Críticas: La mujer de negro. El ángel de la muerte

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00723-WiB AOD-Photo Nick Wall.NEF

Nuevas incorporaciones a la galería del terror.

En el año 1941 dos institutrices huyen de Londres con un grupo de huérfanos, para protegerlos de los bombardeos que sacuden la capital británica durante la Segunda Guerra Mundial. Viajan hasta una zona campestre y pantanosa, hasta llegar a una gran residencia abandonada: Eel Marsh. Una vez alojados allí, varios sucesos extraños amenazan al grupo con un peligro mayor, incluso, que el que les hizo refugiarse en la vieja casa.

La mujer de negro: el ángel de la muerte es la segunda película en la saga o franquicia de la Hammer, acerca de este fantasma rencoroso. En ella nos encontramos con un contexto ambientado, desde la secuencia de arranque, situada en las vías del metro londinense. En el subterráneo Eve, la institutriz protagonista, una joven que mantiene la calma en un entorno amenazante, punteado además por el estruendo de las bombas y los motores de los aviones, es la única persona que sonríe entre los refugiados en la estación del suburbano. Posteriormente, durante el dramático viaje en autobús hacia la mansión, le pide al conductor que encienda las luces para ver la carretera, rodeada de bruma e inundada en los arcenes, pero el hombre argumenta que deben circular a oscuras para no ser descubiertos por los aviones enemigos.

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En otras de las mejores secuencias de La mujer de negro: el ángel de la muerte, una niña desovilla un hilo rojo, caminando por el dormitorio de la mansión y despliega el tejido como si fuera un rastro a punto de quebrarse, creando una tensión tan fuerte en la acción que realiza como en la metáfora casi sangrienta que plantea. Igual que las escenas en que Edward, el niño silencioso que dibuja imágenes desasosegantes, sacadas de sus peores recuerdos y pesadillas, parece observar siempre el más allá, las oscuras presencias que nadie más reconoce en su entorno.

Otro punto interesante del film es que quizás estemos asistiendo a la llegada de un nuevo monstruo cinematográfico a la entrañable y reconocida galería de seres terroríficos de la pantalla. Sí, porque la mujer de negro ha vuelto, este espectro tan etéreo y fantasmal que ya atosigaba al joven viudo que interpretó Daniel Radcliffe en la primera parte. Es un hecho que después de Freddy Krueger, Jason (el de Viernes 13) o Michael Myers (Halloween) apenas han aparecido nuevos monstruos de renombre en el género de terror. Aunque todos los mencionados ya eran bastante psicópatas, desde mediados de lo años noventa hasta prácticamente el año 2012, hemos conocido a muchos asesinos en serie, más o muchísimo más retorcidos (Hannibal Lecter, Jigsaw y Scream a la cabeza) pero no a tantos seres sobrenaturales como a partir del año 2010. La influencia del cine de terror japonés está clara en estas nuevas mujeres fantasmas, con una maternidad desasosegante y vengativa, que actúan en películas como Insidious, Mamá y la que aquí comentamos. Por estas razones, es el momento de conseguir un nuevo personaje mítico, un nuevo hombre del saco que se integre en el imaginario terrorífico destinado a las generaciones jóvenes.

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La mujer de negro, estrenada en el año 2012, fue una buena sorpresa en esta nueva etapa de la productora británica Hammer porque se apoyaba en el clima creado por el ambiente de la zona aislada y pantanosa que enmarca la mansión que compone el escenario de ambos films. También manejaba un registro de terror casi gótico, más pendiente del ambiente y la creación de una inquietud constante, más próxima al terror puro y no al artificioso, cediendo lo menos posible a los efectos sonoros y epatantes visuales para conseguir el susto gratuito.

A pesar de ese esfuerzo narrativo clásico pero efectivo en la búsqueda del misterio y del miedo, La mujer de negro: el ángel de la muerte no consigue mantenerse al mismo nivel de interés todo su metraje y finalmente se doblega ante un festival de zooms y travellings acelerados. A los planos al corte con golpe de percusión y grito incluido. Además de las caras cadavéricas y demoníacas que, por su escasa duración, son casi subliminales (cuánto daño hizo la famosa máscara de El exorcista, tan repetida hasta la saciedad) Y por supuesto a las atronadoras subidas de volumen que te dejan tan asustado y sordo, como retorcido en la butaca. Resumiendo, la pirotecnia del cine de terror que tiene que asustar a ritmo de infarto. Estos artificios cinematográficos se les podrían achacar también a buenos directores del género como John Carpenter, Wes Craven y James Wan, aunque en estos tres casos ellos sepan dosificarlos y mantener la tensión progresiva en sus películas.

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A pesar de todo La mujer de negro: el ángel de la muerte es un largometraje que no defraudará a los espectadores que busquen evasión, que quizás desfallece un poco en su segunda mitad en cuanto al ritmo. Tiene una factura visual por encima de un producto de terror, algo que se agradece en cualquier película. Y es un film en el que los mejores momentos de inquietud y miedo no vienen marcados por lo sobrenatural, sino por el conflicto bélico que agrede la cotidianeidad de los personajes. Y el tono siniestro de algunos juegos infantiles. Es decir, por la realidad.

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