FICX: Día 3

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Xenia

Rebeldes con causa en la tercera jornada del FICX.

La tónica general de las películas de hoy en el FICX ha sido la rebeldía. Rebeldía adolescente intrínseca de la edad; rebeldía ante un sistema que no funciona y ante quienes se rebelan contra las propias víctimas de la sociedad; rebeldía ante las consecuencias de un matrimonio enfermizo y rebeldía ante un país sometido a leyes que denigran los derechos de la mujer completan una jornada en la que lo más destacado ha sido el primer documental del que os vamos a hablar en este festival.

Comenzábamos la mañana con el visionado de la película griega Xenia que compite en la Sección Oficial a concurso. Una película que proyecta varios tipos de rebeldía desde la más personal hasta la de toda una sociedad. El protagonista, Dany, es un adolescente de 15 años abiertamente gay, que no para de comer dulces de cualquier tipo ni de provocar y seducir a hombres mayores a los que engatusa para sacarles dinero. Su hermano mayor, Odysseas, hace tiempo que se rebeló contra su familia pero cuando recibe la visita de Dany vuelve a hacerlo contra la vida monótona y vacía que lleva en Atenas. Ambos se sienten extranjeros en su propio país por las raíces albanesas que heredaron de su madre, un país que no les acepta como ciudadanos del mismo y que además se está rebelando contra la crisis que le azota de la peor manera posible para personas como ellos. El director Panos H. Koutras mezcla en Xenia la historia del viaje de los dos chicos para conocer sus raíces con la realidad onírica que Dany utiliza para evadirse de la frustración que siente hacia el mundo en el que le ha tocado vivir. Utiliza para ello varias referencias cinematográficas, algunas demasiado evidentes, y sobre todo musicales que son lo mejor de una película que comienza de manera muy potente pero que se va poco a poco desinflando hasta llegar a una segunda en la que las decisiones del guión no son las más acertadas. Una historia de amor que aparece de la nada, un enfrentamiento que dura demasiado y durante el cual hay momentos que rozan el ridículo por su nula razón de ser, y un cameo final delirante provocan que Xenia no llegue a ser todo lo interesante que a priori se presumía.

White bird in a blizzard

White Bird in a Blizzard

Rebeldía solapada en los personajes de White Bird in a Blizzard, la nueva película de Gregg Araki también a concurso en la Sección Oficial del festival, que sin embargo el director no traslada a un guión y una narración carentes de originalidad. No decimos con esto que ambas cosas sean malas, no lo son en absoluto, pero se echa en falta en la película algo más de sorpresa para contar una historia demasiado parecida a otras tantas. No es casualidad que lo más oído al salir del pase haya sido la comparación con American Beauty, y es que la película de Araki es un reflejo de ese tipo de familia aparentemente feliz con su american way of life, que de puertas adentro es un cúmulo de insatisfacciones. La desaparición de la madre de Kat, una adolescente de 17 años, es el punto de partida y el hilo conductor de la narración en off de ésta sobre su vida y sobre el desconocimiento que de la de sus padres tiene. A través de varios flasbacks vamos conociendo las frustraciones de esa ama de casa ahogada por su hogar, por una hija rebelde y por un marido inane que hacen de su vida una cárcel de la que no sabe cómo escapar. Con cierto toque indie y con unas interpretaciones notables por parte sobre todo de Eva Green y de Shailene Woodley, madre e hija respectivamente, White Bird in a Blizzard podría haber dado más de sí si no hubiera pecado de esa falta de originalidad de la que hablaba antes. Visible, sin más.

No land's song

No Land’s Song

Quien sí nos ha traído hoy una película bastante interesante tanto por su temática como por la manera de contarlo, ha sido el director iraní Ayat Najafi. No Land’s Song, coproducción por cierto franco-alemana, es el título del documental que compite en la sección DocuFICX y que sigue durante dos años la lucha de la hermana del director, la compositora Sara Najafi, para lograr celebrar en su país un concierto de mujeres solistas para un público general. Hasta 1979, año en que se instauró la República Islámica en Irán después de una revolución que derrocó el régimen de los sha y puso en su lugar el de los ayatolá, las mujeres habían tenido un papel en la sociedad iraní muy parecido al de las occidentales incluyendo a numerosas cantantes solistas que llenaban conciertos y clubs nocturnos. Todo eso acabó entonces y el Islam prohibió cualquier tipo de actuación vocal femenina en solitario para un público no integrado únicamente por mujeres. El documental de Najafi hace un repaso a aquellas mujeres y sus canciones al tiempo que es testigo de la frustración que supone para el grupo de mujeres, e incluso de hombres, que se embarca junto con Sara en el proyecto de recuperar ese derecho femenino a la vez que de reivindicar las canciones que sus antepasadas compusieron y cantaron. Con no pocos problemas, incluso en muchas de las charlas que Sara mantiene con las autoridades sólo escuchamos su voz a través de una grabadora oculta, el director consigue realizar un documental con una factura técnica impecable, delicada y sin tener que recurrir a la denuncia más descarnada para, de nuevo, volver a ver en pantalla una rebeldía con causa ésta más que necesaria para luchar con la cultura contra las desigualdades y la intolerancia. Ojo a la bellísima banda sonora compuesta por los temas que se cantaban hasta hace más de tres décadas en Irán.

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