Críticas: Locke

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Locke - Cinema ad hoc

El individuo frente al entorno.

Existía cierta expectación ante la segunda película como director de Steven Knight tras haber firmado Redención, un vehículo para el lucimiento de Jason Statham que voló algo por encima de la media gracias a su labor. No obstante, del veterano guionista británico habían surgido ya dos obras del calibre de Negocios ocultos (Stephen Frears, 2002) y Promesas del Este (David Cronenberg, 2007). Las imágenes nocturnas de un edificio en construcción, cuyos cimientos todavía están siendo colocados, son protagonistas de los primeros instantes de Locke. La crisis ha propiciado que en el cine de los últimos años abunden los personajes que toman decisiones a gran escala, manejando a miles de personas anónimas como marionetas de sus aciertos o desatinos. En los primeros compases de la película de Knight es fácil pensar que su protagonista es uno de ellos, puesto que ocupa un cargo con cuya responsabilidad vive día y noche. Pero poco después uno se da cuenta de que el Locke del título es ante todo un hombre corriente, capaz de hundirse a sí mismo y a sus seres queridos si da un mal paso en la tarea de la que siempre se ha ocupado de modo ejemplar.

Locke (2) - Cinema ad hoc

Por las vías de circunvalación de una gran ciudad transitan, una noche cualquiera, infinidad de automóviles. Knight se centra en la historia de una de esas luces ahogadas entre asfalto, la de Ivan Locke, de cuyo vehículo no nos separamos durante la escasa hora y media de duración de la película; un personaje que soporta y asume en soledad las consecuencias de sus actos en un mundo que tiende a ignorarlas, y que ha de lidiar con el tormento de los graves errores que ha cometido. Como se repite varias veces, la diferencia entre nunca y una vez le dejó marcado a fuego. La debilidad humana, materializada en una joven depresiva y frágil a la que únicamente escuchamos, habita en las entrañas de una película más oscura de lo que aparenta, que también habla de la necesidad de purgar nuestras herencias para salir adelante, circunstancia explicitada en los tensos monólogos del protagonista contra la figura paterna ausente.

Locke (4) - Cinema ad hoc

En la inspirada madurez del ejercicio se palpa el vasto oficio del propio Knight, que ha comenzado a ejercer la tarea de director con más de dos décadas de carrera cinematográfica y sobre todo televisiva a sus espaldas. Si el protagonista es por encima de todo consecuente con cada una de sus acciones, el director y guionista también hace de ello su mayor virtud. Sin sucumbir a las trampas que plantean muchos cineastas que desarrollan sus historias en tiempo real o en un único escenario, opta por dinamizar la narración alternando planos del interior y exterior del coche, además de jugar de modo harto sugerente con el reflejo del protagonista y del resto de luces de la carretera. El individuo se halla frente a la ciudad, soporta junto a su carga la de una serie de personas que provocan que en ningún momento podamos pensar que está solo, a pesar de que no veamos a ningún otro actor en toda la película. Su gran mérito es conseguir que no nos olvidemos de que el destello del coche de Ivan Locke es tan sólo uno de tantos que viajan por la carretera, el de un hombre anónimo que lucha a brazo partido contra sus debilidades. De este modo, consigue vincular a un personaje logradísimo con una lectura mucho más universal; así como la afición por el equipo de fútbol local ejerce como sólido hilo que une al hombre a punto de perderlo todo con su familia –a través de un partido utilizado, además, de manera modélica para mantener la tensión en tiempo real–.

Locke (3) - Cinema ad hoc

Otro de los grandes aciertos de Locke es su casting. Si es destacado el acierto de que el único actor que aparece en el plano esté continuamente acompañado gracias a la constante actividad de su línea telefónica, la brillante interpretación de Tom Hardy hace el resto. Su aparente hieratismo, que estalla en contadas ocasiones, encaja como un guante con un personaje que lleva consigo una carga demasiado grande como para que nosotros la percibamos de manera totalmente explícita. Destaca también que el resto de individuos, de los que únicamente podemos oír la voz, estén interpretados por actores británicos de la talla de Olivia Colman o Ruth Wilson, cuya excelente labor expresiva posibilita que prácticamente consigamos visualizar a quienes no son más que el eco que moldea al protagonista absoluto a través del manos libres del coche. Su sobriedad contrasta con el histrionismo latente, siempre expulsado del plano, en una suerte de sublimación de la propuesta de la que la película sale vencedora.

Locke (6) - Cinema ad hoc

Steven Knight logra ir más allá de la anécdota gracias al estricto cumplimiento de lo que plantea, sin desviarse un milímetro de un objetivo encomiable. Del mismo modo que Locke planta cara desde la estrechez de su asiento a la irresponsabilidad congénita de su entorno, consigue manejar la situación sin perder los papeles. Ni siquiera podemos saber con certeza qué pasará con él, quizá todo se resuelva a la mañana siguiente o tal vez su vida quede marcada por esa hora y media de la que hemos sido atentos testigos. Al fin y al cabo, no es más que un humano. Su coche sigue circulando, la ciudad continúa viva.

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