Críticas: Dos vidas

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Projekt: "ZWEI LEBEN_TO LIV"

Nazis, espías y dramas familiares.

Sin recurrir a las masacres perpetradas en los campos de exterminio que habitan en la memoria colectiva, uno de los episodios más siniestros que tuvieron lugar dentro de todas las atrocidades llevadas a cabo por el régimen de la Alemania nazi, fue la creación por parte de Himmler de la Organización Lebensborn. El objetivo de dicha organización era el de preservar y expandir la raza aria dentro de toda la Europa ocupada por el ejército de Hitler, y para ello se crearon orfanatos y casas de acogida en los cuales se cuidaba a los bebés nacidos de padres arios en determinadas circunstancias, para criarlos en el desarrollo de la pureza de esa raza superior. Madres solteras y esposas de miembros de las SS fueron las primeras en sacrificar la educación y el cuidado de sus hijos por la causa pero más tarde, ya de lleno en la segunda guerra mundial, los niños que recaían en Lebensborn eran en su mayor parte hijos que los soldados alemanes habían tenido con mujeres de los países ocupados.

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El país donde más niños fueron apartados de sus madres para ser criados en la ideología nazi fue Noruega, un país que se resistió de manera menos subversiva que otros a la ocupación alemana y que, quizá gracias a eso, pudo devolver a la mayoría de los niños llevados a Alemania a sus familias. Pero no fue hasta después de la caída del muro de Berlín cuando se abrió un caso penal contra el estado noruego por haber permitido este tipo de adopciones, y de esta premisa parte Dos vidas, la nueva película del director alemán Georg Maas que codirige junto a Judith Kaufmann. El film, basado en la novela homónima de Hannelore Hippe y a su vez inspirada en un caso real, toma como punto de partida la investigación que un abogado comienza con respecto al caso de una de esas niñas de la guerra. Katrine vive tranquila en un pequeño pueblo de la costa de Noruega junto a su madre, su marido, su hija y su nieta, muy lejos ya de aquel centro alemán del que salió siendo adolescente para volver a reunirse con la mujer que le dio la vida. Pero mientras ésta está dispuesta a ayudar en todo momento a reabrir las heridas del pasado para poder curarlas definitivamente, Katrine se niega en redondo a colaborar abriendo con ello una caja de Pandora llena de secretos que hacen tambalear la vida de todos los que la rodean.

Dos vidas 3

La introducción del tema de los niños de Lebensborn sirve sin embargo en Dos vidas como excusa para convertirse en un thriller político de la Guerra Fría al estilo de las novelas de Frederick Forsyth o John Le Carré. El inicio de la investigación sobre los niños que fueron llevados a las casas cuna alemanas para perpetuar la raza aria, desemboca en una oscura trama de espionaje manejada por la Stasi de la antigua RDA, para quienes estos niños tenían un valor especial al poder utilizar su doble nacionalidad para sus fines. La película de Maas conjuga todos estos elementos, apoyada especialmente en el tono frío que adopta del cine escandinavo y al mismo tiempo tratando de mantener la tensión amparándose en la utilización de dos fotografías distintas pero igual de impecables y efectivas con respecto a las historias que se narran con ellas. Así, la pulcritud de la misma en las escenas que tienen lugar en el momento en el que sucede la película, contrasta con la suciedad y el grano que utiliza para los flashbacks, en ambos casos manteniendo el tono sombrío que la trama requiere. Pero esa perfección técnica no se corresponde por desgracia con una narración que, a pesar de saber mantener el suspense, no consigue atrapar al espectador ni en unas intrigas que a veces resultan demasiado dispersas ni en la identificación que intenta conseguir, a veces de manera demasiado descarada, con el ámbito familiar de la protagonista. A esto último contribuye muy especialmente un reparto poco convincente, en el que la única excepción es el grandísimo trabajo de la musa de Bergman, Liv Ullmann, capaz de expresar toda la amargura y la desconfianza de su personaje a través de su mirada. Se da incluso la circunstancia de que resulta más verosímil la actriz que da vida al personaje principal en su juventud que la propia Juliane Köhler, a pesar de su dilatada y habitualmente notable carrera.

Dos vidas es por tanto un thriller que de entrada tendría muchas posibilidades para convertirse en un clásico instantáneo del suspense político, pero al que su intento de condensar una trama de espionaje con el vergonzante pasado nazi y con un drama familiar en sólo 97 minutos, sin ahondar demasiado en ninguna de las tres, lo reduce a un mero esbozo de dos de los muchos capítulos terribles que se vivieron en Alemania durante el siglo XX sin ofrecer ningún aliciente extra para conseguir el impacto deseable.

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