San Sebastián 2014: Día 4

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Phoenix

Día 4 de San Sebastián.

Parece empeñado el director Christian Petzold en revisitar la historia de su país, en reescribir los hechos que han marcado su devenir a lo largo del Siglo XX. Si ya en Barbara apuntaba en esta dirección, enmarcando su film en la división este-oeste a finales de la década de los 70, con su nueva película, Phoenix, retrocede aún más para situarnos en la génesis de esa escisión, en una Alemania en ruinas tras el armageddon de la II Guerra Mundial.

El mito heleno del ave Fénix hace mención a renacer de las cenizas, a vencer a la muerte, a reconstruir, en definitiva, y ésa es precisamente la clave para desentrañar el film de Petzold, ya que esta reconstrucción en su película se concreta en tres aspectos: 1) el meramente físico, una mujer con el rostro destrozado tras una ejecución fallida en los campos de exterminio, 2) el afectivo, un matrimonio roto sobre el que recae la sospecha de la traición y 3) el geográfico/político, en la Berlín gris ceniza gracias a los bombardeos aliados. Tres facetas que ejemplifican la destrucción física, moral y económica que conllevó el legado del nazismo. Sería difícil decidir cuál de estas tres vías resulta más importante en la construcción del film, en el fondo nos parece que el gran acierto de Phoenix es reflejar lo general en lo individual, representar la tragedia de un país sobre el cuerpo de una mujer (fascinante, una vez más, Nina Hoss) que lucha por romper el hechizo impuesto, inadvertidamente, por su propio marido: “Nadie va a mirar a los que vienen de vuelta de los campos”. La vergüenza, a veces, es el mejor de los disfraces.

Haemoo

Haemoo

No sé si es del todo correcto pero al menos nos parece divertido ver Haemoo como una suerte de homenaje a ciertos cánones del cine coreano, o al menos de cierto cine coreano, una primera parte de presentación de personajes aparentemente plácida, seguida de un segundo tramo donde un hecho perfectamente aleatorio desvela la psicosis oculta hasta ese momento, un conjunto culminado en una festiva explosión de hemoglobina, vísceras, sexo y… martillos, una maravillosa summa de las obsesiones del país (al menos cinéfilamente). “Todos los coreanos están enfermos. Sólo son capaces de pensar en follar” decía una de las protagonistas de En otro país (Da-reun na-ra-e-suh, Hong Sang-soo 2012). Viendo la película de Shim Sung-bo, debemos negar hasta cierto punto la, por otra parte, brillante máxima hongsangsooiana. Y es que aunque se refuerza la idea que el resultado de adicionar explosión demográfica+espacio limitado+estrictos tabús sociales da como resultado esquizofrenia, las manifestaciones de ésta son múltiples y complementarias: el miedo a la crisis económica y la obsesión por la estabilidad laboral, la fidelidad a la estructura estamental establecida como la única garante del orden cosmológico y claro, también el coito como salida explosiva de las tensiones acumuladas (nada de amor por aquí, lo siento). “Todos estamos en este barco” dice en un momento uno de los protagonistas, si interpretamos esta frase en su sentido más amplio, es decir, si consideramos al pesquero sin rumbo, perdido en la niebla, como un microcosmos del país, sólo nos queda rezar por Corea, rezar muy fuerte.

Loreak

Loreak

Nos sentimos muy afortunados de que una película como Loreak esté presente en la Sección Oficial de un Festival como éste. Y es que quizás se podría pensar en condescendencia, en intenciones de potenciar un producto eminentemente vasco con una finalidad más política/social que puramente cinematográfica. Pueden salir de dudas, en absoluto se trata de eso, es más, de todos los dramas de componente familiar que llevamos hasta el momento en este 62 Zinemaldia, y son ya unos cuantos, el que firman Goenaga & Garaño nos parece de lejos el más solvente y acertado. No sólo por el tono de cercanía utilizado para contar su historia, lejos del abuso de la pornografía emocional que parece haber conquistado, por ejemplo, las tierras danesas, sino por la que quizás es su mayor virtud, la capacidad de transmisión de sus imágenes, pequeños aperitivos que sugieren retazos de acciones futuras. Sutileza es un hermoso término y más en el cine.

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