Nocturna 2014: Día 1

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Comienza la segunda edición de Nocturna.

No abandonamos los festivales de cine en Cinema Ad Hoc, y tras el glamour de Cannes nos sumergimos sin descanso en la segunda edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid Nocturna. Una edición que se ha presentado esta mañana a los medios por parte de sus responsables Luis Rosales y José Luis Alemán, para quienes tras la gran acogida que tuvo su nacimiento el año pasado, les ha sido mucho más fácil acceder este año a títulos muy interesantes, a pesar de haber tenido que descartar muchos otros por el miedo de algunas distribuidoras internacionales a la piratería en España. El festival, financiado 100% con capital privado, tiene este año sin embargo un presupuesto menor al anterior, pero cuenta con una programación más heterogénea incidiendo en títulos más indies dentro del género, aspecto que Rosales y Alemán confirman que quieren potenciar y convertir en seña de identidad de Nocturna. Arrancamos pues esta edición de Nocturna con el miedo de no poder ver todo lo que tenemos que ver, a falta de una recuperación de las películas ganadoras el último día. Habrá que arriesgarse.

La película que ha abierto la primera jornada de Nocturna ha sido precisamente un film de la sección Panorama fuera de competición. Desde Alemania nos llega The Station, un híbrido entre La Cosa y La Mosca, que cuenta como unos científicos destacados a un glaciar encuentran por casualidad un organismo en su superficie que se introduce en un cuerpo y muta dentro de él, creando unos monstruos sedientos de sangre. La película, a la que se le presupone un bajísimo presupuesto dado el nivel de efectos especiales, fundamentalmente en cuanto a los monstruos mutantes se refiere, parte de una premisa no por desarrollada en títulos como los ya mencionados, menos atrayente. Pero el terror se convierte gradualmente en risas al toparnos con situaciones y personajes que van recorriendo un camino desde lo patético a lo directamente delirante. Impagable esa ministra calcada a Angela Merkel pateando bichos y ejerciendo de cirujana, y que no es otra que la mismísima madre del director de la cinta Marvin Kren. The Station no pasará a los anales de la cinematografía, pero desde luego nos ha hecho pasar un muy buen rato.

The Station

The Station

No tan bien lo hemos pasado con la segunda película del día, la primera de una sección a competición, en este caso de la sección Dark Visions. Como ya os contamos el año pasado, y no hemos parado de repetir en los artículos previos a este, la sección Dark Visions fue nuestra favorita al incluir en ella propuestas más transgresoras y con un estilo indie, que van más allá del género fantástico convencional. Es por ello que esperábamos con ansia poder comprobar si esta edición nos traía sorpresas tan agradables como las que vivimos el año pasado con esta sección, pero la sorpresa nos la hemos llevado, para mal, con la primera incursión en ella: la norteamericana Fractured. Dirigida por Adam Gierasch y protagonizada por el televisivo Callum Blue, Fractured nos presenta a Dylan, un cocinero de vida monótona que de repente empieza a tener episodios en los que pierde la noción del tiempo y en los que sufre de visiones de mujeres ensangrentadas que le persiguen. Pero Dylan no es en realidad quien dice ser, salió de un coma sin recordar quien era y adoptó una identidad que le permitiera comenzar de cero, y creyendo que sus visiones forman parte de su pasado, viaja hasta Nueva Orleans para descubrir quién es de verdad. Durante el primer tercio de la película realmente hay momentos en los que creemos estar ante un thriller intenso y terrorífico, con un toque además a lo Twin Peaks apoyado por una banda sonora que en los créditos recuerda al Badalamenti más puro. Desgraciadamente la película se va por derroteros que nada tienen que ver con Lynch, su banda sonora decae en el sonido del erotismo más, digamos cutre, de los años 80 y con el que subraya precisamente esos momentos subiditos de tono y que provocan más vergüenza ajena que excitación, y que combina con momentos épicos en los que el protagonista es consciente de su misión en la vida. Fractured no es más que una mezcla de géneros mal desarrollada y por momentos aburrida, algo imperdonable en un festival como Nocturna.

Fractured

Fractured

Como colofón a nuestro primer día, y a la vez sirviendo de inauguración del festival, había ganas de ver el nuevo trabajo de Terry Gilliam. The Zero Theorem es puro Gilliam para bien y para mal, vuelve a mostrarnos una sociedad fría pero colorista a la vez, en la que los hombres están sujetos a una forma de vida milimétricamente estructurada cual cadena de montaje. Dentro de esa sociedad, se halla un especimen solitario, huraño y misántropo que sólo ansía poder trabajar desde su casa, una vieja iglesia abandonada, para evitar cualquier contacto con el exterior y a la espera de una llamada que no llega. The Zero Theorem habla de la soledad, de las sociedades deshumanizadas y sobre todo de la búsqueda del sentido de la vida, bajo el imaginario visual caótico característico de Gilliam. Pero esta vez el director lleva su mundo a un exceso aún mayor, y parece olvidar el desarrollo de sus ideas a favor de ese mismo barroquismo visual. El estilo único y reconocible del británico alcanza en The Zero Theorem sus cotas más altas pero nos deja en algunos momentos con la misma sensación de vacío que tiene su protagonista, se echa de menos al Gilliam más mordaz en sus diálogos que extraiga todo el jugo que se le podría sacar a la premisa de la que parte. Sin duda lo mejor de la película es el disfrute interpretativo de todos y cada uno de los actores que la componen, desde un Christoph Waltz que nos regala un personaje muy distinto de lo que habitualmente suele hacer, hasta una hilarante Tilda Swinton, quien parece haberle cogido el gusto a los disfraces y a las dentaduras postizas. Quizá esperábamos un resultado más sorprendente del director de Doce monos, y como cuando se espera mucho, nos ha dejado un sabor agridulce y poco convincente.

The Zero Theorem

The Zero Theorem

 

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