Paris Cinema 2014 (y III)

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Paris cinema

Telón a la cita parisina con el cine.

Y llegamos al último día desde el Palacio del cine de Paris, con el Premio del Público ya desvelado y con un Festival que ha encontrado su lugar, pero que tiene aún que perfilar ciertos flecos para resultar ineludible dentro del panorama festivalero francés. Ninguno de estos flecos corresponde a la programación, ya que esta selección de sorpresas de los diversos festivales europeos ha dejado una lista de títulos cargada de nombres a recordar. Y como prueba, las dos que incluimos aquí: Kreuzweg y la ganadora del Premio del Público: Party Girl.

La osadía de Dietrich Brüggemann en Kreuzweg es digna de admirar. Primero por el tema, ya que Dietrich nos presenta el Vía Crucis (traducción del título original) de una joven de 14 años llamada María. La conoceremos como la alumna aventajada dentro del curso de preparación a la confirmación de una pequeña comunidad religiosa que se opone a todo aperturismo que estableció el Concilio Vaticano II, en este largo plano fijo y sin cortes, que nos recuerda irremediablemente al cuadro de La última cena de Da Vinci, presenciamos no sólo la violencia con la que el sacerdote los arenga para oponerse a los peligros del nuevo mundo convirtiéndose en soldados de fe, sino que vislumbramos en María una fe ciega y un deseo patente desde el principio de entregar su vida a Dios. A través de las catorce estaciones de la cruz que establecen un paralelismo evidente entre la vida de Jesús y María, vemos las grandes batallas que ésta tiene que luchar: una madre asfixiante y controladora que vigila para que no caiga en las garras del mal que supone la adolescencia y la modernidad; unos compañeros de clase que se mofan de sus fuertes creencias religiosas y  el irremediable sentimiento de atracción que siente por un joven de su colegio. La adolescencia y los primeros amores, su asfixiante entorno familiar y la fuerte y ciega fe de María, sirven para modernizar el Via Crucis de Jesús casi 2000 años después. Con una firmeza absoluta a la hora de retratar los hechos, Brüggemann nos regala una obra densa que se ve agrandada por la otra gran osadía: la película de 107 minutos está filmada en solo 14 planos fijos, uno por cada estación. La acción se desarrolla delante de nuestros ojos en amplios planos donde la cámara está siempre donde tiene que estar. El director explica que esta elección corresponde a una manera de facilitar el rodaje, pero la complejidad técnica previa que supone cada escena, tanto por guion como por la elección del encuadre perfecto para obtener la visión completa de cada escena, pone en evidencia la pericia que  atesora este autor. Realmente el espectador tiene la impresión de estar  contemplando un cuadro en movimiento mientras seguimos el Camino de la Cruz de María. Aun así, existen en la película 3 movimientos de cámara, 3 movimientos que no son fruto del azar, ya que cada uno representa el cambio que frente a nosotros los protagonistas están viviendo: El cambio de la infancia a la adolescencia; de la vida a la muerte y de la Tierra ¿al cielo? Kreuzweg es arriesgada, compleja y trata con muy  buen “savoir-faire” un tema tan polémico. Sin duda alguna, una de las mejores películas del festival.

Kreuzweg

Kreuzweg

Y las casualidades han querido que la última película que haya podido ver de la Sección oficial sea, a la vez, la ganadora del Premio del Público del Festival, que si lo sumamos a que Party Girl se marchó de Cannes como Mejor ópera prima y Mejor reparto dentro de Un Certain Regard, obtenemos que el recorrido festivalero de esta obra no puede estar resultando más triunfal. La película está dirigida por Claire Burger, Marie Amachoukeli y Samuel Theis, que cuentan como experiencia previa el multipremiado cortometraje Forbach (lugar en la que nacieron Claire y Samuel) y, al igual que este cortometraje, toma su inspiración de la vida de Samuel Theis. Party Girl cuenta libremente la vida de su madre, en un ejercicio de cinema-verité poco común en nuestra época, ya que los actores no profesionales se interpretan a sí mismos en unos hechos que tuvieron realmente lugar. Conocemos a Angélique en la barra de un cabaret situado entre Alemania y Francia, los clientes abundan en el bar, pero ninguno se le acerca, intuimos que no es la primera vez que esto pasa. Esta mujer, que ni siquiera con el nacimiento de sus cuatro hijos abandonó el trabajo, hijos que crecieron en hogares de acogida mientras ella seguía viviendo su vida de la misma manera, se ve frente a una realidad: ya no sirve para este mundo. Por eso la decisión de abandonar todo para casarse con un cliente habitual quizás no sea su deseo, pero parece la única puerta abierta existente para afrontar la realidad y empezar de cero. Aunque parezca imposible si tenemos en cuenta los hechos y la cercanía emocional que supone para ellos la historia, la película carece de dos de las cosas que más enturbian este tipo de películas: Ni cae en el drama barato, ni juzga a su protagonista. A los autores no les interesa eso, no quieren crear un melodrama ni una película sobre el perdón, ni siquiera sobre la redención, sólo quieren mostrar el retrato de esta mujer fuera de lo común, esta mujer que siempre vivió la vida como quiso, exprimiendo al último hombre que paso por sus brazos, la última copa y el último cigarrillo.

Party girl

Party girl

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