Críticas: National Gallery

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National gallery

El cine como acumulación de todas las artes

Es difícil dirigir una mirada tan caleidoscópica y a la vez tan concisa sobre algo tan inabarcable como la National Gallery de Londres. Del mismo talante polivalente se eleva la figura del documentalista Frederick Wiseman, quien, siempre filmando en película y sin pasarse al digital, a sus ochenta y cinco años, se presentó en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes cambiando de nuevo el foco de su exploración, sumándole la monumentalidad del museo que nos atañe a otros universos tratados como la Policía, el ejército o la danza.

Mediante una naturalidad pasmosa, nos sumergimos, siempre desde la cercanía, en los diversos microclimas, gozos o preocupaciones que acontecen dentro un museo donde se recoge una inmensa cantidad de las más  importantes obras pictóricas que se deslizan desde el siglo XIII al XIX.  Gracias a un reparto igualitario de los tiempos, las pinceladas de Wiseman otorgan una armonía al conjunto de su obra.  Esto se traduce, siguiendo los símiles artísticos, en una composición donde la suma de las partes deviene en un todo, sin relegar el protagonismo de unos en pos de los otros. Así pues, podemos deleitarnos ante los más hermosos lienzos siguiendo las explicaciones más vocacionales de los diferentes guías mientras en la siguiente secuencia asistimos a una aburrida reunión donde se tratan temas mucho menos vistosos como el marketing, las fuentes de ingresos o los recortes presupuestarios palpables en la disminución del personal contratado. Y esto se debe a que National Gallery ofrece una mirada al pasado a la vez que dialoga con el presente, pero no sólo se queda ahí. La sensibilidad artística del documental lo lleva a inmiscuirse y entablar relación con diferentes disciplinas artísticas. Podemos disfrutar de la fusión de imagen y música en directo, pero también de poesía o de danza que interactúa con la obra pictórica y la arquitectura del museo. Es por ello que se invita al espectador a reflexionar sobre el mundo que se descubre en pantalla, acompañado de un grupo de trabajadores que nos muestran los entresijos que existen dentro del mundo de la exposición artística. Los comisarios de exposición se despachan a gusto con su verborrea (que en ocasiones incluso recuerdan al parodiado crítico John Ruskin en el biopic de Mike Leigh del año pasado, Mr. Turner), hablando maravillas de Leonardo y Tiziano. Pero las exposiciones no se hacen solas, por lo que en este film podemos ver (sin seguir una trama lineal), cómo se limpia una sala, el modo en el que se decide iluminar y colocar las obras para ofrecer una visión más auténtica a sus espectadores, cómo se decide el orden de los lienzos, etc. En la parte no visible del museo también asistimos a la explicación de los diversos procesos a los que se somete a los cuadros para poder llevar a cabo sobre ellos los más delicados y específicos trabajos de conservación.

National gallery 2

Y sin embargo, la actividad del National Gallery no se queda solamente ahí.  Los artistas son parte de su esencia y los vemos interactuar y presentar su relación del arte del ayer con las obras posmodernas de hoy. También asistimos a diferentes talleres donde se guía a los aprendices a trazar con estilo los trazos de la fisonomía humana o a exposiciones orales sobre el arte de artistas como Velázquez ante un gran público. Se llega incluso a organizar una actividad en la que mostrar el arte visual a los ciegos. La oferta cultural que ofrecen es de una calidad y dedicación totalmente profesional, lo cual se recompensa con la entrega de un público que no duda en inundar las salas de tan emblemático lugar.

National Gallery, a parte de mostrarnos todas estas facetas del museo, juega con la potentísima idea de la reincidencia en las imágenes. Los tablones del gótico aparecidos en los inicios del documental,  similares a la obra de Andrei Rubliev llevada al cine por Tarkovski, lejos de buscar un carácter verosímil de los elementos representados, se originan como una puerta dispuesta a conectar al que mira con lo divino. Esta trascendencia de la imagen es algo que, mutando lo divino por la esencia de la voluntad artística, ha llegado hasta nuestros días. Como se comentaba con anterioridad, el documental varia y fusiona unas artes con las otras siempre con la imagen como referente. Sabe crear una fuerza que irradia del puro nacimiento de la concepción pictórica, narrando de por sí una situación, careciendo de temporalidad, pero al ayudarse de las demás disciplinas artísticas, en concreto de la música y la narración, Wiseman transforma, de una manera harto distinta a Rino Stefano Tagliafierro en BEAUTY (Italia, 2014), los lienzos en Cine.

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