujadas, avisos por megafonía, sonidos provenientes de radios, televisores y los lamentos de los enfermos. Ese rumor continuo que impide el sueño en las estancias hospitalarias. Un ruido de fondo que desaparece cuando la pareja regresa al hogar y allí solo escuchamos sus pasos, sus ronquidos, la leche al hervir o el repartidor que vende alimentos con su furgoneta. Y, de nuevo, las voces de Felisa y Antonio.

No todo es vigilia propone una crónica acerca de la convivencia entre dos personas mayores, una trayectoria de la que vemos la punta del iceberg, aunque intuimos unas vidas plenas a través de sus identidades, el equipaje vital al que se aferran apoyados los dos, hombro con hombro, sin pedir ayuda ni asilo en alguna residencia de ancianos. Una motivación lógica para mantener su relación y sus ganas de vivir.

Hermes Paralluelo, autor de Yatasto y el cortometraje Pan de azúcar, dirige su segundo largometraje, rompiendo con la inmediatez y tono directo del documental, para trabajar de la misma forma que si estuviera rodando una película de ficción, con una puesta en escena muy elaborada en los encuadres, los movimientos de cámara, las transiciones y la fuerza de la iluminación. Sumado este estilo visual a planos muy expresivos, como el de Antonio somnoliento y medicado en la habitación del hospital. Respeta también el desarrollo de lo que sucede en pantalla. Con un ritmo más dinámico, cómico en ocasiones, durante la primera parte ubicada en el recinto hospitalario. O más cercano a las actividades del matrimonio en el regreso a su hogar, de tono más pausado y acorde a sus pulsaciones.

Sin embargo, una vez que nos encontramos cautivados por esta narración cinematográfica, el director todavía nos ofrece sorpresas capaces de trascender sobre este tratamiento local e íntimo de la vejez en pareja y consigue llegar a ideas más universales acerca del tiempo y la suerte de seguir vivos.

No todo es vigilia (3) - Cinema ad hoc

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