Especial Mundial 2014: La final

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Götze

Deutschland über alles?

Alemania ha ganado su cuarto mundial, el primero bajo la actual forma de estado unificada. Momento ideal, al parecer, para desempolvar la máxima de Lineker, aquella que dice que el fútbol es una cosa muy sencilla en la que 22 tíos persiguen un balón durante 90 minutos para que, al final, siempre ganen los alemanes. ¿Es esto cierto? Bueno, pues es posible que no, pero lo que no se puede negar es que siempre revolotean en torno a la victoria. Junten a once maravillosos futbolistas o a una banda de mineros desempleados de la Ruhrgebiet, todas las generaciones de futbolistas alemanes desde la posguerra han conseguido o han estado cerca de ganar un campeonato mundial.

Y, claro, de ahí la máxima de Lineker y la leyenda. Pasos marcados. Das Wunder von Bern (El milagro de Berna, 2003) nos cuenta de un modo tremendamente idealizado cómo, en la final del mundial 54, nace la leyenda de la Alemania que se sobrepone a todo para luchar la victoria. Se nos presenta siempre a una Alemania débil que, tras ser humillada en primera ronda por la Hungría de los Magiares Mágicos, llega a la final y la gana aprovechándose de todos las circunstancias externas, legales (climatología adversa, campo impracticable y los famosos tacos desmontables de Adi Dassler) o paralegales (sustancias dopantes, lesiones causadas a los jugadores rivales). En definitiva, una astucia competitiva tal que le sirvió para remontar el temprano 2-0 inicial con goles de Helmuth Rahn (2) y Max Morlock. Pero la leyenda oculta cosas bajo el velo del relato, por ejemplo minimizando a una selección alemana que salió en el primer duelo contra Hungría con un once plagado de suplentes con la firme intención de esconder sus métodos.

Es por partidos como aquel de Berna en el 54 que Alemania siempre parte como el rival a batir. No hacia la historia, porque tanto la Hungría de Puskás, Kocsis o Czibor como la Holanda del fútbol total de Rinus Michels en el 74 salieron derrotadas y trascendieron casi con toda seguridad a un mayor nivel que Fritz Walter o el fútbol metalúrgico de Helmuth Schön. Como sin duda Messi inundará sin piedad el recuerdo de Philipp Lahm, Bastian Schweinsteiger, Thomas Müller y Miro Klose. La mística que envuelve a Alemania en un Mundial es mucho más cercana y conocida, se aleja de cualquier posible narración que se construya a partir de elementos abstractos o imaginados. Esto se trata de ganar partidos, de sacar cosas adelante antes de que el árbitro pite el final. No hay poesía en el esfuerzo diario ni épica en la fuerza de voluntad. Y de estas dos cosas, juraría que no hace falta decirlo, los alemanes van sobrados.

Por eso, quizá, es tan difícil hacer una gran película sobre fútbol, porque por mucho que nos guste fabularlo, es algo mucho más mundano, más tangible. Mientras esperamos a que ocurra, qué mejor película que la final de un mundial. Sin actores, director, productores o guionistas. O sí, quién sabe, pero precisamente ahí está la magia.

Hungría - RFA 1954

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