Muestra SYFY 2015: Día 3

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Song of the sea

Animación de la buena en el tercer día de la Muestra

Es obvio que una jornada festivalera que comienza con Mi vecino Totoro de Hayao Miyazaki sólo puede ir a peor después de eso, pero poco imaginábamos que, tras dos joyas de la animación, la caída iba a ser en picado sin repuntes, sin un colchón que nos librara del golpe y sin ni siquiera alguna pastilla que paliara el dolor de quedarse hasta el final. ¿Exageramos? En absoluto.

Con una imagen tan encantadora como delicada, Song of the Sea te arrastra a contemplar en forma de maravillosa aventura, la ancestral leyenda celta del Selkie, un ser mitológico que vive como foca en el mar pero se quita la piel (en este caso un abrigo blanco) para convertirse en humano en la tierra. Ben y Saoirse son hermanos y viven con su padre en un faro irlandés desde la desaparición de su madre. A raíz de que su abuela se los lleve a la ciudad, los niños se ven obligados a escaparse para volver solos hasta su hogar y por el camino Ben se dará cuenta de lo importante que es proteger a su hermana y de lo que significa ella dentro de los cuentos que le narraba su madre. El amor de padres a hijos (establecido entre distintos personajes) y el amor fraternal son los motores de todos los puntos de giro e inflexión de esta historia preciosa tanto por su contenido como por lo que se ve en la pantalla. Está llena de luz, de alegría y de belleza. Un gusto para la vista y el corazón que te emociona sin remedio.

Goodnight mommy

Goodnight mommy

Goodnight mommy nos presenta la convivencia de dos hermanos gemelos con su madre recién llegada del hospital tras someterse a una operación de cirugía estética. Hasta aquí todo normal, el problema viene cuando los niños empiezan a notar que la que se esconde tras esas vendas podría ser una impostora. Con una estética visual contundente y armónica la concatenación de pequeños sucesos te va llevando de un estado de calma hasta una tensión que te crispa los nervios. Lukas y Elias y sus pocas palabras son suficientes para temer por la seguridad de los personajes, aunque no siempre de los mismos. Se comprende con su violencia por qué se la compara con Funny Games, ya que esta cinta reflexiona no ya sobre la violencia gratuita como en aquella si no sobre la violencia hacia un ser querido (va en ambos sentidos) y sobre cómo puede afectar a un niño una situación traumática (o varias) que no se han sabido gestionar. Te huelas o no los giros de guión te puedes dejar llevar por su construcción de ritmo constante y denso disfrutando de un final in crescendo.

Spring

Spring

Tras una ópera prima tan interesante como fue Resolution, Justin Benson y Aaron Moorehead vuelven a dirigir juntos una historia con mucho aroma de dramedia indie norteamericana con tintes sobrenaturales en Spring. Pero mientras en la primera todo se insinuaba y la línea entre lo real e irreal se hacía cada vez más fina sin llegar a evidenciar nunca si los sucesos extraños formaban parte de la maltratada psique de los protagonistas, en Spring llega un momento en el que lo oculto se revela dando paso a una explicación interminable que acaba por perder todo su encanto. Con la misma exquisitez visual que ya apuntaban en Resolution a la hora de rodar en paisajes naturales, esta vez el dúo Benson-Moorehead traslada la historia a un pequeño pueblo costero del Golfo de Nápoles en el que recae un joven norteamericano huyendo de la policía por un pequeño incidente, así como de su propio dolor por la pérdida de su madre. Allí conoce a una joven de la que se enamora sin saber que oculta un terrible secreto por el cual, tanto su relación como su vida son susceptibles de correr peligro. La tensión va in crescendo a medida que Evan va descubriendo que lo que siente por Louise es cada vez más intenso pero, como decía antes, en el momento en el que finalmente se topa de bruces con la (ir)realidad, la película da un giro hacia un romance demasiado influenciado por la trilogía Antes de… de Linklater (cuánto daño, Linklater), y se convierte en una reflexión sobre el enamoramiento con explicaciones científico-sobrenaturales, si eso es posible, interminables que no hacen otra cosa que lastrar la película y condenarla a un final de cuento de hadas que no convence.

Cub

Cub

Por suerte, llegaba después el primer slasher de la Muestra, pero por desgracia distaba mucho de ser el festival de sangre y gritos que todos esperábamos. Cub venía de ganar el premio a la mejor dirección en Sitges, “estará bien dirigida” decía Leticia Dolera al presentarla, y combina una denuncia contra el bullying con un psicópata, o varios, que en el interior de un bosque se dedica a matar a cuantas personas osen pasar por allí. Y precisamente es un grupo bastante extraño de boy scouts belgas los que deciden acampar en los dominios del susodicho. Si a esa irrupción en el bosque se le añade un niño marginado por los demás y por su propio monitor, está claro que la cosa no va a acabar bien de ninguna manera. La cuestión es que Cub ni inventa nada nuevo ni tampoco se sale de los clichés del slasher, ofreciendo una historia mil veces vista sin un mínimo de originalidad, lo que acaba por resultar repetitivo a la par que absolutamente previsible. Eso sí, las muertes, o más bien las diferentes maneras de matar a sus víctimas que utiliza el asesino, son dignas de admiración por la mala leche que destilan.

Crazy bitches

Crazy bitches

Y de slasher a slasher y tiro por que me toca. Y maldita la hora en la que tocó ver sufrir una sesión cuya acepción más rancia de golfa sólo se hacía extensible a los personajes que poblaban el escenario en el que se desarrolla Crazy Bitches. Podríamos pensar que con ese título y a esas horas intempestivas de la noche, nos íbamos a encontrar con una comedia absurda plagada de chicas chillonas y mucha sangre, pero en su lugar se nos ofreció castigó con una reunión de ex miembros de una hermandad de chicas, y un amigo gay, por supuesto, que no sabemos muy bien por qué decide ir a grabar la reunión, en una granja que supuestamente está encantada, en la que no hay ni un solo momento que tenga un mínimo de gracia, de interés por saber ni cómo ni cuando ni por qué se producen las muertes. Nada. Un grupo de mujeres que son cualquier cosa menos amigas, un granjero que trata de seducir a cualquiera que se le ponga por delante a base de métodos cercanos a los de un violador, una lesbiana que hace exactamente lo mismo, una historia del pasado sin pies ni cabeza, sexo por doquier que parece sacado de un thriller pseudo erótico de los 90, a excepción del sexo lésbico que de tan casto parece que estén tomando la comunión en lugar de otra cosa, y un asesino (o dos, o ni se sabe) que mira a sus víctimas a través de una malla que, incomprensiblemente también actúa de filtro de la cámara cuando es al propio asesino al que enfoca. Inenarrable. Si uno aguanta hasta el final de esta tortura, lo mejor que puede hacer para entretenerse es contar los inagotables fundidos a negro con la esperanza de que uno de ellos sea el que de paso a los créditos finales.

Por MariFG y Alex Reznik

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