Berlinale 2015: Día 6

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Fifty shades of Grey

Your love got me looking so crazy right now.

Comparte 50 sombras de Grey con aquella saga de los vampiros WASP y Neocons cierta intención de presentarse como un objeto inocuo, carente de peligro, la naturaleza masiva de su éxito podía vincularse a su candidez intelectual, a su falta de pretensiones. Nada más lejos de la verdad, según nuestro punto de vista ambas son dos grandes muestras de un conservadurismo ramplón, una señal de nuestros tiempos, su éxito no es fruto de la casualidad.

Evidentemente no es la plasmación de una sexualidad enfermiza (?) el mensaje más peligroso del fenómeno cinéfilo-literario, ni mucho menos las etiquetas que se le colocarán de sexo para señoras (con toda la carga despectiva que esta frase trae consigo), lo peor de 50 sombras de Grey es su idea de nuevo contrato sexual entre el hombre dominante y la mujer dominada, un juego de poder entre roles que sólo puede ser destruido por la fuerza emergente del amor. No sé cuantas décadas de retroceso social supone considerar que una persona, perdón, una mujer, no pueda reclamar un derecho que inherentemente le pertenece, sino que esa reclamación deba estar basada en el sentimiento: “Si me amas debes tratarme bien” o algo así, en la forma condicional se esconde el núcleo de la perversidad.

No es éste el único aspecto denigrante del film dirigido por Sam Taylor-Johnson aunque quizás sí el más denunciable (?), podríamos hablar de la eterna pose de estúpida intensidad de su protagonista Jamie Dornan, de la nula carnalidad y erotismo de sus escenas de sexo, segmentos de diseño esteticista que parecen firmados por un Adrian Lyne en horas bajas o de lo circular y obsesivo de su estructura, empeñada en la repetición constante de los mismos elementos y planos, algo que supongo (no he tenido ocasión de comprobarlo) viene dado por su archifamoso antecedente literario: el piano como catalizador de sentimientos, los mismos planos detalle del cuerpo de Dakota Johnson, las dos (!) escenas de vuelo en helicóptero y ultraligero: “la redundancia es la base del éxito de nuestra sociedad”, creo que era Orwell quien lo decía, el éxito de 50 sombras de Grey queda así totalmente asegurado.

Bonus track: Todos tenemos un lado oscuro

Puede resultar curioso comparar lo de las sombras con la anterior película que nos tocó ver en la jornada, el remontaje o director’s cut de 54, la película de Mark Christopher que Harvey Weinstein remodeló a su imagen y semejanza, otorgándole un sentido completamente diferente al imaginado por su autor original. Explicaba Christopher que no podía sentirse más desvinculado de la versión estrenada, tanto por esas variaciones temáticas, como en lo cuantitativo del montaje (casi el 50% del metraje fue modificado). Estas modificaciones dicen bastante del modus operandi de la industria, transformando una narración sobre ambiciones y triángulos amorosos (con uno de los vértices de relación homosexual) a una historia mucho más aceptable por los estamentos hollywoodienses. La comparación de 54 con el primer film que analizábamos en esta crónica es, por lo tanto, pertinente desde el valor antropológico que le concedemos a la cinta dedicada al mítico club neoyorquino, la libertad (no sólo sexual) que transpira habría avergonzado al aseadísimo puritanismo de lo de Taylor-Johnson. Evidentemente el SIDA ha sido un factor determinante para la percepción que se tiene del sexo en el cine estadounidense y cómo mostrar éste en pantalla, pero no se queden sólo con la definición del sexo como el acto de la cópula, piensen también en su significado de relación intergenérica hombre-mujer, quizá luego opinen, como nosotros, que cuatro décadas de retroceso nos separan.

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