Críticas: El niño

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El niño - Cinema ad hoc

Luis Tosar lucha contra el narcotráfico en Gibraltar.

El director Daniel Monzón logró a finales de 2009 lo que tantos productores españoles llevaban tiempo intentando sin dar con la tecla. Es obvio que en el inapelable fenómeno social en que se convirtió Celda 211 tuvo mucho que ver la inteligente construcción de un personaje carismático, ese Malamadre encarnado por Luis Tosar, pero también el hecho de estar auspiciada por una televisión que le dedicó horas de su parrilla. Han pasado casi cinco años, Telecinco forma ahora parte de Mediaset España y El niño, la nueva película de Monzón, lleva meses siendo promocionada a bombo y platillo, la única vía que parece existir hoy en día para que una película nacional alcance el éxito popular, incluso podría decirse que de forma anticipada a su estreno. De un modo bastante oscuro, las campañas publicitarias han pasado a formar parte de las valoraciones de películas totalmente independientes a ellas, hasta a modificarlas según sus resultados. Pero ese es otro tema.

El niño (2) - Cinema ad hoc

El grueso del equipo de Celda 211 repite ahora su tarea en un nuevo thriller que no oculta, en su forma y fondo, las intenciones de conectar con un espectro de público de amplitud similar, pero tampoco renuncia a la misma perspicacia que consiguió que aquella obtuviera incluso cierto prestigio. Se nota que Daniel Monzón, que comenzó muy joven a ejercer la labor de crítico, ha mamado el cine suficiente como para saber otorgar entidad a un producto diseñado y ejecutado milimétricamente sin renunciar a ciertos detalles estilísticos y argumentales. El arranque de la película nos sitúa ante lo que parece un relato de espionaje clásico. En el estrecho de Gibraltar, punto álgido del tráfico de drogas a gran escala, tres naciones y sus realidades quedan separadas por escasos kilómetros. Allí, entre enormes cargueros y sudorosos chiringuitos de playa, transcurren paralelas dos historias que muestran la gran cantidad de intereses personales que se cruzan en un tablero tan inabarcable.

Por un lado, la brigada antidroga de la zona lleva años tratando de descabezar al monstruo, topándose siempre con infinidad de intermediarios que convierten la tarea en imposible. La fuerza recae aquí en el peso de tres de los mejores intérpretes del país: Luis Tosar, Sergi López y Eduard Fernández convierten el más irrelevante de los diálogos en una gozada con su simple presencia. Resulta obvio decir que ninguno tiene entre manos el personaje de su carrera, e incluso responden a marcados clichés en sus historias familiares, pero su carisma basta para disparar la película. A ellos hay que sumar al único personaje femenino del cuerpo, encarnado por Bárbara Lennie, quizá algo desdibujado para el peso que acaba cobrando en el desenlace.

El niño (3) - Cinema ad hoc

Sorprendentemente, la segunda línea cobra un mayor interés en su presentación, además de revelar un inusitado duelo entre actores veteranos y principiantes. Nos muestra a dos jóvenes, encarnados por el descubrimiento que es el novel Jesús Castro y una cara más familiar como la de Jesús Carroza, que intentan prosperar mediante la ilegalidad. La odisea de dos descerebrados que ejercen como peones de un sistema sin piedad es totalmente creíble, e incluso esboza un apunte sobre la crisis y la falta de oportunidades que asola a los jóvenes del país. Si bien la película no es Hermosa juventud (Jaime Rosales, 2014), tampoco se queda corta en un retrato que además brinda ciertos toques cómicos a partir de la ingenua estulticia de ambos. De las múltiples películas contenidas en El niño, quizá sea la mejor llevada a cabo, aunque no tarde en quedar cercenada por una historia de amor interracial de la que puede decirse todo lo contrario: parece exigencia de la casa madre por más que, en líneas generales, aquí se logre integrar bien las ineludibles concesiones en un conjunto mastodóntico.

Porque, donde el guión de El niño falla, sabe agarrarse a su tremenda labor de producción para salvarse. Los euros invertidos lucen inmejorablemente, no tanto por la consabida espectacularidad de las secuencias de acción como por la capacidad de Monzón para imprimir tensión y convertirlas en capitales dentro de su relato. Un relato que pierde fuerza cuando ambas tramas confluyen, funcionando con menor eficacia que cuando discurren paralelas; pero conservando el mérito de presentar a tantos personajes con entidad propia y líneas accesorias sin sucumbir en el intento, mezclando bien el espectáculo con las miserias. Aunque su tramo final abusa de los giros y supuestos golpes de efecto, algunos de los cuales sobran en una propuesta que hasta entonces transcurría por otros derroteros.

El niño (4) - Cinema ad hoc

Cuando han pasado más de dos horas sin pestañear, uno perdona, y hasta comprende, que Monzón no haya podido terminar de meterse en el fango y otorgar a su propuesta el broche final que hubiera merecido. El niño acaba sabiendo a entretenimiento solvente por encima de todo, consciente de sus limitaciones a pesar de bañarlas en ocasiones en una tibia grandilocuencia. Supone un nuevo logro de un director que, más allá de circunstancias y reconocimientos, deja claro su oficio en cada película.

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