Americana Film Fest 2015: Día 2

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Listen up Philip

Día 2 en el Americana

Si la primera jornada de Americana se caracterizó por obras de autores que se encargaban de múltiples tareas a la hora de producir sus filmes, la segunda ha seguido por el mismo camino con el estreno de Buzzard de Joel Potrykus (director, guionista, montador, productor y actor secundario) y Cheatin’ del todoterreno Bill Plympton, única sesión de animación de esta edición que viene en programa doble junto al corto Deep end (2014).

Probablemente, Buzzard sea la película más rara del festival. Cierre de la trilogía animal de Joel Potrykus tras el cortometraje Coyote (2010) y Ape (2012), cuenta otra vez con Joshua Burge como su protagonista. En esta ocasión, Potrykus relata la vida de Marty Jackitansky, un trabajador de una agencia bancaria que se dedica a hacer pequeñas estafas para ir subsistiendo hasta que una de éstas se le escapa de las manos y se ve obligado a huir, primero en el sótano de un compañero de trabajo (interpretado por el propio Potrykus) y luego a vivir como fugitivo que malvive cobrando cheques robados.

Buzzard

Buzzard

Extravagante e irregular, Potrykus se muestra interesado en provocar. No duda en mostrarnos durante cinco minutos a su protagonista comiendo espaguetis. Incluso el propio director se somete a una secuencia en la que tiene que comer patatas que se deslizan por una cinta de correr. Sin embargo, no consigue mantener el equilibro en una obra que se divide claramente en dos partes que destapan las carencias de un director que cuando se sale de lo más convencional se pierde en provocaciones puntuales. Ambas mitades funcionan de acorde al status quo del protagonista. La primera es más convencional y estable, pero cuando el protagonista se encuentra en apuros y tiene que vivir como un fugitivo, la narración se vuelve más caótica funcionando en pequeños momentos y remontando el vuelo hacia el final cuando vuelve a cierta convencionalidad.

Cheatin’ es la primera película indispensable de esta edición de Americana. Con su estilo de animación sucio e impecable, Plympton narra la historia de amor de Jake y Ella que se conocen en una atracción de autos de choque cuando el primero salva la vida a la segunda en lo que podría haber sido un trágico accidente. A partir de aquí empieza una historia de amor radical y excesiva que va del profundo enamoramiento al más profundo de los celos y engaños cuando Jake cree que Ella lo está engañando. Evocadora y barroca, parece que Plympton recoge todas las geniales ideas que le han pasado por la cabeza y nos lleva por un túnel de sensaciones infinito en una historia de amor bastante física que muestra sexo explícito mezclándolo con gags al estilo slapstick con una naturalidad exquisita. Sin embargo, Cheatin’ se pierde en el apartado narrativo alargando excesivamente una trama que demuestra que Plympton no termina de estar cómodo con el formato de largometraje y termina con una historia densa y reiterativa que termina por dejar exhausto.

Cheatin'

Cheatin’

Finalmente, llegó el turno de Listen up Philip. La tercera película de Alex Ross Perry es la enésima disección del autor obsesivo y ególatra que ve en su entorno las causas de su fracaso y frustración como autor. Una historia que apenas aporta nada nuevo y que tiene en su actor protagonista, Jason Schwartzman, su mejor aval. Confieso que Jason Schwartzman no es santo de mi devoción y frecuentemente me parece un actor bastante irritante, pero en esta ocasión elabora un personaje tan fascinante como antipático que se muestra correcto en una obra que falla en su conjunto.

Alex Ross Perry pretende un relato satírico y ácido del autor alejado de la sociedad, obsesionado con trascender sin ceder en sus convicciones. Un autor que no duda en compararse a grandes figuras como Tolkien durante una sesión de fotografías en las que se niega a hacer lo que le pide el fotográfo y que encuentra en el personaje de Ike Zimmerman su proyección futura. Philip (Jason Schwartzman) se muestra encantado con esta imagen y se pierde entre su ego y sus ambiciones de autor alejando de su vida el afecto de su novia, una experimentada fotógrafa. Las palabras que le dedica a su ex nada más empezar la película se convierten en un leitmotiv a lo largo de la película. Le reprocha que quisiera alejarlo de su camino para convertirlo en un don nadie. Un camino, en el caso de Listen up Philip, que empieza de manera prometedora y termina con un final aburrido, denso y reiterativo. Alex Ross Perry falla en su intento de literalizar la película con una voz en off que narra los pensamientos de su personaje de la misma manera que haría una novela. Un recurso del que abusa y termina convirtiéndose en una losa más de una película que no quedará para el recuerdo y que se olvidará con la misma facilidad con la que Philip se aísla del mundo.

Listen up Philip

Listen up Philip

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