Sitges 2014: Premi honorific Rob Zombie

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Rob Zombie

“Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. O, adscribiéndonos al contexto, lo que es lo mismo: “Si Rob Zombie no va a Sitges, Sitges va a Rob Zombie”. La alusión a las palabras de Francis Bacon que abren este texto no son algo casual. Primero porque para el fan festivalero del cine de terror, Zombie se ha convertido en una referencia ineludible. Segundo porque ha sido el propio Festival de Sitges, con Ángel Sala a la cabeza, el que, desde siempre, ha reivindicado con apasionado entusiasmo la figura del director de The Lords of Salem (2012). Y tercero porque ha tenido que ser el propio festival el que ha debido de ir al encuentro del cineasta, músico, dibujante y escritor, aprovechando, eso sí, su visita a la ciudad condal, donde acudía para celebrar un concierto en el marco de su gira mundial. Ha sido este sábado pasado donde, sin ir más lejos, el propio Sala no desaprovechaba la ocasión para auspiciar nuevamente a Zombie a los altares del género, a la vez que reivindicaba su figura como uno de los autores más importantes del actual panorama norteamericano. Lo hacía en un acto adelantado de la próxima edición del Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya Sitges 2014, celebrado en la sala 5 de unos Multicines Aribau atestado de metaleros y fieles seguidores al cine visceral del director norteamericano. Allí estaban el propio Rob Zombie y Sheri Moon Zombie, su mujer e inseparable musa en toda la trayectoria fílmica del cineasta, para recoger el Gran Premio Honorífico y la María Honorifica, respectivamente, de este Sitges 2014.

La consolidación de un cineasta que apuesta fuerte por el cine de género como Rob Zombie, tiene mucho que agradecerle al empuje de festivales como Sitges. Por el certamen catalán han pasado todas sus propuestas y se ha podido constatar la evolución artística de un provocador nato. Más allá de la búsqueda de los orígenes del mal a través del viaje a una Norteamérica primaria poblada de rednecks, el cine de Zombie parece erigirse en un sorprendente ensayo sobre la violencia dispuesto, ante todo, a violentar el ojo del espectador. A partir de la forma, de la áspera confrontación de texturas, violentos movimientos de cámara y obscenos primeros planos, pero también desde un fondo inmoral y políticamente incorrecto. El cine de Rob Zombie busca repeler, repugnar y hacerse insoportable volviendo la vista a una época (los 70) y unos referentes (el cine de serie B, el cine del Nuevo Hollywood…) capaz de subvertirlos sin que le tiemble el pulso.

En ese sentido no pudieron escoger mejor ejemplo que Los Renegados del Diablo, como muestra de la señas de identidad de un director del que, quizás, no pueda compartir las entusiastas palabras de Sala, pero cuya arrolladora personalidad resulta incuestionable. Y ojo, porque según las propias palabras del director durante la tanda de preguntas, su próxima película apunta a un nuevo viaje desquiciante y amoral lleno de malsana violencia. Nosotros ya nos vamos preparando.

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