Festival de cine alemán 2014: Otra Heimat (Epílogo)

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Otra Heimat

El sueño de Humboldt.

Heimat, en alemán, significa patria. Edgar Reitz ideó Schabbach, un pueblo imaginario a través del cual pretende relatar, a su manera, la historia reciente de Alemania. El fruto de este esfuerzo colosal es la muy celebrada (pero casi desconocida en nuestras latitudes) trilogía de Heimat, que animo a degustar capítulo a capítulo. Algo menos de una década después de la tercera entrega, Reitz nos brinda una precuela de la serie.

El título, Die Andere Heimat – Chronik einer Sehnsucht (Otra Heimat – crónica de una visión) nos habla de ‘otra’ patria. Una patria distinta a la Heimat de la trilogía, podríamos pensar, ya que en esta ocasión se aborda la Alemania en embrión del siglo XIX, y no del XX. Pero yo intuyo una lectura más profunda del adjetivo “otra”, apoyándome en el título completo de la cinta. Y es que la película es la crónica de una visión. Una visión idealizada y realista, por decirlo de algún modo. Historia íntima y emocional; global, simbólica y, por supuesto, subjetiva. Realismo mágico, histórico y teutón, si se me permite la etiqueta.

El plano histórico es correcto (derechos o abusos feudales, hambre, emigración a un Brasil más soñado que cierto, revolución –social e industrial–, razón, romanticismo, etnografía), pero yo me quedo con el plano personal: la relación entre los dos protagonistas, Jakob y Jettchen, es maravillosa. La concepción de ambos personajes es pura poesía. La primera vez que se encuentran, ella está desnuda; en la primera cita, ella no puede controlar la diarrea que le ha provocado el exceso de mosto. Él, que carece de habilidades sociales, se expresa mágicamente con el idioma de los indios. Su relación es un soplo de aire fresco para el corsé histórico alemán del siglo XIX. Ellos son la espina dorsal de la película.

Otra Heimat 2

Nada más empezar la proyección, se advierte un cuidado exquisito (quizás, excesivo) en la puesta en escena, el atrezo, el vestuario, los encuadres, la fotografía… Los movimientos de cámara, la coreografía de los habitantes de Schabbach, todo está pensado y bien medido. Me costó, inicialmente, acostumbrarme a la verdad de un artefacto tan planificado. No es fácil combinar la pulcritud de lo simbólico con los charcos de barro de la historia.

Abundan los diálogos escritos con mano dorada de guionista. Diálogos del tipo:

  • – Si pudieras volar, ¿adónde irías?
  • – Al pueblo de mi infancia.
  • – ¡Para eso no hace falta volar!
  • – A mi edad, sí.

También abundan las frases en cursiva. Frases del tipo: “Las religiones han sido inventadas por el diablo para sembrar entre los hombres la discordia.”

En este pueblo de Edgar Reitz, el símbolo y el mito acechan a la vuelta de la esquina. La empresa, de entrada, es admirable. Y, aunque el conjunto sea un tanto irregular, el resultado me ha dejado satisfecho. Béla Tarr, y muy especialmente su monumental Sátántangó, es referencia obligada. Por ambición, propuesta estética, intenciones y tono, pese a que en Tarr el humor queda desterrado mientras que en Reitz aflora con frecuencia. El director húngaro, en mi opinión, aun yendo más despacio, llega algo más lejos. Hay quien advierte cierta afinidad con el rodar de Terrence Malick. Yo, sinceramente, no veo más que un parecido leve al retratar algún paisaje natural. La obra de Reitz es de otra especie, me atrevería a decir que es de otro continente. Sus puntos en común no pasan de ser superficiales.

Otra Heimat 3

A lo largo de las más de tres horas y media de película, rodada en un impecable blanco y negro, el director ofrece varios fragmentos de color: no fotogramas ni secuencias al completo, sólo objetos especiales: una pared, una moneda, la piedra del abuelo (no soy experto en minerales, pero quiero pensar que se trata de un ágata de Brasil, para que todo encaje, una vez más, en la película), la bandera, las flores diminutas en el prado… El goteo de objetos de color está sembrado por todo el recorrido de la cinta. Y es una buena metáfora de ella. Puesto que, más allá del plano histórico, de los conflictos religiosos o sociales, de los estragos de la enfermedad, del hambre y de la emigración, de lo esquemáticos e incluso bufos (el hijo del Conde o el padre de Jakob) que resultan varios personajes, de algunas frases quizás fuera de tiempo y de lugar… más allá, digo, de sus posibles defectos, encuentro en la visión de Reitz, destellos de excelente poesía.

