Críticas: Camino de la cruz

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La niña santa.

Camino de la cruz - Cinema ad hoc

Por Sergio de Benito:

En el primero de los catorce encuadres que atraviesan Camino de la cruz, símbolo de las estaciones de un calvario terrenal sin posibilidad de resurrección, ya pueden apreciarse las dos señas de identidad grabadas a fuego en la obra de Dietrich Brüggemann: por un lado, su marcadísima apuesta por el estatismo y la sobriedad formal; por otro, la voluntad de descomponer el proceso de adoctrinamiento que pretende convertir a hijos de nuestro tiempo en émulos de figuras místicas. Son muchos los adolescentes que reciben los consejos del Padre para ser soldados y combatir los simbólicos trazos del mal en el mundo, unas lecciones a las que pueden dotar de distintas interpretaciones. Pero la mayoría no tardan en desaparecer y pronto descubrimos que sólo interesa centrarnos en una de ellos, Maria Göttler, personaje destinado a reencarnar en lo meramente fisiológico el discurso espiritual que se le ha inculcado. También está marcada por la sombra de su madre, mujer de alarmante rectitud, pero comprendemos que no va a ser como ella, que seguirá un camino diferente pese a estar alimentada por una influencia similar.

El propósito no parece tanto impactar mediante la temática que introduce, la reproducción de las coordenadas de un mundo hermético dentro de los inescrutables límites que ofrece la sociedad actual, como hacerlo a través de una propuesta visual profundamente hermanada con el contexto. En los exteriores se aprecia una vida latente de fondo –la cámara contempla rígida el interior del coche, pero éste avanza por la ciudad–, mientras las secuencias eclesiásticas se muestran empapadas por el estatismo escogido como apuesta, como si fuéramos observadores de dos mundos que se dirigen hacia posiciones radicalmente opuestas a una velocidad cada vez mayor. Y, claro, se termina produciendo una ruptura, materializada en tres movimientos de cámara asombrosos por precisos e inesperados: la anunciada muerte que emana de la tradición, el tiempo si se quiere, se impone a la vida más pura, a lo que estaba destinado a permanecer. La bellísima secuencia final liga el destino de ambas realidades: es la estación que sepulta y culmina los avatares de un camino negrísimo, desprovisto de subrayados, que golpea precisamente por ahondar en el peso de lo que no vemos –esa muerte fuera de campo– frente a la turbia causticidad, colindante con el posthumor, desde la que también puede contemplarse la desconcertante cerrazón impuesta a sus seres. Brüggemann logra así lo más complicado, traspasar las fronteras de la obviedad argumental para ofrecer lo que podemos calificar rotundamente como una obra mayor, que refleja sin temblores el complejo surco que la entrega espiritual produce en lo cotidiano.

Camino de la cruz (2) - Cinema ad hoc

Por MariFG:

Habiendo esta Reforma nacido del liberalismo, del modernismo, está totalmente envenenada; sale de la herejía y desemboca en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Marcel Lefebvre – Fundador de la Hermandad Sacerdotal San Pío X.

Jesucristo es condenado a muerte en la primera de las 14 estaciones del vía crucis tradicional. María es condenada a seguir, a someterse y a ofrendarse a los preceptos del catolicismo más estricto, enemigo del Concilio Vaticano II, en la primera de las 14 secuencias que conforman Camino de la cruz, coincidentes con esas 14 etapas por las que pasó el hijo de Dios en su camino al sacrificio que hizo por los pecados de los hombres que, oh herejía, Juan Pablo II modificó y convirtió en 15. Aquí protegemos la fe verdadera con nuestra vida, si hace falta, adoctrina el sacerdote de la parroquia a la que acude María, a ésta y a un grupo de adolescentes como ella sobre la maldad contra la que deben luchar tras su Confirmación, en una primera escena que ya advierte del peligro y sobre todo de la capacidad de persuasión del fanatismo, en este caso religioso, sobre las mentes en plena formación de su personalidad.

Un tema éste que el director alemán Dietrich Brüggemann ha querido llevar a la pantalla con un guión que transmite escrupulosamente la disciplina férrea del catolicismo más cerrado sin dejarse llevar por la exageración o la distorsión que hicieran de ella una crítica explícita, optando por la sutilidad incluso en las escenas en las que el melodrama hace indicios de aparición. Pero también lo lleva a cabo a través de un espléndido y estudiadísimo mecanismo formal con el que enfatiza la opresión espiritual que sufre María por querer ser una devota católica tal y como le han inculcado y tener que luchar contra los, lógicos, anhelos adolescentes. Cada una de las 14 secuencias en las que se divide se encuentra enmarcada en un plano fijo, dentro del cual obliga a María, estupenda debutante Lea van Acken, a permanecer casi estática también. Una María encerrada dentro de un encuadre del que no puede y se resiste a querer salir; en el que el sentimiento de culpa se hace cada vez más intenso y asfixiante y del que sólo su alma es capaz de escapar por medio de tres únicos movimientos de cámara que acaban en un liberador y bellísimo travelling final. Bajo ese poderoso ejercicio de estilo, Camino de la cruz se muestra tan sobria como conmovedora; tan severa como osada; tan delicada como terrorífica.

Camino de la cruz (3) - Cinema ad hoc

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