Críticas: La señal

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La verdad está ahí fuera.

Nic se resigna a las circunstancias que la vida le plantea a pesar de su juventud. Se resigna y acepta que las cosas pasan por una razón, le guste o no, y por eso acepta llevar a su novia hacia un futuro en el que difícilmente él tendrá cabida. Sobrelleva con la misma resignación el hecho de que nunca podrá volver a ganar una carrera de fondo por una grave lesión que afectó a sus piernas, así como el que su mejor amigo le embarque durante el viaje en la búsqueda de un hacker que ha despertado su curiosidad al conseguir introducirse incluso en la web cam del portátil de su novia. Nic aguanta mientras encuentre una explicación coherente a las dificultades que encuentre en su camino, pero de ninguna manera se someterá a aquello que no le aporte una justificación razonable a los actos que suceden a su alrededor.

Nic es el protagonista de La señal, y es desde su punto de vista desde el que prácticamente transcurre toda la película. Con él iniciamos el viaje por carretera de los tres amigos en lo que recuerda a un drama adolescente intimista con cierto toque indie. La fragilidad de los sentimientos de la pareja protagonista y de la propia enfermedad de Nic, se reflejan en un estilo narrativo pausado con la melancolía de las road movies en las que el viaje es más importante que el destino. Sin apenas pausa, toda esa calidez se convierte en una pequeña película de terror vista a través de la cámara que maneja el protagonista, con escenas sospechosamente parecidas a El proyecto de la bruja de Blair, pero rápidamente todo vuelve a cambiar cuando, tras un fundido a negro, Nic despierta en lo que parece la habitación de un hospital. Es entonces cuando el tono de la película cambia por completo y se acomoda en un thriller claustrofóbico bastante convencional, que acaba derivando en un apoteósico tramo final cargado de acción.

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Otra nueva mezcla de géneros es la que propone el director William Eubank para su segunda película con la que arriesga en la propuesta pero no es capaz de mantener una coherencia narrativa en una segunda mitad, que es prácticamente la esencia de lo que realmente quiere contar. Así como la presentación de los personajes y su periplo hasta llegar al punto de giro principal, están contados con una precisión y un tempo adecuados para meter de lleno al espectador en la historia y, con ello, sentir la misma angustia e intriga iniciales que siente Nic al encontrarse encerrado en un espacio del que no puede salir, todo lo que sucede a partir de ese momento deja de lado esa meticulosidad inicial para convertirse en un producto lleno de agujeros de guión al servicio únicamente de una resolución plagada de giros a cada cual más impactante. Incluso hay momentos en los que traiciona la propia naturaleza del film al incluir secuencias en las que Nic no está presente, con lo que se rompe la narración desde su perspectiva.

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No se puede tachar La señal de ser una mala película o de caer en el tedio, puesto que parte de una premisa y una intriga que apuesta por llevar la ciencia ficción hacia terrenos, si no inexplorados, sí con la suficiente originalidad para descubrir nuevos conceptos en el género, pero Eubank acaba por dejarse llevar por una conclusión de la misma demasiado forzada sin prestar atención a la lógica que debería tener el desarrollo para llegar a una revelación final que resulta especialmente delirante. En cualquier caso, es innegable la capacidad del director para adaptar las viejas fórmulas del cine de ciencia ficción más clásico con la composición de imágenes en distintos formatos, con las que crea un atractivo visual con el que paliar en algunos momentos las carencias narrativas.

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