Críticas: Caminando entre las tumbas

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Con aroma a cine negro.

El guionista y director Scott Frank se ha caracterizado por su interés en poner al día el thriller clásico. Entre los libretos en los que ha colaborado para otros realizadores se encuentran cintas que se pueden vincular de una manera u otra al género, como Morir todavía, Malicia, Prisioneros del cielo, Minority Report o La intérprete, entre otros.

En su todavía corta carrera como director parece reincidir en su gusto por un tipo de filmes que se podrían considerar como actualizaciones del cine negro. En The Lookout, su ópera prima, seguía los pasos de un chico con problemas psíquicos,  causados por un accidente de tráfico, que se ve envuelto en el atraco del banco donde trabaja. Su siguiente filme, Caminando entre las tumbas toma como base la novela homónima de Lawrence Brock para ofrecer una particular variación de las historias de detectives privados, a través de la historia de un antiguo policía que investiga el asesinato de la esposa de un narcotraficante.

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A pesar de su corta carrera como director, las dos películas dejan patente la personalidad de Frank. En ambas cintas nos encontramos a dos personajes torturados por el pasado y con cierta conciencia de perdedores. Por otra parte, al realizador estadounidense parece interesarle más la creación de ambientes y personajes que las escenas de acción, aunque él se mueva con cierta solvencia en ellas, como demuestra el magnífico prólogo de su segundo largometraje.

Además, queda patente el acercamiento del cineasta a los clásicos del género negro con una historia enrevesada, llena de personajes oscuros, referencias a detectives como Sam Spade y Philip Marlowe, o la presencia de un sidekick o ayudante, figura que aquí asume un adolescente negro bastante listillo.

Frank triunfa en la creación de una atmósfera oscura y logra que la película se siga con cierto interés gracias a su sabia elección de Liam Neeson como protagonista. El actor norirlandés, que se ha convertido en una figura del cine de acción gracias a la franquicia Venganza  y a thrillers como Sin identidad  o Non Stop (Sin escalas), logra hacer creíble, sin necesidad de recurrir a innecesarios aspavientos,  su papel de  antiguo policía ex alcohólico que parece estar de vuelta de todo.

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Lástima que un guión demasiado enrevesado y algunos personajes secundarios al borde de la caricatura lastren una película que promete más que da. Especialmente poco afortunados son los personajes del cabecilla sádico de los asesinos, encarnado por un histriónico David Harbour, o el repelente chaval que acompaña al protagonista.

No obstante, pese a sus defectos, Caminando entre las tumbas puede considerarse como un curioso intento de actualización del cine negro clásico con mejores intenciones que resultados.

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