L’Alternativa: Go Forth

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Go forth

Comienza L’Alternativa.

Una manada de buitres se abalanza hacia su víctima agonizante. La despedazan ávidos de carroña. Fundido a negro. Una imagen ciertamente terrible, descarnada… y terriblemente obvia si la imagen viene insertada detrás de un discurso sobre lo terrible de la guerra y la opresión del poderoso contra el débil.

A grandes rasgos, éste es el esquema de funcionamiento de Go Forth, una crónica sobre los trayectos, las idas y venidas de la (des)colonización, sus implicaciones políticas y sus desvíos sentimentales. Un documental que se articula en 3 grandes líneas: la entrevista, el found footage y la vista aérea que se corresponden con la palabra, la imagen y la metáfora.

Tres maneras pues de explicar la historia de una familia, de sus vivencias entre Argelia y Francia en momentos convulsos de sus historia, concretamente en el momento de la guerra de independencia entre estos dos países. A priori, un esquema interesante en tanto que cada de uno de estos elementos, y así sucede en el arranque del documental, no sólo se pueden complementar sino que en cierta modo se sugiera un forma de fusión entre ellos.

Go forth 2

El problema surge cuando las intenciones apriorísticas devienen en un rutina, en una planicie que oscila entre lo obvio, lo confuso y el simple relleno. No parece muy razonable que tras explicaciones ciertamente interesantes de su protagonista, la abuela del director, se nos obsequie con imágenes coloniales del África subsahariana. Cierto que el colonialismo fue global, pero se antoja como vínculo muy pobre entre las condiciones que se dieron en las cabilas algerianas y los poblados del África negra. Si a ello le sumamos la correspondiente dosis de imagen aérea, siempre buscando la misma idea de ir de lo micro (habitación o ventana de la protagonista) a lo universal (plano general del suburbio donde habita) se acaba por concluir que estamos ante obra que se repite, que (re)incide una otra vez en la misma idea y que, dado que se aborda un tema ya retratado en múltiples ocasiones, sólo podía resultar atractivo mediante la potencia de la forma. Potencia que se diluye como un azucarillo.

Por si fuera poco, en un desenlace absolutamente innecesario (bordeando lo esperpéntico) asistimos a un rellenado de metraje donde, aparte del recitado de todos los títulos de crédito, asistimos a la explicación de todo lo que hemos visto, como si el espectador no hubiera sido suficientemente inteligente para entenderlo previamente. Posiblemente esto es en el fondo, lo que desacredita más al documental, su poco respeto por el espectador, su falta de autoestima al no tener claro si ha funcionado como herramienta explicativa y sobre todo, la necesidad de alargarse por motivos entendemos meramente pecuniarios. En definitiva, un trabajo para autoconsumo de su autor del todo prescindible, no solo por su nula aportación cinematográfica, sino por su vaivén idiosincrático entre lo informativo y lo pretencioso.

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