Críticas: Un plan perfecto (Amigos con hijos)

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Un plan perfecto

Corre, que se nos pasa el arroz.

La actriz Jennifer Westfeldt, a la que muchos recordarán como una de las protagonistas de Besando a Jessica Stein, trata de salirse de los cauces más tópicos de la comedia romántica en Un plan perfecto (Amigos con hijos), su ópera prima como directora. La intérprete, guionista y realizadora parte de una idea aparentemente original: una mujer y uno de sus mejores amigos, ambos en la treintena, deciden tener un hijo, aunque sin implicarse sentimentalmente y evitando los problemas que suele acarrear una relación de pareja más o menos convencional. El particular acuerdo incluye que cada uno pueda mantener relaciones sexuales con otras personas.

Lástima que las buenas intenciones y el deseo de ofrecer un producto distinto no den como resultado un filme tan innovador como pareciera. Por ejemplo, Mucho más que amigos, aquella comedia protagonizada por Jennifer Aniston y Paul Rudd, ya abordaba en cierta manera la historia de dos personas que tenían un hijo en común, aunque manteniendo una relación abierta. Quizá la gran diferencia entre ambas se encuentre en que la olvidada cinta de Nicholas Hytner la peculiar pareja estaba formada por una mujer heterosexual y un hombre gay, mientras que en la cinta de Westfeldt está protagonizada por dos personajes que se sienten atraídos por personas de distinto género.

Un plan perfecto 2

No obstante, dejando a un lado la supuesta originalidad del producto, Un plan perfecto (Amigos con hijos) parece aquejada de una cierta indefinición genérica y una desafortunada elección de los dos actores principales. El filme nunca logra ensamblar de manera natural los momentos más cómicos, un tanto escasos, con aquellos más dramáticos que pueblan la segunda parte del filme. A ello hay que sumar la escasa química que existe entre Adam Scott y la propia Jennifer Westfeldt, encargados de dar vida a la singular pareja protagonista. El primero nunca logra hacer creíble a su personaje de ligón empedernido, mientras que la segunda resulta verdaderamente antipática como esa mujer que no se ha recuperado de una antigua relación que duró bastantes años. Su deficiente trabajo interpretativo queda aún más patente cuando ambos se tienen que medir con los mucho más divertidos Maya Rudolph y Chris O’Dowd, que encarnan a un matrimonio amigo que se ama, aunque no pare de discutir.

A los defectos del filme hay que añadir la escasa consistencia que tienen  gran parte de los personajes secundarios, como la pasional pareja que interpretan  Kristen Wiig y Jon Hamm o los ligues de los protagonistas, papeles que recaen en los físicamente atractivos Edward Burns y Megan Fox.

En definitiva, Un plan perfecto (Amigos con hijos) es un largometraje fallido que fracasa tanto en el terreno de la comedia  romántica como en el drama y que acaba ofreciendo una inesperada loa a la familia más tradicional.

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