En un momento determinado, la abuela le dice a Jakob Simon que tenga cuidado con sus sueños, no vaya a ser que acaben por cumplirse. La frase produjo en mí cierta inquietud. No en vano Jakob es un joven soñador empedernido, lleno de encanto e ilusiones literarias y científicas. ¿Qué puede haber de malo en que se realicen los sueños de alguien como él? ¿Qué pretende transmitirnos el octogenario Edgar Reitz con esa línea de guion? Tal vez, mirando atrás, la historia de Alemania sea la respuesta.

2 Responses to Festival de cine alemán 2014: Otra Heimat (Epílogo)

  1. Mary Gondra dice:

    “OTRA HEIMAT, Cronica de una vision” de Edgar Reitz
    Puedo decir con mucho entusiasmo que se trata de una monumental obra de Edgar Reitz filmada en un soberbio blanco y negro, que relata la vida de unas familias en un pueblo alemán, llamado Schabbach, tratando de reponerse de los estragos de las guerras napoleónicas y que los obliga a vivir en una gran pobreza. La mayoría no sabe leer ni escribir, salvo Jacob Simon, miembro de una de las familias, que se va a convertir en la protagonista de este relato. Jakob, uno de los hijos, tiene un enorme interés en aprender todo lo relativo al Nuevo Mundo, por lo cual debe luchar contra el desacuerdo de su padre, que desea que lo ayude en el trabajo de la herreria y del campo.
    La religión está muy presente y el respeto por los padres, abuelos y demas miembros de la familia, es sagrado.

    Gustav, el hijo mayor, vuelve de su servicio en el ejercito y el grupo comienza a hacerse mas unido. El despertar sexual, la amistad, los bailes y pequeñas diversiones afloran, hasta que Gustav tiene amores con una amiga de Jakob y finalmente debe casarse con ella, con disgusto de éste último.
    Dadas las dificultades de una vida de pobreza, inclemencia del tiempo para el trabajo del campo y la salud bastante difícil, sobre todo para los niños, la idea de la expatriación a un lugar donde los rayos del sol calienten mas, donde el trabajo sea quizas mas facil, está siempre presente. Pasado un tiempo Gustav y su esposa deciden viajar a Brasil. Esta es la parte psicológica difícil para Jakob, ya que al enterarse del proyecto que había sido por mucho tiempo el propio, tiene una gran pelea con su hermano, reclamándole haberle quitado todo lo que el deseaba, la esposa y la idea de expatriación. Jakob es el preferido de su madre y se tratan con enorme
    cariño y respeto. Era inconcebible por lo tanto que Jakob pudiese realizar su sueño de ir a Brasil, ya que eso significaría dejar solos y sin ayuda a sus
    padres ya mayores. El abandono de los padres era algo que no se podia hacer en vida de ellos. Este es el duro golpe que Jakob debe soportar. El siente que se queda siempre con poco, salvo su cultura que crece día a día, comenzando a comunicarse con Berlin, intercambiando con autoridades de esa ciudad todo lo que había aprendido y que se encuentran enormemente interesados con su cultura, hasta que un dia recibe una carta nada menos que de Alexander von Humbold , cientifico estudioso de los temas étnicos y propiciando los viajes al Nuevo Mundo. Manifiesta en su carta el deseo de
    que Jakob Simon, considerado por el un científico valioso, no deje su patria..

    La película es grandiosa en cuanto a los planos estupendos del campo, las tormentas de nieve, las plantaciones, el río, las fiestas del pueblo, El blanco y negro es algo realmente maravilloso que acompaña a esta historia como algo inevitable, destacando todas los momentos difíciles por los que tienen que pasar.
    La música está presente como también la naturalidad con que todos toman la vida y la muerte como algo que no se discute, sino que se acepta como sea.

    Considero que es una gran película con una mise-en-scene espléndida que representa muy bien la época.

    Es una obra que emociona y recomiendo vivamente.
    MaryGondra

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