Críticas: Un largo viaje

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THE RAILWAY MAN

Regreso al río Kwai.

La construcción del denominado ‘Ferrocarril de la muerte’ a cargo de soldados británicos que habían sido apresados por las fuerzas japonesas durante la II Guerra Mundial es uno de los hechos de la contienda menos tratados en la gran pantalla. Hasta la fecha, la película más conocida sobre este terrible suceso es El puente sobre el río Kwai, una de las obras cumbres del director inglés David Lean. Con la elegancia característica del desaparecido cineasta, seguíamos los pasos de un grupo de soldados, comandados por un valiente coronel al que daba vida un espléndido Alec Guiness, que se negaba a construir el puente de ferrocarril que les obligaban a construir las tropas niponas en plena selva tailandesa.

El largometraje es, sin ninguna duda, un clásico del cine bélico y de aventuras que, sin embargo, no complació en exceso a algunos de sus verdaderos protagonistas de aquella tragedia. Eric Lomax, autor de un libro de memorias donde cuenta sus experiencias en aquel peculiar infierno, comentaba respecto al filme de Lean que “nunca había visto unos prisioneros de guerra tan bien alimentados”.

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El australiano Jonathan Teplitzky, autor de las poco conocidas Mejor que el sexo y El desquite, escoge el texto de este antiguo prisionero para enseñarnos el infierno que supuso la construcción del tren y las secuelas que tuvo en los que lograron salir con vida. Lomax era un ejemplo: un buen ingeniero al que costó bastante tiempo superar las torturas que sufrió durante el conflicto bélico a cargo de los japoneses. Con ayuda de su esposa, decidió enfrentarse a sus fantasmas personales viajando al lugar donde ocurrieron los terribles sucesos para reencontrarse con uno de sus torturadores.

El cineasta dirige con excesivo academicismo esta historia que tiene lugar años después del fin de la II Guerra Mundial, cuando el protagonista acababa de casarse, aunque incluya numerosos flashbacks que muestran las barbaridades a las que eran sometidos los británicos, obligados a trabajar como esclavos para construir las vías del tren.

Las cuidada fotografía de Garry Philips y la sensible banda sonora de David Hirschfelder parecen subrayar una y otra vez el tono dramático y solemne que se quiere dar a un filme que quizá necesitaba más alma y un envoltorio menos cuidado para lograr un verdadero impacto en el espectador. Todo resulta tan impecable y aburrido como esas aparentemente prestigiosas series de televisión que ocultan bajo su preciosista envoltorio su incapacidad para trasmitir verdaderas emociones. Por otra parte, los pasajes que se desarrollan en el pasado del personaje carecen de la fuerza y la convicción necesarias debido principalmente al deficiente trabajo de Jeremy Irvine, que no resulta convincente como Eric Lomax en su juventud.

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Por el contrario, la película, que ha participado en los festivales de San Sebastián y Toronto, alcanza ráfagas de intensidad gracias a la labor de los intérpretes maduros. Colin Firth logra conmover como ese hombre al que persiguen los fantasmas del pasado, mientras que Nicole Kidman encarna con sensibilidad a la mujer que trata de ayudar a su marido a superar sus traumas. Igualmente brillante resulta Stellan Skarsgård, espléndido en el papel de ese superviviente que aparentemente se ha sobrepuesto a las secuelas de su particular cautiverio.

En definitiva, Un largo viaje es un bienintencionado y correcto largometraje que no logra hacer olvidar El puente sobre el río Kwai, una cinta mucho más apasionante que la de Jonathan Teplitzky, aunque sea menos fiel a los hechos reales.

 

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