Críticas: Into the Woods

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INTO THE WOODS

Cuentos cruzados.

Las adaptaciones de cuentos infantiles se han convertido casi en un género cinematográfico en el siglo XXI. Además de  las versiones animadas de relatos clásicos producidas por Disney,  varias películas en imagen real se han propuesto acercamientos más heterodoxos, como los que ofrecían Blancanieves y la leyenda del cazador, Caperucita roja (¿A quién tienes miedo?) o Jack El caza gigantes, entre otras muchas. A ellos hay que sumar el pastiche posmoderno de la saga Shrek y series de televisión como la estadounidense Érase una vez o la española Cuéntame un cuento.

En medio de esta particular fiebre llega la versión cinematográfica del musical Into The Woods, obra teatral de Stephen Sondheim y James Lapine que se estrenó en Broadway en 1987. Curiosamente, el argumento de la obra parece adelantarse a algunas de las cintas para la gran pantalla que hemos visto años después: estamos ante una relectura de los cuentos clásicos con una perspectiva menos infantil de lo habitual. La trama entrecruza las peripecias de los protagonistas de Caperucita roja, Jack y las habichuelas mágicas, Rapunzel o La Cenicienta con elementos comunes en estas narraciones, como la figura del narrador o el bosque encantado. Eso sí, lo hace desde una perspectiva crítica, especialmente al comienzo del filme, donde se  pone en cuestión aquello de “Fueron felices y comieron perdices”.

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James Lapine, autor del libreto original, se atiene a esta estructura en dos actos de la obra para las tablas en el guion de la adaptación cinematográfica. En la primera parte de la película seguimos los pasos de un panadero y su mujer que tratan de conseguir la capa de Caperucita, los cabellos de Rapunzel, la vaca de Jack y el zapato de Cenicienta para entregárselos a una bruja que les librará de una maldición familiar. Una vez acabada esta particular versión de vidas cruzadas en versión cuento, el largometraje parece cuestionar la idealización de estas narraciones  mostrando a unos protagonistas más cercanos a los de la vida real y bastante menos simples. Pese a todo, su particular juicio a los relatos clásicos para niños resulta más bien superficial y un tanto obvio.

Rob Marshall, realizador que ya abordó el género musical en Chicago y Nine, dirige con corrección y escasa imaginación un material que pedía a gritos a un cineasta más imaginativo. Su tendencia al plano medio y su pulcritud restan fuerza a una película que pide a gritos mayor apasionamiento. Pese a todo, hay algunos números musicales espléndidos como el de Agony, donde los dos príncipes de la función le cantan a la particular desazón de no poder estar con sus amadas; It Takes Two, que resume perfectamente la relación entre el panadero y su esposa o Stay with Me, una momento donde Meryl Streep se luce en su registro más melodramático.

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No obstante, pese al ritmo irregular y una cierta dispersión, la película logra no hundirse en la mediocridad gracias a una maravillosa dirección artística, las estupendas canciones de  Sondheim y un magnifico reparto. Aunque casi todo el elenco brilla a gran altura, hay que destacar la labor de un espléndida Tracey Ullman, como la madre gruñona de Jack; un divertido Chris Pine, en el papel de príncipe de ensueño; unos entrañables  James Corden y Emily Blunt, dando vida al adorable panadero y su esposa, o  Meryl Streep, que se lo pasa estupendamente con el papel de bruja piruja.

En resumen, Into The Woods, como obra cinematográfica, es un pasable musical que llega un tanto tarde al subgénero de las adaptaciones heterodoxas de cuentos clásicos.

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