Críticas: Luna en Brasil

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Luna en Brasil

Mujer contra mujer.

El espíritu de Sydney Pollack sobrevuela las imágenes de Luna en Brasil. Hay en el filme de Bruno Barreto una evidente huella del desaparecido realizador estadounidense, que logró con cintas como Tal como éramos o Memorias de África renovar el drama romántico del Hollywood clásico con la introducción de elementos políticos y sociales o escenas de sexo que raramente aparecían en sus más claros referentes. Todo ello combinado con un cuidado diseño de producción, una banda sonora evocadora y una acertada dirección de actores.

Barreto, cineasta que logró el reconocimiento internacional con Doña Flor y sus dos maridos, parece fijarse en los filmes de qualité del estadounidense para contarnos la relación entre la poetisa norteamericana Margaret Bishop y la arquitecta Lota de Maceo Soares, famosa por ser la responsable del Flamengo Park de Río de Janeiro. Al igual que Tal como éramos o Memorias de África, nos encontramos con una historia de amor entre intelectuales dirigida a un público adulto que desea disfrutar de un melodrama sin los excesos del culebrón televisivo.

El realizador brasileño triunfa especialmente en la dirección de sus dos actrices principales. Miranda Otto borda su papel de escritora aparentemente frágil que sale de una particular crisis creativa cuando conoce a una mujer decidida que se comporta en muchos aspectos como un hombre, aunque tenga una gran sensibilidad que oculta tras una fachada de fortaleza. Glória Pires, por su parte, consigue que la aguerrida arquitecta no quede reducida al simple arquetipo de marimacho.

Luna en Brasil 2

Lástima que el autor de Cuatro días de septiembre desaproveche en cierta medida la fuerza de la historia y el estupendo trabajo de sus intérpretes principales. El realizador pretende imprimir a su película un cierto clasicismo que, sin embargo, parece más bien aburrido academicismo. En muchas ocasiones, la melancólica banda sonora y el esteticismo de postal restan intensidad a esta historia sobre dos personas llenas de talento y con caracteres distinto que  mantuvieron una relación lésbica nada oculta en el Brasil de los años cincuenta y sesenta.

El cineasta  fracasa también a la hora de mostrar el particular triángulo amoroso que las dos protagonistas formaron con Mary, antigua amante de la arquitecta y amiga de Bishop. El histrionismo con el que Tracy Middendorf aborda su papel de novia despechada que decide vivir con las dos mujeres que la traicionaron provoca que la película bordee peligrosamente el terreno de la telenovela. Tampoco resulta demasiado acertada la manera excesivamente superficial en la que se tratan los problemas con el alcoholismo de Bishop y la difícil relación de Lota con su progenitor.

Pese a todo, Luna en Brasil se ve con cierta curiosidad gracias a la labor de Otto y Pires, y a una historia que muestra un amor lésbico vivido sin ocultamientos y una familia muy alejada de lo tradicional en un tiempo donde la homosexualidad solía estar encerrada en un armario.

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