Críticas: #Chef

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Cocineros tuisteros.

Después de comenzar su carrera como actor de películas tan variopintas como Swingers o Equipo a la fuerza, Jon Favreau saltó a la dirección en 2001 con Crimen desorganizado, de la que también firmó el guión. Desde entonces su labor se ha movido en el terreno de las megaproducciones, dirigiendo con solvencia para grandes estudios libretos ajenos en títulos tan celebrados como las dos primeras entregas de Iron Man, a la par que continuaba con su prolífica trayectoria interpretativa. Trece años después de su debut, Favreau vuelve a trabajar con un guión propio, en el que también asume el papel protagonista. El argumento de #Chef resulta revelador por las sorprendentes similitudes con la carrera del cineasta: un cocinero, habituado a aplicar una repetitiva fórmula que brinda éxitos económicos a un restaurante que no es de su propiedad, decide volver a la sencillez de sus orígenes a través de una cocina ambulante de platos tradicionales latinos regentada por él mismo. Demasiadas coincidencias como para pensar que son fruto de la casualidad.

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Conocer los orígenes del director añade un punto de interés a su película, pero no son el principal aliciente. Porque #Chef intenta integrar el uso de las redes sociales, fundamentalmente Twitter, en la trama. El personaje principal sufre una afrenta motivada por un bloguero de moda, una especie de versión 2.0 del Anton Ego de Ratatouille, que genera contra él una mofa viral completamente creíble y desata el conflicto que da forma a la trama. Acostumbrados como estamos a ver en pantalla una utilización de las nuevas tecnologías totalmente alejada de la realidad, la película de Jon Favreau resulta fresca e incluso innovadora a la hora de integrarlas en su planteamiento. La aparición constante de tweets o capturas de pantalla sirve en todo momento a lo que está contando y no irrita, lo que ya supone un logro.

Sin embargo, el desarrollo posterior de #Chef no es un dechado de originalidad. Aunque se nota que Favreau ha construido su historia con cierto mimo, no puede huir de las limitaciones que comporta la confección de un reparto cargado de nombres célebres, pero en el que más de la mitad de los actores no tiene personaje alguno que defender. Así, por su metraje desfilan Sofía Vergara en un papel florero de esposa cubana, Scarlett Johansson como joven camarera con la que escarcea o Robert Downey Jr. introduciendo su toque satírico en una breve escena que pretende ser de las más cómicas. Ninguno de ellos llega a aportar más que su simple presencia. Algo parecido se puede decir del cargante trasfondo latino, que abusa de la repetición de canciones o situaciones que son meros clichés. Los cubanos en Miami se limitan a comer y bailar, por supuesto melodías conocidas por todos. Llegados a este punto es de agradecer que Favreau no pretenda en ningún momento abarcar más que la superficie del terreno, pero es difícil esquivar la sensación de que se trata de situaciones excesivamente impostadas.

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Aunque la sencilla idea inicial se encuentre estirada hasta casi dos horas de duración, a todas luces excesivas, la misma escasez de pretensiones de la que adolece es la que acaba convirtiéndola en el visionado ligero y complaciente que busca ser. También se agradece que, a pesar de escarbar en un terreno tan manido como el de las relaciones paternofiliales, sepa hacerlo sin sucumbir a la trampa de lo lacrimógeno ni resultar excesivamente sensiblera. #Chef parece muy consciente de que su principal punto fuerte no son las emociones, e intenta potenciar el buen rollo y la complicidad con el espectador como únicos motores de una historia que conocemos de sobra, pero que cuenta en esta ocasión con un inesperado interés extra: la caída y resurgimiento de un personaje público a través de las omnipresentes redes sociales es una guinda tan sabrosa que mejora toda nuestra percepción del plato.

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