Especial Mundial 2014: Grupo D

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Costa Rica 2

Silvia Barba, Haneke y Costa Rica.

Típica pachanga navideña en el Bernabéu: una mezcla de ex futbolistas y faranduleros se miden a una selección de viejas glorias de todo el mundo, con la excusa de acabar todos en el Txistu con prostitutas random bajo la mesa. Sí, está Suker, y Enrique Ponce, claro, y algún actor famoso, también; muy probablemente el andaluz ése que hacía de portero en Aquí no hay quien viva. Cuando todo acaba, Silvia Barba o algún otro titán de las entrevistas a pie de campo corre a buscar a ese actor, y la pregunta es clara, tú sabías que iba a hacerla, ella sabía que tú esperabas esa pregunta, y por eso no arriesga y la hace: qué es más difícil, actuar o jugar al fútbol. Ya te ha hilado Silvia las dos disciplinas, ahí, en un trazo. Está obsesión hilvanadora sigue vigente, nunca acabará. Si algún día juega ese partido Grande Marlaska, le preguntarán si es más difícil meter un pase al hueco o mandar a un violador a la cárcel. Es como si todo formara parte de una macroencuesta del INE que nunca tendrá fin, que tendrán que continuar nuestros nietos, y cuyas conclusiones serán publicadas dentro de 200 años o más en un auditorio grande al que irán políticos importantes, con un power point que tendrá por título ‘Qué es más difícil’.

Éste puede ser fácilmente el artículo más difícil de toda mi vida, porque sin el Murcia de por medio, yo sólo he hecho un paralelismo claro en toda mi vida entre fútbol y cine: con El séptimo continente, de Haneke. Quedé tan impresionado por esta película que tuve que infantilizar el recuerdo que me dejó, como un burdo mecanismo de defensa, como un recurso desesperado de adolescente miedoso. Me apoyé entonces en el fútbol, y me sirvió. Así, cuando le hablo a alguien sobre esta película, yo realmente estoy hablando de fútbol. Y si tuviera que volver a contarla, diría que en el primer tiempo la familia protagonista no arriesga, sabe que la prioridad es no encajar goles; es un partido aburrido pero bajo control. Se llega empate al descanso, y crees incluso que la victoria es posible. Comienza la segunda parte, y de repente hay un momento crítico: a los pocos minutos se miran todos a la cara y se dan cuenta de que se la trae floja el partido. Eso es durísimo. Se miran y dicen: para qué, si nos da igual, si nos van a terminar eliminando antes o después; si es que incluso aunque ganemos el Mundial, no nos importa. Entonces aparecen los fallos de marcaje, la desconcentración, el colapso, los goles en propia puerta… La segunda parte es el Madrid en Dortmund. Cuando acaba la peli, o sea, el partido, estás bastante tocado, aunque sólo seas espectador neutral. Y de camino a casa te repites una y otra vez: después de esto necesito ver partidos de Costa Rica un buen tiempo; sólo partidos de Costa Rica durante un tiempo; sólo partidos de equipos que bailen cuando marquen goles, al menos durante un tiempo; sólo partidos de equipos que quieran ganar siempre, durante un tiempo al menos.

Luis María Valero

Grupo D

 

 

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