Críticas: Lazos de sangre

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Lazos de sangre

Canet goes west

En una de las escenas finales de Lazos de sangre (no, no vamos a hacer ningún spoiler) hay una persecución que parece no tener fin. No porque haya numerosos obstáculos en el camino de perseguidos y perseguidores, sino porque parecen ser estos últimos los que ralenticen su carrera para no alcanzar su fin de una manera lógica y en un tiempo razonable. Esta escena podría ser fácilmente un buen resumen de lo que Guillaume Canet ha realizado con la historia que él mismo protagonizó en 2008 a las órdenes de Jacques Maillot y que ahora adapta junto a James Grey. Canet añade 38 minutos más a un argumento ya de por sí carente de originalidad para dar vueltas sobre los mismos tópicos del género policiaco con traumas familiares, sin conseguir llegar a un punto en el que la historia nos sorprenda mínimamente o al menos siga una línea argumental coherente.

Lazos de sangre 2

Lazos de sangre cuenta cómo la rivalidad entre dos hermanos, cuyas vidas han sido marcadas por su padre de distintas maneras, uno siguiendo sus pasos al convertirse en gángster y el otro tratando de abandonar esa vida haciéndose policía, pesa sobre la voluntad de reconciliar sus posturas. Frank, el policía, se siente con el deber de ayudar a su hermano Chris a rehabilitarse tras salir de la cárcel, acogiéndole en su casa y ayudándole a conseguir un trabajo. Chris, por su parte, fracasa en el intento de llevar una vida honrada para la que no está hecho y que considera parte de la caridad culpable de su hermano, aceptando de nuevo formar parte de un último golpe con el que conseguir el dinero suficiente para pagar sus deudas. Un argumento compuesto por varias tramas demasiado habituales en el cine de gángsters, que Canet no sabe aprovechar ni encajar de manera que consiga que el resultado final sea un conjunto compacto.

Si la acción “gangsteril” peca de no poseer la fuerza suficiente para mantener el interés, amén de contar como protagonista principal de la misma con un Clive Owen que parece no saber qué le toca hacer en cada momento, el drama fraterno-moral interno que vive el personaje de Billy Crudup se pierde en una extremada introspección de su intensidad dramática. Tan introspectiva que hay momentos en los que su rostro no nos expresa absolutamente nada. El problema de Canet es que pretende con Lazos de sangre recuperar el espíritu del cine policiaco americano de los setenta, cosa que en cuestión de diseño de producción y el tono narrativo es capaz de conseguir, pero añadiendo el dramatismo en las relaciones entre los personajes que, su aquí coguionista, James Gray aporta a sus obras. Y es esto último lo que falla de raíz en la película del francés, que traslada todo el peso del guion a la intensidad dramática de unos personajes cuya descripción no sabe definir más allá de los estereotipos. Así, el thriller policiaco acaba por ser devorado por un dramatismo familiar que se queda siempre en clichés caprichosos que no justifican por sí mismos el desarrollo de la historia.

Lazos de sangre 3

La primera incursión en el cine norteamericano de Canet, se resuelve pues de una manera frágil e imperfecta. Atrás queda su capacidad para desarrollar un thriller intenso y sugerente como hiciera en No se lo digas a nadie, o para conseguir una definición de personajes tan minuciosa como en Pequeñas mentiras sin importancia. Lazos de sangre se queda muy a las puertas tanto de una como de otra aun, sospechamos, teniendo más ambiciones que aquellas. Probablemente sin esos 38 minutos de más hubiera conseguido al menos ofrecer un entretenimiento dentro de la confusión de géneros que soporta. Así, el entretenimiento brilla por su ausencia dejando paso a la mayor de las indiferencias.

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