Críticas: A cambio de nada

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A cambio de nada critica 1

Cine social de entretenimiento

A veces resulta complicado que una obra que invita a reflexionar al público resulte entretenida. En otras ocasiones, lo complejo es que una película cuyo fin principal sea el de entretener al espectador acabe por abrirle las puertas de la meditación y que éste trate de inmiscuirse en la ardua tarea de encontrar un enfoque propio de lo mostrado en pantalla. El éxito del madrileño Daniel Guzmán con su ópera prima gestada durante diez años desde que la idea nació en su cabeza hasta el estreno y victoria en el pasado Festival de Málaga, donde literalmente arrasó, consiste en saber encontrar un equilibrio sincero, coherente y veraz entre ambas facetas por las que se mueve su filme, dejándonos como resultado una de las cintas españolas del año en la que coincidirán tanto el gusto de los críticos como el de los espectadores.

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La localización de la historia narrada en el extrarradio madrileño, en Carabanchel, barrio natal del joven Guzmán, quien rememora sus historias de juventud en una película de la cual no reniega introducir muchos aspectos autobiográficos, y a la vez que los personajes principales de éste son dos adolescentes perdidos en la vida, nos puede evocar a Barrio (1998) de Fernando León de Aranoa, sin embargo, hemos de ser conscientes de que aunque compartan similitudes temáticas, A cambio de nada se encuentra en un contexto muy diferente, centrándose más en las vivencias personales del propio director que no buscando una intencionada reacción social abofeteando a su público con la dura realidad.

El estilo de Guzmán se hace cercano y directo, buscando sobre todo explotar el potencial de los actores. Su carrera como actor resulta pues una experiencia primordial a la hora de enfocar su primer largometraje desde detrás de las cámaras. En una película de estas características, el cásting resulta primordial a la hora de consolidar su éxito. La elección no puede ser más acertad gracias al joven Miguel Herrán, quien se transforma literalmente en pantalla en el alter ego adolescente del propio Daniel Guzmán, siempre acompañado del certero y vivaz Antonio Bachiller. Y si ambos actores noveles destacan y consiguen irradiar realismo a la historia relatada, no contrasta para nada ver al reputadísimo Luis Tosar en pequeñas apariciones estelares donde encarna a un malhumorado padre que consigue contener la respiración del espectador motivado por la veracidad que infunde a su corto y sin embargo esencial personaje.

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A cambio de nada trata de acercarnos a las desventuras del joven Darío y su amigo Luismi, quienes se ven sumergidos en los designios de una vida dura ambientada en un entorno hostil. El extrarradio de la ciudad se fusiona y se contrasta con los puntos más emblemáticos de Madrid, pero siempre primando los personajes por encima de cualquier paisaje. La película no trata tanto de radiografiar la ciudad madrileña como de inundar de verdad al relato con las vivencias del joven protagonista. Es cierto que se valdrá de algunos deus ex machina para mover su entretenida trama, pero con lo que el espectador se puede quedar es con unas problemáticas de fondo que invitan a cavilar, gracias al ejercicio que ofrece poder empatizar desde primer momento con el carismático Miguel Herrán, en cómo y por qué Dario ha llegado a vivir las experiencias con las que se ha encontrado. Y es que parece que su desorientación viene acontecida por vivir en una familia desestructurada, en la que tanto su padre como su madre le quieren utilizar para dañar al otro progenitor. La educación pública no puede hacerse cargo de los problemas que se gestan desde el entorno doméstico. Como consecuencia de todo esto, Dario, quien no alberga sentimientos negativos ni mezquinos en su corazón, se verá perdido en la búsqueda de referentes paternos, con tan mala fortuna de encontrar tan sólo inadaptados sociales que, como si fueran una proyección de él mismo llevando esa vida solitaria y sin restricciones hasta su edad adulta, sin esconder tampoco ningún atisbo de maldad, no pueden evitar moverse por el ámbito de la delincuencia y la ilegalidad. Sin embargo, Dario, aunque viéndose obligado a madurar demasiado rápido y a buscarse la vida valiéndose de la picaresca española, deberá lidiar con problemas intrínsecos dentro del universo de cualquier adolescente. Tonteará con las mujeres, intentará perder su virginidad utilizando dudosos métodos resultado de su inexperiencia, tratará de aprender de las personas mayores y, sobre todo, buscará forjarse una personalidad leal en la que uno de sus ejes esenciales será el de preservar el valor de la amistad.

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