Americana Film Fest 2015: Día 3

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Kumiko the treasure hunter

Minnesota-Tokyo-Barcelona

Un fenómeno curioso ha sobrevolado la tercera jornada de Americana: el complejo de la segunda parte. Hasta 3 de las 4 películas podrían formar un díptico interesante con películas bastante conocidas a las que por forma o tiempo se parecen. El primer caso es tan evidente que el propio festival organizó el viernes un pase doble con Fargo (Joel Coen, 1996) y Kumiko, the treasure hunter (David Zellner, 2014). En la segunda, Kumiko es una cazatesoros japonesa que viaja hasta Minnesota en busca del dinero que el personaje de Steve Buscemi esconde en Fargo, creyendo que es real.

Kumiko, the treasure hunter se ha convertido en otra de las películas imprescindibles de esta edición, junto con Cheatin’ y Buzzard. Producida por Alexander Payne (Nebraska, 2013), la película consigue recuperar la atmósfera de la película de los hermanos Coen convirtiendo los paisajes de Minnesota en un personaje más que envuelve a Kumiko en algo más que la búsqueda de un tesoro. Kumiko, the treasure hunter es la búsqueda de una joven por encontrar su lugar en el mundo. De la misma manera que Richie en Before I disappear descubre en su sobrina, y por extensión la familia, el impulso necesario para seguir viviendo, Kumiko necesita este gran tesoro que dé sentido a la vida tras las presiones de su madre para que se case y tenga descendencia.  Es decir, para que lleve una vida “normal”. Es fácil identificarse con la joven, ataviada con su perenne chaqueta roja destacando entre la multitud. Un personaje que trasciende la pantalla e interpela directamente al espectador recordándonos que todos en algún momento nos hemos sentido diferentes y debemos encontrar la manera de realizarnos. Sin duda alguna, ésta es una de las joyas del festival.

Kumiko, the treasure hunter

Kumiko, the treasure hunter

El segundo díptico ha llegado de la mano de la fallida y tramposa The heart machine (Zachary Wigon, 2014), una película que podría interactuar perfectamente con 10.000 Km (Carlos Marqués-Marcet, 2014) y que es de obligado visionado tras ver la película de Zachary Wigon. En este caso, la historia se centra en Cody y Virginia, una pareja neoyorquina que vive una relación a distancia porque ella se encuentra en Berlín. O eso le ha hecho creer a Cody que empieza a sospechar e investigar por su cuenta si ella realmente está en la ciudad germana o se esconde en Nueva York.

Como hemos dicho, es una película tramposa que juega con giros de guión artificiales que manipulan la trama de tal manera que la sacuden hacia la dirección que más convenga, tenga sentido o no. El absurdo es tal que nada más empezar, pretende que creamos que Cody descubre el engaño por cómo suena una ambulancia de fondo cuando a los pocos minutos se descubre un cuadro escondido en su armario demostrando que hace tiempo que alberga la sospecha. Los detalles están tan poco cuidados que hasta las videoconferencias tienen un elemento divertido: Cody se ha instalado una webcam sobre la pantalla de su portátil cuando su modelo ya la tiene incorporada. Afortunadamente, este catálogo de giros inexplicables nos ahorra el bochorno con el misterio principal: efectivamente, la chica está en Nueva York. Sin embargo, la manera como Cody la buscará está contaminada por esta serie de giros narrativos, restando verosimilitud.

The heart machine

The heart machine

Es inevitable recuperar 10.000 Km y caer en la comparación de como Marqués-Marcet mide los tiempos y dosifica una información que en The heart machine nos llega de golpe y artificiosamente. Si se quiere, también, se puede leer el caso de la holandesa Zilla Van Den Born, una joven que fingió un viaje a Asia mientras estaba encerrada en su casa para demostrar la facilidad con la que se nos puede manipular a través de las redes sociales. De la combinación de estos dos referentes saldría The heart machine, un quiero y no puedo de las relaciones a distancia y su pretendida crítica a las redes sociales que fracasa por su ridícula propuesta.

La tercera y última dupla la forman Wild canaries (Lawrence Michael Levine, 2014), el hijo bastardo de Misterioso asesinato en Manhattan (Woody Allen, 1993). El punto de partida es el mismo: Barri (Sophia Takal) está convencida que su vecino Anthony (Kevin Corrigan) ha asesinado a su madre. A partir de este momento, la película se convierte en una comedia de enredos tan confusa que apenas funciona por acumulación. Los enredos sociales se mezclan con los de la trama principal de pseudo-investigación detectivesca en un conjunto bastante irregular y aburrido que sólo se salva cuando la narración cede algunos gags bastante divertidos. Lamentablemente, la película termina convirtiéndose en una parodia de ella misma sin gracia y estirada tan al límite que al final te repiten de manera resumida los puntos importantes de la trama. No sea que se nos escape algún detalle de una narración tan fácil como evidente.

Wild canaries

Wild canaries

Además de este trío de parejas, también hemos presenciado la poco inspiradora Uncertain terms, una historia más de jóvenes que se quedan embarazadas prematuramente, celos y la inmadurez propia de la edad. Una historia fría y previsible que no genera demasiado interés. Resulta más gratificante recuperar la cinta Culpables son los otros (Schuld sind immer die anderen, Lars-Gunnar Lotz, 2012) que aporta una perspectiva más oscura al confinamiento en una residencia. En este caso, de reinserción social para delincuentes.

En Uncertain terms es difícil comprender a sus personajes. Parecen vivir una eterna adolescencia,  despreocupadas por el hecho de ser madres próximamente, y viviendo las relaciones y cambios de parejas con una naturalidad bastante sorprendente. En apenas 70 minutos, Uncertain terms no consigue transmitir emoción alguna a causa de una narración anodina que culmina con un final abrupto, quedándonos con la duda de cuál pretendía ser su intención. No aporta nada nuevo a un tema que ya se ha tratado en repetidas ocasiones y que aquí se ha optado por repetir tópicos de manera indiscriminada. Se habría agradecido un punto de vista más valiente que hubiera ido en favor del interés general de la película.

Uncertain terms

Uncertain terms

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