En otro país: L for Leisure

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L for leisure

L for Leisure y la comedia hipster.

Existe una comedia hipster a la que ya podemos dar forma, a la que le podemos abrir un expediente: con Girls como máximo exponente le siguen películas como Frances Ha, Tu dors Nicole, Tiny furniture o The perks of being a wallflower, mientras en el terreno nacional encontramos hitos como Animals o La tumba de Bruce Lee. Aparte de sus imaginario particular le siguen, a mi modo de verlo, un par de características que lo distinguen como subgénero: primero, la imposibilidad de una risa sincera, mezclándose en grandes dosis con un drama primermundista y concediéndonos la licencia de gestualizar apenas una tímida mueca que se mantendrá durante todo el visionado, sin sobresaltos. Y en segundo lugar, la constante y agridulce construcción de un asombro, tanto representada dentro del guión por sus propios protagonistas como arrojada a sus espectadores a experimentar desde las butacas, que se basa en una mística estrictamente sugestiva, con la radical alegación de que no hay nada detrás del gesto. Es un mirar al horizonte del bosque mientras ponemos un gesto pensativo, que nos hace enamorarnos más de nosotros mismos que de lo que contemplamos (la imposibilidad de huir del ego), mientras los teclados crean un crescendo de conmoción pseudoreligiosa. Una búsqueda que crea mofa, ya postmodernos conscientes del fracaso absoluto de cualquier trascendencia, pero de la que sus protagonistas y sus espectadores tipo son (somos) esclavos: es un cóctel armonioso entre el continuo intento de superación de las condiciones materiales del nerd (triunfar en la fiesta del baile que es cualquier espacio cotidiano laboral, familiar, etc) y del refugio último del intelectual de la dulce depresión. O sea, la imposibilidad de acumular algo que no sea una sucesión de tiempos perdidos.

L for leisure 2

Cuánto mejor logra L for Leisure ese dislate hipster si lo comparamos con alguno de esos referentes citados, que en ciertos casos pretenden con arrogancia, contarnos una historia. Sus protagonistas, unos upper blancos y lozanos mantienen en sus pieles tostadas de L.A. una perfecta sonrisa de american dream irónico, y mientras posan toman zumos vintage y cuestionan teorías sociológicas ante un atardecer anaranjado, absolutamente hortera. A mí si me preguntan, me parece que hay un límite de jerséys, sintetizadores, nostalgia de betacams, postales de Baywatch y demás materiales que puedes ver antes de empezar clamar a la importancia. Pero lo que logra crear la obra conjunta de Lev Kalman y Whitney Horn con esta composición instagramera (la burguesía es un estado psicológico) como de anuncio de GAP derivada del falso found footage grabado en el supuesto verano del 92-93 por parte de una pandilla de estudiantes ya algo mayores es una mixtura de sensaciones (y nada más) con imágenes icónicas y conversaciones ejercidas desde una falsa disfuncionalidad (algo así como el Generic Greeting de Squizopolis pero como de videoclip de 2011) mientras la memorabilia a la Melrose place pasta en un ejercicio visual contemplativo de juventud y hedonismo. Lo siento, pero Slim Whitman en The last days of disco ya lo hizo y mucho mejor.

Un experimento sugerente, sí, y también después de quince minutos una cosa aburridísima.

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