Críticas: Los niños del cura

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Los niños del cura

Descafeinada sátira contra la religión católica.

Si hace unos años la sátira religiosa era algo irreverente y novedoso, a día de hoy es algo que se realiza con bastante asiduidad en los distintos medios audiovisuales y por tanto, hace más difícil la labor del que quiere levantar ampollas sobre el tema. El medio televisivo tal vez sea el mayor foco de ello, series como South Park o programas como Real time with Bill Maher, dedican mucho tiempo a hacer todo tipo de chistes al respecto y en ocasiones de manera bastante ingeniosa. El mayor problema que surge en Los niños del cura  de Vinko Bresan es que no escandaliza tanto como parece pretender. Claro, todo hay que situarlo bajo su contexto: estamos hablando de una película croata, que aunque se defina como estado laico, es un país en el que la religión es muy importante para la población.  Y tal vez nuestro principal es lo que se deriva de esto, que nos parece una película demasiado localista y cuyo humor no resulte ser tan efectivo más allá de sus fronteras.

Narrada en un largo flashback por el mismo protagonista, Los Niños del Cura cuenta la historia de Don Fabian, un joven clérigo que llega a una pequeña isla del Adriático para tomar posesión como sacerdote. Allí, además de encontrarse con una serie de extravagantes personajes, se encontrará con un principal problema: el índice de mortandad de la población es demoledor respecto al de la natalidad. Para solucionarlo decide, junto a otros dos ciudadanos del pueblo, pinchar preservativos e inhabilitar otros elementos anticonceptivos para fomentar los nacimientos de nuevos niños.

Los niños del cura 2

Vinko Bresan junto al coguionista y músico Mate Matisic se decantan por un humor paródico y de brocha gorda, los gags son absolutamente frontales y directos. La sátira y el tono humorístico están remarcados desde el minuto uno sin ningún género de dudas. Aunque sí que se produce a lo largo de la película una variación en el tono narrativo: un arranque con el montaje mucho más picado, concentrando también en esos minutos las escenas más paródicas del film. La narración es en este inicio como una colección de sketches televisivos con los que se describe a los habitantes del pueblo. Si bien el ritmo en cuánto a la imagen es muy ágil y está bien entroncado con la música compuesta por Matisic, el timing y la vis cómica del reparto no nos parece que esté tan afinado. Dentro del mundo esperpéntico y grotesco en el que nos introducen, hay elementos que chirrían: el primero y principal, el de su actor protagonista (Krešimir Mikić), que no acaba de dar con el tono adecuado en este empiece. En Los niños del cura se pone de relevancia la dificultad y la importancia de un buen intérprete para la comedia, un género para el que no está capacitado cualquier actor, que requiere de mucho talento y técnica. Esta primera parte del metraje es la más floja a nuestro parecer.

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Después, el tono humorístico se relaja mucho más. Bresan y Matisic conducen la historia hacia puntos más dramáticos, fundiéndose en esa atmósfera grotesca que decíamos y en la que los conflictos de los personajes cobran mucha más relevancia. Algo que no habían conseguido hasta entonces y que se echaba en falta, dado que los gags no eran tan brillantes como para sostener la narración y los personajes quedaban totalmente eclipsados. Y con ello, también mejora mucho el tono actoral de Mikić: donde antes estaba forzado en la comedia, sus acciones en la tragicomedia fluyen de forma mucho más natural. Y además de esa mezcolanza de géneros que levanta un poco el interés dramático y desarrolla mucho mejor los acontecimientos; la crítica que realizan hacia el catolicismo toma algo más de cuerpo y profundidad. No decimos con ello que la exploración sea muy compleja, pasando muy de puntillas por los conceptos del aborto, del abuso sexual en la iglesia o de la hipocresía que pueda existir entre sus integrantes.

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