Críticas: Sabotage

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Sabotage

Arnie is back in town.

¿Quién espera que una película en la que Sam Worthington, Josh Holloway, Joe Manganiello o Terrence Howard pertenecen a un cuerpo de élite de la agencia antidroga norteamericana y son comandados por Arnold Schwarzenegger, no sea un cúmulo de testosterona y acción? Pues eso, ni más ni menos, es lo que ofrece y lo que da Sabotage, la última película del director David Ayer. Pero más allá de lo que se espera de ella, Sabotage no cae en típicos discursos patriótico-fascistas y ni tan siquiera en una sucesión de chistes zafios y machistas, aunque haberlos hailos. Más bien poco es el humor que destila la película de Ayer, un thriller oscuro cargado de suspense y acción dejando además sitio para el gore más salvaje. El ya mencionado equipo antidroga, formado por 8 soldados de élite y la mujer de uno de ellos, actúa contra un cártel de la droga en una operación en la que pierden a un hombre pero descubren un botín de 10 millones de dólares y deciden robarlo. El problema surge cuando ese dinero es a su vez robado a la pequeña familia que compone el equipo de Breacher (Schwarzenegger), quienes, al igual que los diez negritos de la novela homónima de Agatha Christie, acaban desconfiando los unos de los otros mientras uno a uno son asesinados con una brutalidad desmedida.

Sabotage 2

David Ayer no abandona la temática policial persistente en todas sus películas, introduciendo a varios cuerpos de seguridad además de la citada agencia antidroga, pero en esta ocasión no se centra en mostrar el funcionamiento o el día a día de los agentes que retrata como hiciera en otras ocasiones. Se trata aquí de utilizarlos como parte de la trama de un thriller puro y duro, sin prestar demasiada atención a los procedimientos que cada uno de ellos utiliza, bien para tratar de destapar la corrupción intuida en el grupo de Breacher o bien para averiguar quién está matando a sus miembros. Es por ello quizá la película menos realista de Ayer dentro de su afán por la autenticidad de lo que quiere reflejar con ellas, con la que realiza además una mezcla entre el cine de acción ochentero y los thrillers policíacos de los noventa, incluyendo escenas y situaciones que van desde heroicidades imposibles hasta unos personajes femeninos del todo irreales. Si ya se hace difícil ver algo de esa realidad que Ayer trataba de mostrar en Sin tregua en unos mercenarios metidos a policías que arrasan con todo lo que se les pone por delante, menos aún en los personajes de Mireille Enos y Olivia Williams, policía letal y marimacho que presume de adicción a las drogas duras y agente del FBI más preocupada por ligar con Arnold (¿en serio?) que por el caso que tiene entre manos respectivamente.

Sabotage 3

Sabotage es sucia, extremadamente violenta y carente de cualquier intento de llevar la historia hacia un punto psicológico e incluso de denuncia sobre la corrupción existente en los cuerpos de seguridad. No lo pretende ni se echa de menos en una cinta a la que de ninguna manera se puede tachar de aburrida, gracias al buen pulso de David Ayer para filmar la furia que desprenden sus historias y con el que nos regala secuencias tan dignas y tan bien montadas como la del descubrimiento de uno de los cadáveres en una cabaña. Por eso y por un elenco especialmente elegido para no dar un solo respiro al espectador, empezando por un Schwarzenegger serio, atormentado y asustado, muy alejado de los papeles en los que estamos acostumbrados a verle, hasta que llega el epílogo con el que Ayer parece querer hacer todo un homenaje al mito. Los últimos minutos de Sabotage sirven para que Arnold desate casi sin pronunciar palabra toda la socarronería y la chulería de siempre, las que esperan sus fans, las que sacan por fin una carcajada y unas irrefrenables ganas de aplaudir. El Chuache sigue en forma amigos.

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