Festival de cine alemán 2014: Día 4

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Göhte

El humor también existe en Alemania.

El cine alemán mira hacia su pasado en esta penúltima jornada de la decimosexta edición del festival que se está celebrando estos días en Madrid, y lo hace desde tres perspectivas diferentes en las películas que hemos visto hoy. Sólo una de ellas evoca un tiempo anterior, mientras que en las otras dos los fantasmas del nazismo y el totalitarismo sobrevuelan en forma de herencia cultural por un lado y por otro como recursos humorísticos no exentos de valentía.

No sin pocos problemas técnicos en los que con una copia de muy dudosa calidad que se paraba cada dos por tres durante toda la sesión, y alguno que otro humano a quien se ha tenido que reprender en varias ocasiones por la incapacidad de algunos de sentarse a ver una película en silencio, hemos empezado la jornada de hoy con Ummah – Entre amigos, otra ópera prima en este caso de Cüneyt Kaya. Algo así como “somos lo que el pasado ha hecho de nosotros” le dice Daniel, el protagonista de la película a la grabadora en la que confía sus pensamientos más íntimos. Un pasado, el alemán, del que todavía queda algún resquicio en las maneras arrogantes y racistas de la policía y el servicio secreto al que pertenece Daniel, el cual después de una misión fallida en la que ha acabado con la vida de dos sospechosos debe refugiarse en un piso de un barrio turco de Berlín. Allí pronto traba amistad con miembros de la comunidad islámica, que le abren sus puertas y sus brazos en muestra de amistad y tolerancia, con algún que otro recelo inicial, pocas veces vista en películas que abordan el tema de la diferencia cultural. Los rechazos más vehementes sin embargo, son los que se sufren por parte de las autoridades berlinesas hacia los musulmanes a quienes no tienen ningún problema en detener cada cierto tiempo sin motivo aparente, e incluso por parte de los jefes de Daniel que le instan a espiar a sus vecinos a cambio de guardar silencio sobre su desafortunado incidente. Más que una película sobre el abuso de poder y la corrupción existente en las distintas fuerzas de autoridad germanas, Ummah – Entre amigos se erige como un canto a la tolerancia y a la convivencia entre distintas culturas pero lo hace de una manera bastante simplista y condescendiente hacia la sociedad islámica en detrimento de los alemanes. Y no es que se eche en falta en absoluto una nueva criminalización de los árabes, pero da la impresión de que no se puede contar una historia de coexistencia multicultural sin tener que recurrir a la intolerancia de alguna de las partes reflejadas, ni al aplauso sistemático de acciones de dudosa moralidad por el hecho de producirse en el bando que el cineasta considera correcto.

Ummah - Entre amigos

Ummah – Entre amigos

No negaremos que asistíamos con miedo a la siguiente película del día, una comedia definida como la Bad Teacher alemana con el bonito título de Fack ju Göhte (Jódete Goethe plagado de faltas de ortografía). Pero para nuestra sorpresa, no sólo nos hemos reído bastante sino que además esta vez sí ha sido con la película y no de ella. La historia es sencilla dentro del absurdo planteamiento de este tipo de films: un ex convicto busca el botín que escondió antes de entrar a prisión y descubre que está enterrado debajo de un instituto. Por esas casualidades que en toda comedia deben existir, acaba contratado como profesor sustituto para hacerse cargo del grupo de los marginados rebeldes que han conseguido que su anterior profesora acabase tirándose por la ventana. Sus maneras toscas chocan con las muy ñoñas de otra de las profesoras, pero consiguen poner en vereda a la clase por las mañanas mientras por las noches se dedica a buscar su dinero. Es cierto que es una cinta que toca todos los tópicos habidos y por haber del género, mezclando comedia romántica con tintes de screwball, comedia adolescente o el slapstick más burdo y zafio, y que su comienzo no presagia nada bueno. Sin embargo, una vez que el argumento se centra en el colegio la película va hacia arriba destilando humor, con diferentes grados de hilaridad eso sí, que la hacen tremendamente efectiva. Porque Fack ju Göethe no da ni más ni menos que lo que ofrece, y eso ya es bastante, aparte de constatar un hecho insólito hasta ahora en el cine alemán que es el de reírse de manera abierta y sin complejos de su pasado nazi. Ahí es nada.

Fack ju Goehte

Fack ju Goehte

Al pasado también regresa Banklady, la nueva película de Christian Alvart, que se basa en unos hechos reales acontecidos a finales de los años 60 en Hamburgo que tuvieron como protagonista a la primera mujer que se dedicó a robar bancos en Alemania. Gisela Werler, una hastiada trabajadora de una fábrica de papel pintado, da un giro a su vida cuando un amigo de su novio la introduce en el atraco de bancos. La emoción de ese primer atraco la induce a querer continuar con ello al mismo tiempo que desarrolla un sentimiento de amor-dependencia enfermizo hacia su mentor, creándose así un personaje de una complejidad extrema en la que reside toda la carga dramática de la película. Es sin embargo la puesta en escena de los atracos en la que utiliza recursos como la pantalla partida para dotar de dinamismo a las andanzas de Gisela y Peter, lo mejor de una película que a pesar de ser más que correcta en su conjunto, peca de no saber aprovechar el evidente simbolismo de la liberación sexual de la mujer que en aquellos años estaba en plena efervescencia. Alvart prefiere dar más importancia a la relación tormentosa entre los dos atracadores y descuida un mejor desarrollo en la persecución policial, que resulta demasiado grotesca para el tono sobrio y realista que tiene el resto de la historia, dentro eso sí de una ambientación histórica rebosante de colorido y con una estética pop acorde con la época. Una revisión a la alemana de la leyenda de Bonnie & Clyde, a la que hay que agradecer la agilidad de su narración que al menos no aburre en las casi dos horas que dura la película. Con un final totalmente irrisorio, por muy basado que esté en hechos reales.

Banklady

Banklady

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