Críticas: Selma

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SELMA

Stand up for your right

La actriz y presentadora Oprah Winfrey, una de las personalidades afroamericanas más poderosas del mundo del espectáculo estadounidense, parece dispuesta a respaldar cualquier proyecto que aborde la lucha de la comunidad negra por los derechos civiles o refleje las duras condiciones de muchos de los miembros de este grupo étnico. Ahí están para demostrarlo Precious, en el que ejerció simplemente labores de productora, o cintas como El color púrpura, Beloved y El mayordomo, que han contado con Winfrey en su faceta de intérprete.

Selma forma parte de este grupo de cintas que sirven a los propósitos de la estrella, que en esta ocasión supervisa el proyecto y se reserva un pequeño papel. No obstante, es cierto que el filme no responde al simple deseo de la popular figura del entretenimiento. Ava DuVernay, la directora de la película, también ha demostrado en su filmografía como realizadora, donde figuran títulos como I will follow o Middle of nowhere, su interés por dar protagonismo a los afroamericanos. A todo ello hay que añadir el prestigio y el éxito que han logrado cintas del calibre de 12 años de esclavitud o Criadas y señoras, que han plasmado en la gran pantalla las penurias que pasaron muchos de la comunidad negra.

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En definitiva, Selma surge como filme en el momento y lugar perfecto para este tipo de productos, que parecen más centrados en adoctrinar a un sector del público, que quizá no conozca la marcha que Martin Luther King y muchos de sus seguidores realizaron sobre la localidad de Alabama que da título al largometraje para impulsar el voto negro, que en lograr un producto original y emocionante. La excesiva corrección en determinados instantes, especialmente aquellos que pretenden ser más trascendentales, convierte la cinta en poco más que un telefilme de lujo con mensaje. No obstante, hay que valorar dentro del conjunto la buena labor de todo el reparto, desde David Oyelowo, como King, a un impresionante Tom Wilkinson, en la piel de Lyndon B. Johnson; el excelente trabajo del diseño de producción y el rigor de los responsables de la película, al tomar como base de muchos de los diálogos y situaciones las grabaciones que el FBI realizó al famoso líder de los derechos civiles y su círculo más cercano. Sin embargo, todos esos elementos reseñables no bastan para que la cinta vuele demasiado alto como producto artístico.

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A pesar de ello, cuando el largometraje deja a un lado cierto didactismo para indagar en los aspectos más íntimos y menos conocidos de los personajes, el filme gana emoción y calidad. Especialmente memorable es aquel momento en el que un deprimido King llama a una cantante gospel para que le cante al teléfono un escalofriante espiritual. Igualmente acertado resulta el instante en el que el predicador y político tiene que consolar a un familiar de un hombre que ha muerto a causa de una paliza o aquellos otros protagonizados por la esposa del político, que tiene que acostumbrarse a que su marido dedique más tiempo a la comunidad que a la familia.

En resumen, Selma se erige como un largometraje eficiente desde el punto de vista educativo, aunque quizá demasiado correcto para ser considerado como una obra cinematográfica relevante.

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