En otro país: Finding Vivian Maier

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Finding Vivian Maier

©Vivian Maier/Maloof ©Ravine Pictures, LLC 2013

Finding Vivian Maier: el retrato de cómo nació la última gran fotógrafa.

A su paso por Edimburgo y Londres en festivales recientes, la sensación encontrada con documentales como Searching for Sugarman o The Imposter volvía a instalarse en todo el cuerpo desde la retina gracias a un título: Finding Vivian Maier. Este trabajo, dirigido a cuatro manos entre John Maloof y Charlie Siskel, de nuevo presenta una biografía de un modo peculiar y haciendo especial énfasis en el trabajo periodístico y casi detectivesco de contar una historia, más que secreta, escondida.

Escondida y empolvada entre recortes de periódicos y cajas de fruta, en un viejo almacén donde alguien dispuso todos sus bienes tras su muerte. Ése es el punto de partida de John Maloof, un joven fotógrafo y cineasta que sin saber muy bien a qué juego jugaba, encontró un tesoro por 380 dólares. Por ese módico precio, el chicagüense adquirió en una subasta una caja con negativos viejos, unos encuadres e iluminaciones que lo fascinaron y lo llevaron a abandonar su idea de usarlos para un libro de historia que tenía entre manos. Al instante, el tiempo se congeló en un esfuerzo por traer a la vida y al reconocimiento el ojo autor de esos disparos, un ojo que sólo unos años atrás se había cerrado para siempre.

De misterio a obsesión, la obra de esta fotógrafa se convirtió en un trabajo de investigación arduo e intenso, un recorrido que es precisamente la línea argumental de Finding Vivian Maier. Porque, y de nuevo apelando a Searching for Sugarman (Malik Bendjelloul), aunque el objeto sea la gran joya de ambos títulos, lo cierto es que Maloof y Siskel consiguen retratar la forma de una obsesión. “Me quedé de piedra cuando vi que teníamos unas 100.000 fotografías y encima cientos de horas de audio y vídeo en Super 8. El material era como una montaña de pruebas, a lo que se unían papeles y todo tipo de objetos que ella coleccionaba. Por ello era muy importante rodar esas pruebas como si se tratara de un lugar de excavación arqueológica, es la principal metáfora de la película: la historia de detectives y de descubrimiento de esta artista increíble”, nos contaba Charlie Siskel a tenor de la proyección del documental en el londinense Open City Docs Fest.

©Vivian Maier/Maloof ©Ravine Pictures, LLC 2013

©Vivian Maier/Maloof ©Ravine Pictures, LLC 2013

Además de ser un verdadero cuaderno de bitácora –que va de Francia a Nueva York y a otras localidades estadounidenses–, la necesidad de redimirse lleva a Maloof a plantarse ante la cámara y a presentarse como el segundo personaje de la cinta, que se convierte en un mano a mano entre Maier y quienes quieren conocerla. Aunque las preguntas que se formula el director no tendrán nunca una respuesta de Maier, lo cierto es que en todo momento late un respeto por la artista en colisión con un morbo amarillento que indaga en la intimidad solitaria de esta artista hoy reconocida internacionalmente.

“La película captura los aspectos centrales de la historia de Maier, su descubrimiento y la historia de su doble vida: privada como artista y pública como niñera. Los aspectos más oscuros de su pasado son una pequeña porción de la historia, de ninguna manera ensombrecen el resto. Nunca nos interesó explorar cada rincón oscuro de su vida, tan sólo lo que es interesante y lo que echa luz sobre su vida, lo que nos enseña algo. Y lo que esto nos enseña es cómo es la vida de un artista. No es romántica. Maier trabajó sin descanso día tras día durante años y décadas creando su obra. Y lo hizo sin reconocimiento, luchando contra todo y contra todos”, explica Siskel.

Y sin embargo, este puzzle propio de Agatha Christie no podía tener un personaje mejor: una niñera con acento francés nacida en Nueva York, que viste con ropa vintage y camina de un modo extraño, con gestos duros y un cuerpo grande que casi no cabe en su dormitorio por un exceso de chismes cercano a un síndrome de Diógenes. Todavía hoy muchos recuerdan lo peculiar de su persona, lo poco que se relacionaba con otros. Incluso pueden imitarla todavía aquellos niños que crecieron con ella, y que hoy adultos juntan los cabos en entrevistas llenas de dureza y compasión, para escribir una biografía de alguien que sin duda vio la incongruencia de la vida. En los abusados y los marginados posó su objetivo, buscando un retrato de la fealdad de la vida, cuya belleza es la de inspirar al ojo que hoy la mira.

Finding Vivian Maier 3

©Vivian Maier/Maloof ©Ravine Pictures, LLC 2013

El propio Siskel reconoce que no tuvieron que ir muy lejos para encontrar el tono del documental, sencillo, evocador y con un montaje lleno de tensión y humor: “Queríamos que la película fuera bella y poética del mismo modo que lo es el trabajo de Maier. No es un biopic, es una película de misterio, de detectives, como montarse en una montaña rusa. Por ello la música y las imágenes tenían que evocar estos temas: lo que significa ser artista, la memoria, los problemas de clase y la naturaleza misma del documental”.

Las contradicciones y los cambios de frío a calor son constantes en Finding Vivian Maier, es difícil perder el interés por la historia. Sin embargo, es cómo está narrada lo que hará que ni siquiera conocer de antemano la trama la haga menos atractiva. Los matices infectan este documental, en el notable esfuerzo de Siskel y Maloof de no conformarse con un tesoro que habla solo. Guiados por el fantasma Maier, los directores van mucho más allá de esta persona que era muchas a la vez, y llegan tejiendo testimonios y misterios a una reflexión sobre el arte y el artista. “Dedicamos más de tres años a la película, y el trabajo de archivo comenzó mucho antes –describe Siskel–. Me fascina la historia y las reacciones de la gente. Algunos idealizan la idea del arte por el arte, sugiriendo que Maier se mantuvo en el anonimato porque quiso y que no quiso ser reconocida  públicamente porque quería ser ‘más pura’ que el resto de nosotros. Y aunque es interesante, no creo que eso sea del todo cierto. El hecho de que así sucediera no significa que fuera lo que ella quiso. De hecho, hizo algunos intentos para mostrar su trabajo, aunque se encontró con demasiados escollos: costes, logísticas, miedo al rechazo. De cualquier modo, este hecho no hace que su historia sea menos heroica. Ella no buscaba sentimentalismos: quería hacer su trabajo, y ahí es donde reside su heroísmo”.

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