Masterclass de Laurent Cantet

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Masterclass Laurent Cantet - Cinema ad hoc

Repasamos la trayectoria del director de La clase con motivo de su visita a Madrid.

El pasado viernes 20 de junio tuvo lugar un encuentro abierto del cineasta francés Laurent Cantet con el público que se acercó a la Cineteca de Madrid. Con motivo del tardío estreno en España de su penúltimo trabajo, Foxfire: Confesiones de una banda de chicas (2012), Cantet repasó una filmografía jalonada de títulos tan importantes como Recursos humanos (1999) o La clase (2008), con la que alzó la Palma de Oro en Cannes. El evento, además, estuvo moderado por Manuel Martín Cuenca (Caníbal, Malas temporadas), circunstancia que permitió la reunión de dos de los directores europeos actuales más estimulantes. Este último comenzó declarándose admirador de la obra del francés, del que aseguró que trata de aprender cosas nuevas en cada película.

En el acto, Cantet desmenuzó algunas de las claves de su filmografía. El rodaje en digital de sus últimas cintas, asegura, permite que la relación entre la cámara y los actores sea mucho más transparente, hecho que cobra mayor relevancia al tratarse de un director que suele apostar por actores no profesionales. Las aportaciones que hacen a sus guiones son constantes, intenta otorgarles voz en lugar de obligarles a doblegarse ante los textos. La clase es el título en el que más potenció esta característica, que comienza por la improvisación en los propios ensayos y sigue con la planificación en función de lo que cuenta y del carácter de los intérpretes. También apuesta por proponer a los actores temas tangenciales a la escena e ir introduciéndolos poco a poco en el guión. Pero recuerda que el uso del formato no significa que en ninguna de sus películas, ni siquiera en la mentada, busque reconstruir una verdad absoluta ni total, sino un concepto aproximado de ella. A su acercamiento le ayuda contar con un montador que ejerce de coguionista y es íntimo amigo suyo –Robin Campillo, autor de Les revenants (2004)–, con el que se entiende sin apenas hablar. Aunque también asegura que jamás ha logrado salvar en la sala de montaje una escena que no le gustara previamente, por lo que dudó entre risas de su valía profesional.

La clase fue el título que le permitió llegar a más gente, incluso a personas totalmente alejadas del cine de autores europeos. Sin ir más lejos, Martín Cuenca recalcó que a su sobrina le había encantado la película. Pero antes de su gran éxito Cantet ya contaba con una carrera laureada, a pesar de haber rodado únicamente tres películas y un telefilm. En Hacia el sur, por ejemplo, contó con la presencia protagonista de Charlotte Rampling, quien tuvo que atravesar un proceso de desprofesionalización que la obligó a estar atenta y guiar al joven haitiano que le daba la réplica. Aunque, llegando a la obra que presenta ahora, Foxfire, tuvo que transformar ligeramente alguno de esos preceptos. Al recrear una época pasada en un país lejano, quiso demostrar la falta de necesidad de adoptar el estilo vacuo al que se refiere como “americano”, desprendiéndose de la influencia de títulos que mitifican a los Estados Unidos para basarse en documentales y películas desconocidas de corte más realista.

Masterclass Laurent Cantet (2) - Cinema ad hoc

Uno de los motivos sobre los que gira su carrera cinematográfica es la adaptación al espacio. Esto no sólo se plasma a nivel formal, con el director pasando mucho tiempo tratando de encontrar el sitio justo para ambientar su acción, sino que Cantet centra a todos sus personajes en la búsqueda de un lugar en el mundo frente al conformismo que emana de la comodidad que parece impuesta. La lucha sindical de Recursos humanos, la adopción de una identidad ficticia en El empleo del tiempo o la ruptura social de la banda femenina de Foxfire tienen en común la indagación de sus personajes en los límites de su espacio vital frente a las incongruencias del ser humano.

Otro de sus preceptos habituales es tomar como punto de partida obras literarias –en Foxfire se trata de la novela homónima de Joyce Carol Oates–, hecho que reconoce chocante en un cineasta que otorga tanta libertad a sus narrativas. Por eso apuesta por centrarse en rescatar el carácter flotante de los libros en los que se basa al escribir un guión, dando como resultado películas que dejan muchos aspectos en el aire en detrimento de la rigidez de las novelas de origen. Cantet es siempre consciente de que de este modo se arriesga a que alguien pueda malinterpretar lo que realmente quiere decir, hecho al que ya se ha tenido que enfrentar en varios de sus trabajos, pero también asegura que prefiere asumir este riesgo antes que parecer situado constantemente encima del espectador.

Plantea su trayectoria con el mismo carácter abierto que impregna sus películas. Al igual que intenta dejar claro a sus actores no profesionales que no por el hecho de trabajar una vez en el cine van a acabar dedicándose a ello –aunque existan casos como el de Jalil Lespert, cuya magistral interpretación en Recursos humanos acabó siendo el germen de una carrera como actor y director de títulos como la reciente Yves Saint Laurent–, Cantet rueda cada película sin pensar en la que irá después. Cree que es necesario un tiempo para digerir cada proceso de realización, y que cualquier inspiración puede servirle como punto de partida: hojear una novela o un artículo que le despierten algo suele ser la antesala de sus proyectos cinematográficos. De hecho, no se considera cinéfilo ni cree que sus fuentes principales sean películas. Aunque no niega que autores como Rossellini o Renoir figuren en su imaginario, cree que están muertos hace tiempo y su cine vivo, por lo que se resiste a encasillar sus filmes en influencias remotas. Tampoco desea obligarse a seguir rodando por el mero hecho de contar con un público más o menos fiel que lo convierta en rentable para las productoras. La figura y el discurso de Laurent Cantet, desde luego, transmiten valores similares a los que se respiran en su obra.

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