Sitges 2014: Día 1

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Rec 4

El fin de una saga.

Aunque diversas han sido las propuestas que hemos visionado en esta primera jornada del Festival de Sitges 2014 (Creep, The Babadook, The Target) nos centraremos en la, por así decirlo, película estrella del día. Una calificación que viene dada a REC 4 por su doble condición de película inaugural y por ser el cierre esperadísimo de una saga no sólo exitosa en lo comercial sino que, en cierta forma, consiguió reinventar el subgénero zombie.

Este último capítulo, firmado por Jaume Balgueró en solitario, nos sitúa de nuevo en el punto de partida, o punto final de donde habíamos dejado la saga antes de la magnífica digresión contextual que era REC 3: Genesis. Sí, volvemos al emblemático edificio barcelonés de las dos primeras partes y, a pesar de la familiaridad que supone volver a la zona de confort argumental nos encontramos con el primer grave problema de la película. Estamos ante un introducción que lejos de generar expectativa lo que produce es estupor: en 2 minutos asistimos a cómo hacer una enmienda a la totalidad formal y temática de una saga. Sin justificación se prescinde de la cámara en mano y se concentra todo lo desarrollado en REC 2 en apenas escasos minutos. Como si esa parte de la saga nunca hubiera ocurrido.

Rec 4 2

A partir de aquí lo que sucede es del todo inexplicable. Desde un desarrollo argumental agujereado, inexplicado e incoherente se nos sitúa en un nuevo contexto. Un barco isolado en alta mar lleno de mercenarios paragubernamentales, médicos que trabajan para no se sabe quién y una Manuela Velasco que vuelve al mando interpretativo de la saga con la sensación de que estos años sin protagonizar una película se le han hecho muy largos.

REC 4 pretende situarnos en un nuevo territorio, ser, por decirlo de alguna manera el Aliens: El regreso de la saga, convirtiendo una peli de terror vitamínica en un casi thriller de acción y músculo. Los ingredientes están ahí: el laboratorio experimental médico, un espacio laberíntico y claustrofóbico, supersoldados con ganas de repartir balas y mala leche y una heroína claramente inspirada en sus modos en la Teniente Ripley.

Pero Balagueró, que suele demostrar buen tino fundamentalmente en el tratamiento de los personajes y su desarrollo íntimo, naufraga al encontrarse con un guión que no invita a ir más allá de los gritos y unos personajes que no pasan de caricaturas arquetípicas. El friqui informático, el mega cachas heroico, los soldados racistas chusqueros, etc. No hay ni tan siquiera un atisbo de humor, de acidez, y eso aún lastra más el panorama. Es la idea de que realmente la película se toma en serio a sí misma lo que le resta más credibilidad.

Rec 4 3

Por si fuera poco el tratamiento formal de los diversos elementos destinados a generar terror tampoco funcionan. Desde un exceso de subrayado tanto en los efectos de sonido como en la persistente e innecesaria banda sonora hasta el viejo truco de subir de volumen los gritos, los golpes de efecto pasando por la insoportable e inagotable tendencia de Manuela Velasco de gritar cada línea de diálogo hasta para dar las buenos días todo ello crear una sensación de amalgama indigesta, poco trabajada, que contraviene precisamente uno de los mayores aciertos de REC, la inteligencia y un cierto minimalismo a la hora de armonizar todos sus elementos.

La sensación es que Balagueró ha querido cerrar la saga dando el salto de esa sensación de montaña rusa o de atracción de feria que suponía la primera parte hacia una clausura más “seria”, más oscura si se quiere. Una idea que no es mala necesariamente pero que, al no funcionar como en este caso, supone una doble decepción. Por un lado el mal sabor de boca que supone siempre una mala película, por otro la sensación de que a REC 4 (y a la saga en general) no le hubiera ido mal continuar con su estilo gamberro. Así lo entendió Paco Plaza, así lo ha querido cambiar Jaume Balagueró.

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