Sitges 2014: Balance

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Sitges

Acaba el Festival de Sitges.

Un año más volvemos a casa tristes por ello y, como cada año, es obligado un balance final del festival, tanto en su vertiente cinematográfica como en su evolución a nivel organizativo.

El cine.  Los premios que reparte un festival son siempre motivo de polémica, por ello, y dado que cualquier persona concedería una lista de premios diferente, no creemos que entrar a juzgar la justicia de dicho palmarés sea oportuno. Lo que sí observamos es una tendencia constante bajo la dirección de Ángel Sala: la fidelización de autores primerizos mediante premios, aun siendo la película objeto de un recibimiento frío en el festival. Este año lo hemos visto con A girl walks home alone at night de Ana Lily Amirpour, por poner un solo ejemplo. Se entiende la oportunidad de captar nuevos talentos, pero no a costa de dar la sensación de comprarlos.

Pero independientemente de los premios, hemos presenciado una edición en que la calidad media de los films ha sido ligeramente superior a la del año anterior. Ha habido, por decirlo de alguna manera, una lima por la parte superior, donde no existe un consenso absoluto al respecto de haber contemplado una obra maestra pero, en contrapartida, por la zona baja de la tabla, por así decirlo, sólo nos han chirriado algunos productos absolutamente indignos del festival.

A girl walks home alone at night

A girl walks home alone at night

Lo que sí está claro es que si hace un par de ediciones hablábamos de encrucijada en la política del festival, ahora ya ha quedado claro que la intersección ha sido superada y que el camino está trazado, algo que, por supuesto, siempre es positivo, pero que no implica que la elección sea de nuestro agrado. En primer lugar, como comenta nuestro compañero Rubén Collazos  de Cine Maldito, da la sensación de que el festival sigue queriendo crecer pero a lo ancho en lugar de a lo alto. Resumiendo, Sitges ha decidido dejar de ser un festival de terror y fantástico, de género vamos, para querer equiparse a los grandes que todos tenemos en mente. La consecuencia es que más y más el género, especialmente el terror, se va viendo progresivamente marginado a sesiones de madrugada en favor de lo que se viene a llamar desvíos o bifurfaciones del género.O sea, films de autor.

No es que se tenga nada en contra de ello, pero éste no es su festival, no es su público (de origen). Se está potenciando el turismo cinematográfico, con gente que compra sus tickets sin saber muy bien a lo que va, sólo porque es un festival de moda y sobrepublicitado mientras se sigue dejando en la estacada a una audiencia más cinéfila que quizás le gustaría ver esas películas pero que no puede por:

  1. Masificación de público
  2. Ausencia de salas en Sitges (obviamente no es culpa del festival)
  3. Aumento de las películas proyectados y disminución de pases de las mismas

A todo ello hay que sumar una cierta decepción al constatar la gran cantidad (cada año hay más) de películas que o bien están ripeadas, o bien son preestrenos descarados. Cierto es que la fecha del festival no ayuda, pero tampoco es óbice para señalar que un festival ha de ofrecer una cierta exclusividad, una oportunidad para acceder a producciones que de otra manera sería imposible ver. Cuando uno puede visionar más más del 50% del programa a través de otros canales es que hay un problema muy grande.

Relatos salvajes

Relatos salvajes

Más allá del cine. El regusto que nos deja esta edición del Festival de Sitges, la sensación que uno se lleva, es agridulce. Efectivamente organizativamente ha sido menos caótico que el año pasado, pero hay que tener en cuenta factores como:

  1. La edición pasada fue, de largo, una de las peores en cuanto a problemas de toda índole. Apagones, retrasos, tickets y trato para la prensa B… Comparativamente pues, sólo se podía (y debía) ir a mejor
  2. La ausencia de algunos medios/personas que han decidido, visto lo visto, no acudir. Tendencia esta que parece irá en aumento a tenor de los comentarios escuchados.
  3. Lo que se nos transmite desde dirección es que se nos escucha, pero los cambios que se realizan son puras operaciones de maquillaje. Se sigue premiando al nombre del medio y no a la cobertura, por un lado. Por  otro se siguen “regalando” acreditaciones B sin tener en cuenta el trabajo realizado. Otra vez política de cantidad por encima de la calidad.

Claro que ha habido menos apagones (faltaría), pero lo sorprendente es que se magnifique como una gran mejora, cuando esto, simplemente, no debería pasar. Respecto al sistema de tickets para prensa sigue siendo tan desconcertante como sospechoso. El caso más patente fue el de Magical Girl, cuyos presuntos tickets desaparecieron en un segundo (literalmente). Ante esta tesitura muchos hemos optado por sencillamente ni intentarlo.

Magical Girl

Magical Girl

Lo que sí funciona, y no es achacable al festival per se, es la atmósfera que se vive en la localidad y en el festival. Sí, Sitges proveé de energía y buen rollo y crea sinergias entre los que allí nos desplazamos. En realidad uno tiene la sensación de que el festival se salva muchas veces precisamente por las experiencias compartidas con la gente, más que por la programación en sí misma.

El festival de Sitges ha acabado. Viva el festival de Sitges! Nos vemos allí el año que viene esperando ver nuevas y mejores películas y cómo no, disfrutando en compañía cinéfila.

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