Críticas: Blue Ruin

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Blue Ruin - Cinema ad hoc

Venganza y vínculos sanguíneos.

En una casa cualquiera de una ciudad prototípica de la Costa Este americana, alguien parece relajarse de su rutina durante unos instantes en la bañera. Pero de repente sorprendemos al individuo, ante la llegada de los inquilinos reales, escabulléndose por la ventana para comenzar a deambular por una población en la que malvive dentro de la ruina azul del título. El arranque de Blue Ruin, conciso y con escasísimos diálogos, sirve para que comprendamos la idiosincrasia de un personaje desastroso que a la postre se adueñará de toda la película, un thriller de venganza bastante atípico que no renuncia a incorporar toques de humor a su descarnada trama.

El joven Jeremy Saulnier –autor anteriormente de la comedia de terror Murder Party–, auténtico hombre orquesta que se ocupa de la dirección, el guión y la fotografía, asegura que no ha pretendido hacer una declaración sobre ninguno de los temas que aborda, sino más bien centrarse en pulir la narrativa y entretener al público. A juzgar por los resultados, ha cumplido con creces: Blue Ruin logra ser tan introspectiva y oscura en su tratamiento de odios dotados de tintes casi ancestrales como sorprendentemente ligera en un visionado que no otorga un respiro, facilitando la digestión de un relato tan sencillo en su estructura como poseedor de una terrible naturaleza que enfrenta al ser humano con su lado más turbio, sin permitirse tomar una desviación de su camino por mínima que pueda ser.

Blue Ruin (2) - Cinema ad hoc

Lo consigue, entre otras cosas, gracias a una cuidada planificación capaz de aportar información a partir de detalles visuales sin recrearse en ellos, virtud que también posibilita el efecto de la mencionada presentación de ecos coenianos. Saulnier sabe a qué punto quiere llegar al descubrirnos al calamitoso y malherido por la vida Dwight, seccionado además a través de un radical cambio de aspecto físico que representa la forzada evolución de su actitud ante la vida. Al carisma del personaje ayuda la presencia de un inmenso Macon Blair, gran descubrimiento que no en vano es el mejor amigo del director, que diseñó todo el proyecto a su alrededor y confió en él para sostener a un protagonista que oscila entre la seca tragedia y una comicidad rayana en la ternura.

Todas estas virtudes no hacen olvidar que nos hallamos ante un relato crudo, cuya solidez visual añade empaque a una turbia historia sobre irrenunciables vínculos de parentesco, con dos familias típicamente americanas representadas como auténticos clanes cuya mezcla deriva inevitablemente en fatalismo y baño de sangre. Detrás de todo este cúmulo de venganzas y revelaciones subyace la inexperiencia de un Dwight sin nada que perder, que queda enterrado por su torpeza mientras la violencia desatada se revela como algo aterrador y crecientemente absurdo ante la inevitabilidad de la muerte. De hecho, en un último golpe que aporta misterio al discurso no carente de cierta ironía de la película, Saulnier dedica la obra a la memoria de su padre recientemente fallecido.

Blue Ruin (3) - Cinema ad hoc

Si hubiera que prescindir de todo este texto y definir Blue Ruin con una frase, podríamos afirmar que se trata de un thriller sobre las razones que llevan a alguien a mear en una tumba. Una obra que consigue sus propósitos gracias a una inusitada concreción que se traduce en no querer marcarse objetivos mayores que aquellos a los que induce su material, lo cual se agradece enormemente. Revela, además, el talento visual y narrativo de un Jeremy Saulnier cuyo exitoso paso por Sundance, Cannes, Toronto y Gijón no puede tildarse de casual, al que sin duda habrá que seguir la pista a partir de ahora.

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