Críticas: Operación Cacahuete

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Operación cacahuete

Anacronismos para infantes.

Allá por 2005, cuando la industria de la animación digitalizada estaba ya copada por Pixar y Dreamworks, y había dado títulos como las dos primeras partes de Toy Story, Buscando a Nemo o Shrek, el animador canadiense Peter Lepenoitis saltó a la dirección con un primer corto en el que narraba el cruce entre el robo de un banco y el robo de un trozo de pizza por parte de una ardilla y una rata. Surly Squirrel carecía de la madurez técnica de las películas que llevaban a cabo los estudios de sus vecinos del sur, pero poseía un guión dinámico a la par que más oscuro de lo habitual en historias infantiles animadas que le llevó a conseguir el premio del público en los festivales internacionales de Ottawa y Palm Springs.

Casi diez años después, Lepenoitis salta al largo en solitario con una coproducción entre Canadá, Estados Unidos y Corea del Sur, para desarrollar la idea de aquel corto manteniendo a sus protagonistas y creando nuevos personajes con una técnica mucho más depurada pero sin la frescura y la originalidad vistas en Surly Squirrel. La acción de Operación Cacahuete, la película en cuestión, se sitúa en un parque de una ciudad estadounidense. Los habitantes del mismo, ardillas, mapaches, topos o marmotas entre otros, buscan desesperadamente comida para poder pasar el invierno que se presenta bastante crudo. Por su parte, la ardilla Surly junto a su fiel compañero la rata Buddy, actúa independientemente de los demás y busca su propia comida sin ninguna intención de compartirla. Cuando Surly es desterrado del parque por provocar accidentalmente el incendio del árbol donde se guarda la comida, encuentra en la ciudad un almacén de frutos secos por el que tendrá que pelear por él contra sus antiguos vecinos y contra los mafiosos dueños del mismo que lo utilizan como tapadera para atracar un banco.

Cacahuete 2

Supuestamente ambientada en los años 50, aunque dado el argumento y su desarrollo plagado además de anacronismos podría estar ambientada en cualquier época incluyendo la actual, la cinta no logra transmitir el descaro y la tensión que se le presuponen al principio de la misma en el que conocemos al insolente rufián dispuesto a robar para su propio beneficio que es el protagonista de la historia. El principal problema de Operación Cacahuete es la falta de chispa, gracia, ingenio o como lo queramos llamar de un guión y un diseño de personajes planos y sin ningún tipo de carisma. Y no es que el argumento no sea interesante, o que no tenga los mensajes que prácticamente todas las películas de animación destinadas al público infantil destilan: la amistad, la necesidad de compartir con los demás, y por encima de todo el triunfo del bien sobre el mal y, como no, la redención. La cuestión es que peca tanto de falta de originalidad en sus conflictos y en sus bromas, como de exponer ambos aspectos de una manera demasiado insulsa. Presenta quizá demasiados personajes secundarios de los que no sabe explotar como debiera las características más divertidas de alguno de ellos. Así, el supuestamente pícaro Surly, el ridículamente engreído Grayson o la ingenua perrita Preciosa, se quedan a medio gas sin provocar carcajadas que no provengan de (contadísimos) gags visuales o de chistes de pedos.

Cacahuete 3

Sin diálogos ingeniosos que nos hagan recordar los mejores trabajos de Pixar, Operación Cacahuete se queda en una aventura que entretiene a los más pequeños por su ritmo desenfrenado, pero que no cala en su memoria con situaciones o personajes que puedan recordar y admirar una vez terminada la película. Aun menos obviamente para un público adulto al que sólo se le sorprende en los créditos finales con un número musical del todo inesperado, protagonizado por el propio intérprete de la canción coreana más tarareada y bailada de los últimos años. Sí, ésa que estáis pensando y que se baila dando saltitos.

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