FICX: Día 4

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Appropriate Behavior

Disparidad de propuestas en el ecuador del FICX.

Van pasando los días y casi sin darnos cuenta hemos dado carpetazo a la cuarta jornada del Festival Internacional de Cine de Gijón. Un día en el que ha habido de todo y en el que hemos esperado encontrarnos con cosas que finalmente nos han ofrecido sensaciones muy alejadas de lo que pensábamos que nos iban a dar, para bien y para mal. Hoy en Convergencias le tocaba el turno al film presentado por el crítico Víctor Esquirol del blog El séptimo arte, la película de Desiree Akhavan Appropriate Behavior. Presentada en el festival de Sundance de este año, Appropriate Behavior remite a personajes e historias ya vistas en el cine más independiente americano, mujeres solteras en busca de respuestas que den sentido a unas relaciones amorosas destinadas al fracaso como es el caso de la de la protagonista. La propia directora y guionista del film da vida a Shirin, una mujer bisexual de origen iraní que teme las reacciones de su familia si llegaran a enterarse de ese comportamiento (in)apropiado, pero aun más a no poder recuperar el amor de su ex novia. Mediante saltos temporales en los que nos va narrando todo el proceso de la relación entre ellas, y las consecuencias de la ruptura en el comportamiento de Shirin, Akhavan realiza una reflexión sobre la fragilidad de los seres humanos con respecto a la parte emocional de los mismos. Pero quizá porque Respire dejó muy alto el listón, la segunda película que se presenta en la sección Convergencias nos ha dejado un regusto algo agridulce por el que, por una parte cumple con esa reflexión de la que hablaba y con su manera tan honesta de retratar el ciclo vital de las relaciones amorosas, pero por otro se echa en falta algo más de mordacidad y de cinismo en un humor que no termina de funcionar de la manera en la que se esperaría que lo hiciera.

I'm Beso

I’m Beso

Mucho interés teníamos también en ver la película georgiana I’m Beso de la sección Rellumes, pero poco nos esperábamos encontrarnos con una película difícil con la cual se hace necesario un ejercicio de contextualización para poder sacar de ella algo más que el seguimiento de un adolescente en su día a día con sus pequeños problemas. Beso vive con su familia en un pueblo castigado a través de las guerras que ha sufrido el país en las últimas décadas, un pueblo en ruinas que a pesar de eso mantiene un carácter patriótico que obliga a sus jóvenes a sentirse fuertes y orgullosos de ser georgianos, o a respetar edificios que prácticamente se caen a pedazos porque para algunos siguen siendo patrimonio cultural. La familia de Beso es el fiel reflejo de todo esto: un padre inactivo debido a la catástrofe de Chernóbil al que no vemos nunca levantado del sofá, pero que cada vez que aparece lo hace gritando exageradamente y culpando a la sociedad entera de sus desgracias; una madre que también pasa el día discutiendo con su marido sin hacer nada para solucionar su vida; un hermano mayor gay que no ve el momento de huir del país para poder vivir su sexualidad con normalidad, y por último él, Beso, un adolescente criado entre las consecuencias de las crisis económicas y bélicas de su país, que canta rap con letras absurdas quizá para soñar que un día su vida podrá parecerse a la de los raperos que conducen Ferraris y tienen a las mujeres a sus pies. Un, casi se podría decir, retrato veraz de un pueblo, el georgiano, que a duras penas puede mantener la esperanza de salir de la miseria en la que se encuentra.

Life feels good

Life Feels Good

Más miedo nos daba a priori la película polaca Life feels good por aquello de estar basada en la vida de un hombre que durante 30 años fue diagnosticado y tratado como un vegetal, a pesar de poseer una capacidad intelectual normal bajo su discapacidad física. Sin embargo nos hemos encontrado con un film que escapa de las garras de la sensiblería y la pornografía emocional que ya hemos visto en otros que han pasado por el festival, para narrar la historia de una manera delicada en su propuesta formal y argumental que la hacen más que digna. Desde el punto de vista del propio protagonista, que a través de su voz en off expresa los pensamientos que con la palabra no puede, Mateusz, espectacular trabajo físico del actor Dawid Ogrodnik, va narrando su vida con un tono en ocasiones más cerca de la comicidad que del drama con reflexiones acordes a la edad que en cada momento va recordando de su vida. Sin ser una película especialmente brillante, Life feels good se postula de momento como la mejor opción de las películas a competición de la sección oficial que llevamos vistas hasta ahora, lo cual nos empieza a inquietar. Conservaremos la fe, que aun queda mucho festival.

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