Fancine: Día 6 y palmarés

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white god

Fin de la vigésimo cuarta edición del Fancine.

En White god, los adultos sólo hacen gala de la maldad, avaricia, carnalidad, mezquindad… La inocencia y la pureza de los otros seres, animales y niños, se refleja en su bondad, su lealtad y su capacidad para representar y admirar los mejores logros de la historia de la humanidad, pero también los peores. Kornel Mundruczo logra articular su visión de una sociedad podrida y el alzamiento de los inocentes a ritmo de música clásica. La historia que representa Hagen es la de la maleabilidad, del amor dentro del horror, como se cita antes de comenzar. Un can que se ve arrancado de los brazos de su familia para caer en una espiral de violencia y crueldad que podría ser la de cualquier otro perro, pero que cristaliza en revolución. Se comercia con ellos, se les explota, se les persigue, se les discrimina… Podríais sustituir la palabra “perro” por “inmigrante” en esta crítica y seguiría siendo válida. Al igual que con la reciente El amanecer del planeta de los simios, White god funciona mucho mejor cuando pone el foco en los cánidos, con el mérito añadido de manejar un material casi incontrolable, pues pondría la mano en el fuego por afirmar que apenas contadas escenas hacen uso del CGI. La filmación no sólo está hecha con nervio y personalidad, si no que también sabe emocionar cuando debe y tenernos en tensión cuando toca. Pero esto no deja de ser una ligera falla, pues el retrato del otro mundo, el humano, no es tan certero y en su respectiva comparación queda en evidencia.

De los arriesgados vaivenes que la cinta da entre géneros también se puede decir que salen bien parados: como drama familiar, como acción y como terror. Quizás Mundruczo crea que, a pesar de nuestras diferencias y las imposibilidades de comunicarse, existe un idioma universal que no todos podemos hablar pero si podemos comprender, quizás la escena que cierra White god sea sólo una representación literal de “la música amansa a las bestias”. Todo lo que muestra esa brutal y poética conclusión, que no deja de ser un momento de paz entre el ruido y la furia, bien merece la pena para tener en estima a esta película.

TUSK

Kevin Smith lo petó con Clerks hace ya 20 años. Si hubiese tenido ese éxito ahora, lo habitual hubiese sido que su segundo largo fuera una cinta de gran presupuesto y grandes efectos especiales. Pero él no es habitual, nunca lo fue. Ya en su momento no lo hizo y tras una larga carrera deja una filmografía repleta, pero con Tusk es cuando uno piensa que realmente ha hecho la película que le ha dado la gana y no ha necesitado una cifra de nueve dígitos para hacerlo. La combinación entre un horror terrible, Frankensteniano, con la comedia y el ridículo de la situación la lleva por el mismo camino que transitaran otras cintas bandera del horror como El ciempiés humano. Podría decir que esta peli nos habla del espíritu de supervivencia y de la cárcel que suponen los traumas para la psique humana o de la metáfora del animal interior, pero lo cierto es que el germen de Tusk es un podcast de improvisación, producto de una “relajada” conversación como podrían tener dos amigos fanáticos del género jugando con los clichés ridículos y exaltando lo grotesco, dos puntos con presencia aquí.

Siendo todo eso, me parecería bien, y así ocurre con muchas partes, pero el artefacto le ha quedado como su “criatura”: un parcheado un tanto monstruoso. Estas secciones a medio camino entre la chanza y lo horrible dejan espacios vacíos que llena una investigación nada interesante, con un inspector caricaturizado demasiado pesado en sus argumentos y ciertos trucos de guion para sumar músculo a la cinta. Pero no funciona así; es irregular, con lo que nos queda casi un tercio de la cinta prácticamente desechable. Nadie le puede achacar estos altibajos a una propuesta tan descarada y libre, pero están. Es más importante seguir haciendo el cine que a uno le da la gana.

cruel-and-unusual

Y el último texto de estas crónicas del Fancine irá dedicado a un palmarés que, en esta edición, ha estado tan poco repartido que sólo dos pelis ocupan casi la totalidad de los premios. El público y el jurado han coincidido en señalar a Cruel and unusual como mejor película de la Sección Oficial, a los que suma también de mejor guion y mejor actor. Un reconocimiento algo excesivo para una cinta con ciertas virtudes pero que copa una excesiva porción del escaparate de galardones. Alleluia era mi favorita personal y no se llevó el premio gordo pero fue reconocida con la mejor dirección, la fotografía y el premio a mejor actriz para Lola Dueñas. Quizás un premio más global hubiera sido una decisión más acorde. Con esto sólo quedan las migajas de los mejores efectos especiales para Goal of the dead.

Las crónicas de estos días están basadas en mis sensaciones subjetivas y no deberían ser sentencias de cara al público. Yo siempre abogo por la variedad y por ofrecer el mayor abanico de cine posible. Así, no olviden la interesante visión del slasher teen de David Robert Mitchell en It follows o la sobriedad de Shannon en Young ones o la negrura en el guion de LFO… Sigan disfrutando del cine sin complejos, como esperamos volver a hacer dentro de un año en el Fancine XXV.

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