Críticas: Bob Esponja. Un héroe fuera del agua

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Bob Esponja ya llegóooooo.

¿Qué hay en la mente de una esponja de mar con pantalones cortos, corbata y calcetines largos; que vive con un caracol de mascota dentro de una piña en una ciudad sumergida llamada Fondo de Bikini; que tiene por amigos a una estrella de mar que no tiene dos dedos de frente (ni pies) y a una ardilla tejana que también vive debajo del mar pero bajo una cúpula para que pueda respirar; que trabaja incansablemente en un restaurante de comida rápida especializado en la famosa burguer cangreburguer; que es capaz de pasar de la sobreexcitación de una felicidad inmensa y una risa terriblemente irritante por cualquier chiste malo, al otro extremo haciendo del melodrama y la pérdida de control una tragedia sin parangón. Exacto. Sunshine, lollipops & rainbows, que cantaba Lesley Gore, ¿qué otra cosa? Ah, sí, gatitos adorables. Y pasteles. Y algodón de azúcar, mmmmmm….algodón de azúcar dulce hasta decir basta. Sobredosis de algodón de azúcar que provocan un estado capaz de emprender una vuelta al mundo sin dejar de sonreír y sin parpadear ni un solo segundo. ¿Seguimos hablando de azúcar? ¡Por supuesto que sí!

Lleno de azúcar y de cangreburguers, vuelve Bob Esponja a la gran pantalla con Bob Esponja: Un héroe fuera del agua, después de más de diez años desde que diera el salto al cine con Bob Esponja: La película. En esta ocasión, un pirata malvado interpretado por un desatado Antonio Banderas, que nada tiene que envidiar al Jack Sparrow de Johnny Depp, roba con muy malas artes la receta secreta de la burguer cangreburguer que Don Cangrejo esconde dentro de una botella en su caja fuerte. El pánico se desata en Fondo de Bikini que, al no poder cocinar el exquisito (y único) manjar que entusiasma a su población, se ve abocada de inmediato a un presente postapocalíptico en el que vestir de cuero y comenzar a arrasar toda la ciudad a lo Mad Max es prácticamente obligatorio. Acusados injustamente de haber robado la receta, Bob Esponja y su archienemigo Plankton se verán obligados a colaborar para recuperarla de manos del pirata reconvertido en chef, fuera del agua bajo la incrédula mirada de los turistas que pasean por la playa.

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Muchas lecturas se pueden hacer de una historia en la que, la falta de abastecimiento de un ingrediente esencial para elaborar la receta que todos los habitantes de Fondo de Bikini idolatran y necesitan como el respirar bajo el agua, convierte a éstos en seres irracionales capaces de vender a su mejor amigo por un solo bocado a una cangreburguer, o de tener escandalosos ataques de ansiedad con sólo pensar en la posibilidad de una escasez de ellas. Una crisis que tiene su origen en la avaricia de un rico empresario que explota a sus trabajadores mientras acumula hasta el último mísero centavo de otro empresario al que ha contribuido a arruinar. El universo de Bob Esponja está plagado de crítica hacia todos los sistemas que gobiernan las sociedades occidentales, pero tratado con la inocencia del humor más básico y extravagante mezclado con un toque de psicodelia con la que crear un mundo imaginario en el que olvidar por un momento todos los males del mundo. Pero, eh, que Bob Esponja: Un héroe fuera del agua es una película infantil, ¿qué mente retorcida podría sacar otra lectura de ella que no fuera la de unos personajillos bobos que hacen reír a los más pequeños con sus tonterías, y la de que todo se consigue trabajando en equipo con tus amigos y tus enemigos? Además, claro está, de que no hay nada mejor en la vida que el algodón de azúcar, los helados y las mascotas fieles.

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Bob Esponja: Un héroe fuera del agua lleva el surrealismo de la serie original hasta cotas más allá de lo absurdo, sin que por ello el espíritu de los personajes y las situaciones creadas por Stephen Hillenburg caiga en un despropósito al margen del ya pretendido. El mimo al más mínimo detalle y la desmesura del caos que propone, no desmerece sino que amplía la sátira envuelta en el humor más disparatado de la serie original. Quizá un poquito más de chispa en algunos momentos le hubiera venido aun mejor a toda esa locura, pero ¡qué caray! aun así se disfruta igual.

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