Críticas: La dama de oro

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La dama de oro - Cinema ad hoc

Helen Mirren, nazismo y memoria

Simon Curtis, reputado director de telefilmes y series de la BBC, debutó en el cine con Mi semana con Marilyn, un largometraje que seguía los pasos de Marilyn Monroe durante el rodaje británico de El príncipe y la corista. La pulcritud un tanto acartonada del realizador lastró entonces una cinta con elementos de interés y bien interpretada.

El academicismo mal entendido vuelve a ser uno de los principales problemas de su siguiente trabajo para la gran pantalla, La dama de oro. Curtis hace gala de una puesta en escena demasiado aséptica que utiliza las formas del cine clásico como mera fórmula. El resultado es una cinta insípida que no ayuda precisamente a dotar de genuino sentimiento la historia de Maria Altmann, una mujer que decidió enfrentarse a las autoridades austriacas para recuperar los cuadros de Gustav Klimt que habían pertenecido a su familia antes de que los nazis se los arrebataran.

La dama de oro (2) - Cinema ad hoc

Tampoco ayuda demasiado a que la cinta vaya poco más del telefilme de lujo el guion que firma Alexi Kaye Campbell. El dramaturgo inglés se desvía un tanto del proceso judicial para centrarse en los recuerdos de la infancia y juventud de la protagonista en Viena. Lástima que gran parte de esas vivencias, especialmente las que muestran los desmanes del nazismo con los judíos, ya hayan sido mostradas de manera más creíble en cintas como El pianista o La lista de Schindler. A ello hay que añadir la excesiva pulcritud con la que están rodadas y el tono especialmente almibarado en las secuencias que reflejan la idílica existencia del clan de los Altmann antes de la llegada del fascismo. Además, estas miradas al pasado de la protagonista desvían quizá demasiado la atención de asuntos que deberían haber centrado la película, como la restitución de sus bienes a las víctimas de los genocidios o la denominada justicia universal, en favor de un melodrama salpicado con elementos de película judicial.

La dama de oro (3) - Cinema ad hoc

El apartado actoral tampoco brilla a la altura deseada. Helen Mirren aporta su habitual carisma al personaje de Altmann, aunque algún espectador puede tener la sensación de que la intérprete encarna a una señora británica con cierto acento alemán más que a una mujer austríaca de la alta sociedad austríaca que se vio forzada a emigrar a Estados Unidos por la persecución nazi. Por otra parte, Ryan Reynolds, que se pone en la piel del joven al abogado de la anciana, vuelve a demostrar que todavía le queda un tiempo para ser considerado un buen actor. El protagonista de Buried resulta convincente en los momentos más ligeros, en los que tiene que dar vida a ese abogado inexperto que tiene que enfrentarse a un caso que le sobrepasa y a una mujer mayor de armas tomar, pero fracasa al abordar las escenas más dramáticas, especialmente aquellas que tienen que ver con el pasado de su familia judía. Por otra parte, ni Daniel Brühl, como un periodista con sentimiento de culpa, ni Katie Holmes, en el papel de esposa del letrado, pueden lucirse mucho en unos personajes demasiado desdibujados.

No obstante, a pesar de lo convencional y escasamente memorable del conjunto, la película contiene un instante verdaderamente emotivo: Maria Altmann, ya en su vejez, visita la casa que perteneció a su familia, ahora convertida en una gran oficina, y va recreando en su mente algunas experiencias que vivió en el lugar. Es en ese momento donde la cinta logra la emoción que debería haber alcanzado el resto del filme, aunque lo haga con un viejo recurso que ya utilizara Ingmar Bergman en su magistral Fresas salvajes.

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