Críticas: La pantalla herida

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La pantalla herida

La crisis del cine español desde dentro.

Que el cine español está en crisis es algo que desde todos los ámbitos de la industria se viene oyendo desde hace décadas. No es sólo un problema de la actual crisis económica en la que nos hayamos inmersos, hay cuestiones de fondo que vienen desde muy lejos que impiden ya no sólo que la gente acuda a las salas a ver cine producido en nuestro país, sino que éste sea reconocido y aplaudido por el público al que va dirigido. Un mal, el de nuestro cine, que pasa por un concepto de gremio en el que, curiosamente, se dan cita muchos de ellos sin que entre sí tengan una comunicación que logre subsanar los problemas que aquejan a la industria cinematográfica española, y es por ello por lo que el cortometrajista Luis María Ferrández se ha embarcado en la búsqueda de la solución a la crisis del cine español con su primer largometraje documental, La pantalla herida.

Ferrández convoca a figuras del cine español de varios ámbitos, para debatir entre ellos y analizar las causas, las consecuencias y las posibles soluciones a ese mal momento que lleva sufriendo la industria desde hace muchos años. Productores, exhibidores, directores, actores, guionistas y un largo etcétera de profesionales del mundo audiovisual, se sientan frente a frente en distintas salas de cine abriendo coloquios de los que Ferrández es testigo. Se rompe así con el estatismo de los colectivos del mundo cinematográfico, planteando aspectos que no sólo incumben a las caras visibles del mismo, sino que van desde la decisión institucional de subvencionar y decidir qué películas son las que tienen el favor de las productoras o televisiones para poderse llevar a cabo, hasta el fin último de las mismas que es el calado en el espectador. Cuestiones como qué ha llevado al cine español a estar tan denostado por su público, las sempiternas discusiones sobre la piratería o la educación cinematográfica desde una base primaria, si la necesidad de la industria de renovarse pasa por las nuevas formas de financiación como el crowfunding o si el discurso político de algunos actores ha sido determinante para el poco apoyo que recibe por parte de los gobernantes, suscitan opiniones y teorías entre todos ellos que en su práctica totalidad acaban siendo homogéneas tanto en su percepción sobre ellas como en las soluciones a aplicar.

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Y es ahí precisamente donde se percibe una falta de diversidad en los discursos con la que se puedan aportar otros puntos de vista. Es cierto que hay aspectos en los que hay desacuerdos entre unos colectivos y otros, sobre todo en lo que se refiere a cifras, pero por lo general asistimos como espectadores a debates ya abiertos anteriormente, que no por ser francamente interesantes nos acaban dejando con la misma sensación de siempre de saber a todo lo que nos enfrentamos, pero de no ser capaces de aportar ninguna solución tangible a muchos de los problemas que existen en la industria cinematográfica española. No es que La pantalla herida no sea un documental con vocación de remover el modelo existente actualmente en el audiovisual español, que lo es y mucho cuando introduce temas tan controvertidos como el “amiguismo”, la aceptación de la compra de entradas por parte de las productoras o quién decide si un guión sale adelante o no, cuestiones éstas puestas sobre la mesa nada menos que por la actual directora general del ICAA Susana de la Sierra. Se trata más bien de que no ofrece opiniones contrapuestas que puedan generar un debate aun más abierto e interesante. Se echa en falta por ejemplo la presencia de críticos de cine a la hora de afrontar la calidad del cine que se hace en España, y también por supuesto la opinión de los espectadores que, desde una posición más desinteresada, puedan arrojar más luz sobre la escasa taquilla que hace nuestro cine (es importante recalcar que este documental se hizo poco antes del fenómeno de Ocho apellidos vascos).

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No obstante, La pantalla herida no deja de ser un paso más y, por qué no decirlo, necesario hacia la búsqueda de soluciones a los problemas que aquejan al sector audiovisual en España, en el que por primera vez se acude a la comunicación entre los distintos gremios del mismo. Una película que efectivamente habrá a quien le pueda levantar ampollas dentro de la industria, pero que en definitiva no es más que la exposición por parte de los miembros del sector de los hechos constatados que hacen que nuestro cine no consiga el reconocimiento y el apoyo que se merece. Un cine por el que todos los que aparecen en el documental aseguran que siguen, y seguirán, apostando y creando porque como dice Gil Parrondo en un momento del mismo, por encima de todo su vida está en el cine.

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