Críticas: Clan salvaje

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Clan salvaje - Cinema ad hoc

¡Trágate tus muertos!

A las afueras de una gran ciudad, junto al aeropuerto, convive un grupo de yeniches en un poblado de caravanas. Jason, uno de los jóvenes habitantes, comete algunos hurtos pequeños para conseguir gasolina y algo de dinero. Su hermano mayor, Fred, regresa a la comunidad tras cumplir una condena de quince años en la cárcel. La llegada del primogénito supondrá un ligero cataclismo en la convivencia cotidiana del campamento. Las vidas de todos cambiarán durante una noche en la que Fred junto con sus hermanos y otro amigo, salen a la carretera con la intención de robar un cargamento de cobre.

Tras los carteles de las productoras y distribuidores, previos al inicio de Clan salvaje, veremos a dos jóvenes que corren por el campo sobre una motocicleta y la cámara los sigue a la misma velocidad, en paralelo, desde la carretera. De pronto la moto frena y uno de ellos apunta con un rifle y caza un conejo. Son yeniches, gitanos cristianos y cazadores. Viven al aire libre, sin más normas que cumplir que las de su comunidad, sin recibos que pagar ni puestos de empleo a los que acudir. Su vida se limita a las proximidades del paisaje descuidado y silvestre en el que se mueven, con un alcance tan corto como el del roedor que han abatido de un disparo.

Clan salvaje (2) - Cinema ad hoc

Jean-Charles Hue dirige su segundo largometraje y nos sitúa en el entorno de una población de etnia gitana, concretamente dentro de un grupo que por su aspecto no lo parecen, los yeniches, con más apariencia de payos. El mundo y personajes que retrata el realizador francés, ya aparecía en La BM du Seigneur, su primer film, una película con personajes que recuerdan a la actual, aunque tuviera elementos fantásticos. Sin embargo en Clan salvaje el autor nos narra una historia de género que puede ser vista tanto como un western crepuscular, sobre todo por el carácter fronterizo de los escenarios y los personajes, en una tierra de nadie fuera de la civilización, por la que discurren sus persecuciones, búsquedas y avatares. Aunque analizada desde otra perspectiva, la película es un relato negro, criminal, con personajes que caminan al filo de la ley en algunos casos. Quizás con una atmósfera más cercana al polar francés, esa variedad del cine negro con ciertas características autóctonas de allí, en cuanto a la sociedad, un ritmo nocturno y una representación naturalista, sin estridencias. Cada espectador podría elegir la versión de género que más le atraiga en este caso, pero Clan salvaje presenta elementos mezclados de ambos.

Todo este andamiaje narrativo está también sustentado en un melodrama costumbrista dotado de una naturalidad y un realismo casi documental. Se nos cuenta una historia potente en la que no se descuidan ni olvidan en ningún momento sus personajes. Una narración a la que asistimos desde la butaca, guiados por un elenco de intérpretes que aunque no sean profesionales, desprenden una fuerza y presencia en pantalla que daría para impartir un curso completo en la Escuela de arte dramático.

Clan salvaje (3) - Cinema ad hoc

El largometraje se debate entre dos fuerzas que discurren por la misma senda vital pero con distinto destino. Una es la búsqueda de redención de Fred, agobiado por la culpabilidad de sus crímenes cometidos en el pasado. Y otra es la iniciación a la etapa adulta de Jason, el hermano pequeño, que se sitúa junto a nosotros como espectador y personaje junto al que evolucionamos en sus aventuras.

Gracias a la cámara que sigue como un cómplice a los protagonistas durante todo el film, con imágenes vibrantes, tomadas sin trípode pero bien estabilizadas. Abstractas en ocasiones pero siempre enfocadas. Con persecuciones automovilísticas nerviosas y dinámicas, en las que palpamos la tensión sin perdernos en atajos ni trucos por el camino. Una presentación formal llena de reflejos directos de sol con deslumbramientos. O bien con planos nocturnos justificados solo por la iluminación ambiental de bares de carretera, autopistas y los faros de los coches. Un clima visual que resulta tan sugerente y desquiciado como la huída hacia delante que escogen los personajes.

Clan salvaje, título que evoca a la mítica Grupo salvaje de Sam Peckinpah, no es la traducción del original Mange tes morts, una expresión amenazante, utilizada entre clanes gitanos, que significaría exactamente “Cómete a tus muertos”. Esta fuerza bruta que aparece ya desde el título original, se mantiene con una violencia subterránea y creciente durante toda la película, sin llegar a ser explícita gráficamente, aunque sí resulte igual de amenazadora. Una forma de narrar sutil y más propia del cine de otras décadas como los años setenta, dato que además apoya en sus preferencias cinematográficas el director, en las entrevistas concedidas a webs y medios de comunicación.

Clan salvaje (4) - Cinema ad hoc

Clan salvaje tiene suficiente interés por todo lo que se ha mencionado en este artículo, pero además añade otros valores como son el análisis velado de una comunidad étnica, los yeniches, a los que ya no es que no se los trate en el cine, sino que difícilmente aparecerán en reportajes de televisión o prensa, más allá de las páginas de sucesos. Y Jean-Charles Hue lo consigue con una película de género que tiene más carga social, antropológica y divulgativa que mucho cine contemporáneo con vocación socializadora. Y sin alardear por ello.

Y sin aburrirnos tampoco.

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