Críticas: El amanecer del planeta de los simios

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DAWN OF THE PLANET OF THE APES

La mirada digital.

Con El Amanecer del Planeta de los Simios, Matt Reeves vuelve a reivindicarse con un brillante vehículo de ideas bajo el disfraz de un blockbuster atípico y sugerente. Un fenomenal ejemplo de excepción a aquello de “segundas partes nunca fueron buenas”.

Aunque partiendo de una base siempre humana en su fase de captura de movimientos, es cierto que la incursión de personajes generados por CGI y su progresiva importancia en el arco dramático de cierto mainstream hollywoodiense no es nueva. El Gollum al que Weta Digital y Andy Serkis dieron vida en Las Dos Torres (The Lord of the Rings: The Two Towers, Peter Jackson, 2002) y la posterior El Retorno del Rey (The Lord of the Rings: The Return of the King, Peter Jackson, 2003), vino a alumbrar las posibilidades que las nuevas técnicas en el campo del CGI brindaban a la hora de armar no solo meras y aborrecibles comparsas digitales, sino crear personajes con una mayor complejidad, auténticos robaplanos a un paso de superar el abismo del Uncany Valley. Avatar (2009), el aparatoso proyecto de James Cameron, debería haber sido la culminación de ese camino iniciado con el Gollum de Weta. Y aunque a nivel de perfeccionamiento técnico así fue, el escaparate tecnológico en el que se convirtió el proyecto terminó fagocitando las propias ínfulas artísticas de una película planteada como costosa demo audiovisual. Allí no estaba Andy Serkis, el actor invisible tras los píxeles de las criaturas digitales a las que ha prestado sus movimientos; pero si Weta, la empresa de efectos especiales que ha hecho tambalear a la mismísima Industrial Light & Magic. Dos nombres sin los que sería imposible entender, de un tiempo a esta parte, la evolución en el campo de los efectos especiales generados por ordenador.

El Amanecer del Planeta de los Simios 2

La involucración de Weta y Serkis en el intento de Fox por revitalizar una saga como El Planeta de los Simios a partir del personaje de César, el simio evolucionado genéticamente llamado a liderar las huestes de sus semejantes, no debería entonces sorprender a nadie. Lo que si resulta realmente sorprendente, tanto de El Orígen del Planeta de los Simios (Rise of the Planet of the Apes, Rupert Wyatt, 2011) como, sobre todo, de El Amanecer del Planeta de los Simios (Dawn of the Planet of the Apes, Matt Reeves, 2014), la continuación que ahora nos ocupa; es la reflexión autoconsciente que se erige, tras el punto y aparte que supuso la última película de James Cameron, en torno a la creciente importancia de personajes digitales en la nueva ficción. No sólo por la progresiva evolución protagónica de César entre ambas películas, sino también por la obviedad de estar ante un simio digital como protagonista, lo que, en una película que habla de un proceso evolutivo de dominado a dominador, remite a los propios orígenes de la humanidad.

Consciente de conocer de antemano el final de la historia, Matt Reeves se aferra a la exploración de estas ideas como si fuese la única condición autoimpuesta para hacerse cargo de un proyecto que le llegó de rebote. Liberándose de todo aquel elemento que pudiera hacer de lastre a la hora de articular su discurso, Reeves finiquita, de forma rápida y elegante, la propia condición de secuela al hacer una película que podría funcionar de manera completamente autónoma. El Amanecer del Planeta de los Simios es más una película interesada en el cómo que en el qué, apostando por plantear sus reflexiones desde una puesta en escena clásica, más que desde el texto. En parte porque nos encontramos con un personaje central que apenas ha comenzado a hablar. No es casual que el primer personaje con el que Reeves abre, en primerísimo plano, El Amanecer del Planeta de los Simios sea el propio César. En un quiebro de guión, la amenaza de una nueva batalla entre simios y humanos como la que cerraba su antecesora, se acaba por revelar en una estampa de pura supervivencia: la de una cacería en un bosque que ha recuperado el terreno arrebatado por el hombre. Un regreso a lo primigenio. Una vuelta a empezar.

El Amanecer del Planeta de los Simios 3

Para los simios digitales de la película de Matt Reeves ya no hay vuelta atrás. La humanidad, mermada y recluida en ciudades postapocalípticas tomadas por la naturaleza tras un mortífero virus, sin embargo, sigue supeditada a un modo de vida que ha dejado de existir. Sin energía, sin luz, el hombre contemporáneo parece abocado a la extinción. Cuando en un momento de la película, la corriente eléctrica generada por una presa devuelve la vida a los neones de una fantasmagórica gasolinera, oculta entre los árboles y la maleza, la imagen resultante es tan mágica, inquietante y fuera de lugar como aquel tranvía que en el Amanecer (Sunrise: A Song of Two Humans, 1927) de Murnau surgía de la nada, entre la espesura del bosque, para recoger a una pareja rota por un frustrado intento de asesinato. Una estampa tan irreal que revela, en el fondo, una quimera, un momento de felicidad tan efímera como el retorno de aquellos fantasmas encapsulados tras las pantallas digitales de tablets y cámaras de video. Recuerdos hipotecados por la dependencia tecnológica de un tiempo cuyo regreso se descubre imposible.

El Amanecer del Planeta de los Simios empieza y termina casi del mismo modo con el que se cerraba Avatar, el de una mirada digital abriéndose a un nuevo mundo. Los maduros ojos de César, sin embargo, permanecen abiertos, seguros de haber encontrado el equilibrio sobre ese camino que muchos antes empezaron a transitar. El simio ya está preparado para sustituir al hombre. O lo que es lo mismo: lo digital está listo para asaltar la fisicidad del mundo material.

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