Berlinale 2015: Día 4

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The Malick day

Terrence Malick era el nombre del día en Berlín, un nombre capaz de provocar duelos a bastonazos en los pasillos del Palast, un nombre que se decía iba a salir de su mutismo habitual para venir a presentar la peli a la muestra. Hubo quien no se enteró que todo era un rumor de Radio Macuto Festivalera y que lanzaba preguntas al de Waco en plena rueda de prensa. Sí, Berlín era una fiesta.

Sherlock Holmes apicultor, quizás pueda sonar ridículo pero recordemos El espíritu de la colmena y a Fernando Fernán-Gómez huyendo un mundo que ha dejado de interesarle para crear el suyo propio, uno que regir según sus reglas, lleno de lógica y comportamientos condicionados, quizá si recuerdan a ese personaje tengan ya una cierta visión de este Mr. Holmes. Dicho esto debemos añadir que tiene esta Berlinale 2015 una querencia especial por las películas insulsas, situadas en medio de la nada y sin defensa ni ofensa posible, Mr. Holmes se ha convertido en la capitana de la nueva tendencia de esta moda germánica, lo suficientemente amable para no molestar a nadie, lo bastante poco llamativa para recordarla más allá de los cinco minutos posteriores a su visionado. Cuesta reconocer, eso sí, a un Holmes alejado de su tendencias misóginas. Quizás con la excusa de la vejez, Bill Condon, el visionario (?) director de Crepúsculo: Amanecer 1 y 2 retrata a un Holmes sensitivo y sin dobleces, hasta religioso (?). En esta obsesión por la humanización, por la desmitificación del héroe, Sherlock resulta falible y olvidadizo, algo natural podría pensarse dada la edad con la que aparece en el film (96 años) pero es que los héroes (y Manoel de Oliveira) nunca han tenido edad.

Mr. Holmes

Mr. Holmes

No creo que podamos acusar a Terrence Malick de ser un telepredicador de canal de televisión trucho, un vocingleras apostólico que cura de los males del mundo a golpe de hisopazo y de grito desaforado, es más bien un curilla reflexivo, leído y cultivado, de esos que se sientan a tu lado en medio de una hoguera de campamento y te hace reflexionar sobre lo jodidamente vacía que es tu vida. Lo hace de manera hermosa, no quiero deciros lo contrario, no presenta la tentación y a Babilonia como una puta desaseada y malvada, ¿qué sentido tiene el pecado si se ve al demonio manejando los hilos?¿cómo puede fascinar Dorian Grey si las arrugas se quedan en el rostro y no en el retrato?. Así que, insistamos, todo es hermoso, todo transpira belleza, todos buscan el amor desesperadamente pero no hay manera, sus vidas siguen siendo vacías, les sigue faltando algo, pónganle el nombre que quieran, Malick es lo suficientemente inteligente para no hacerlo. No hacía falta decirlo pero Terrence Malick no es el puto Kirk Cameron, no nos confundamos. Es quizás, eso sí, un Kirk Cameron new-age sin lobotomizar, aceptemos esa definición. Por lo demás en Knight of cups la imagen sigue siendo atraída por la gravedad que emana de los cuerpos y los rostros, los planos detalle festejan su esplendor y la cámara de Malick gravita en torno a ellos como orbitan los satélites en torno a los planetas, así que aquí Terrence nos lo vuelve a decir: los cuerpos son hermosos pero sin eso a lo que no llamaremos Dios, no dejan de ser receptáculos vacíos. Malick podrá ser un curilla pero al menos es un curilla consecuente.

"Knight of Cups"

Knight of cups

El cero y el infinito, la novela de Arthur Koestler, podría servir en cierto sentido como referencia a la hora de abordar la nueva obra del director chileno Patricio Guzmán. Ambas hablan de represión y masacre, de torturas y exterminio, ambas juegan con lo ínfimo y lo universal, botones de nácar y quasares, muestras en definitiva de los episodios de la historia, de una historia en el caso de Guzmán como la de Chile, construida en torno y en contra del mar, un mar que es a la vez fuente de vida y ejecutor de condenas. Está claro que Guzmán no es un narrador neutral (¿alguien podría serlo?), las tres partes de La batalla de Chile lo demuestran pero, más allá de esta incuestionable evidencia, podemos asegurar que El botón de nácar impacta como documento histórico, como fuente de reflexión, construida sin ira pero sin olvido, la segunda parte de la trilogía iniciada por Nostalgia de la luz se convierte en una de las candidatas a irse con premio de Berlín, veremos si se cumplen las apuestas.

El botón de nácar

El botón de nácar

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